Tamaño de texto-+=
Compartir:
Las gafas inteligentes podrían cambiar el concepto que tenemos de los planes en pareja. Foto: Tima Miroshnichenko (Pexels)

Hay 216 millones de personas utilizando gafas de realidad virtual o aumentada en todo el mundo. Y lo curioso es que algunos no lo hacen solo en casa ante un videojuego, sino que cada vez son más quienes las llevan puestas en espacios públicos.

2026. En una terraza de una cafetería céntrica, el ruido de las tazas de café se mezcla con un silencio que resulta extraño. Hay dos jóvenes sentados frente a frente, pero no se miran entre ellos ni están pendientes del móvil.

En lugar de eso, llevan puestos accesorios que hace solo dos años parecían sacados de una película de ciencia ficción: uno luce unas Apple Vision Pro y el otro unas Meta Quest 3S. Llamativas, poco disimuladas e imposibles de confundirse con unas gafas de sol, para ellos parece ser un complemento más.

No es que hayan perdido el juicio: están trabajando, jugando juntos o, simplemente, usando un filtro para que el ruido y el tráfico de la calle desaparezcan de su vista. Son gafas de realidad virtual o aumentada y, cada vez con más frecuencia, han pasado de los hogares y espacios especializados a las calles y entornos públicos más cotidianos.

Así, el mercado de la computación espacial, valorado en 179.520 millones de dólares en 2025, alcanzará los 1.250 millones para 2035, de acuerdo con un informe de Cervicorn Consulting publicado en Linkedin. Una tendencia al alza que ya es palpable para los fabricantes, quienes confirman que el volumen de envíos de estos dispositivos crece a un ritmo superior al 40% anual.

Las cifras de la era “cyborg”.

El verdadero punto de inflexión llegó cuando los primeros modelos se asentaron. Tras el debut de las Apple Vision Pro con aquel precio prohibitivo de 3.499 dólares, el mercado se ajustó.

Aunque surgieron como dispositivos de uso doméstico, cada vez es más común ver a personas con gafas de realidad aumentada o mixta en entornos públicos, como la calle. Foto: Eren Li (Pexels)

 

Los datos de la consultora IDC confirman que Apple logró distribuir 45.000 unidades en el último trimestre de 2025. Una cifra que desmonta las predicciones de algunos analistas de Mashable quienes, llegaron a calificar el dispositivo de “tecnología muerta” y a proyectar cifras mucho menos contundentes.

Mientras tanto, Meta ha decidido apostar por la accesibilidad. Aunque la compañía de Mark Zuckerberg ha subido el precio de sus Meta Quest 3S a 349,99 dólares por el modelo de 128 GB, se mantiene como el líder indiscutible del sector, controlando el 62 % de la cuota de mercado de gafas inteligentes.

El crecimiento es, por tanto, innegable. Según el informe ‘Virtual Reality Statistics 2026: Users & Trends’ de Demand Sage, hay más de 171 millones de personas en el mundo que utilizan la realidad virtual. Si añadimos también la realidad aumentada, la cifra global de usuarios que combinan ambas tecnologías asciende hasta los 216 millones.

Aun así, conviene moderar las expectativas. Francisco Jeronimo, vicepresidente de datos en IDC, señaló en su muro de Linkedin que “todas estas ideas de que la realidad aumentada y la realidad virtual reemplazarían a los teléfonos inteligentes no han sucedido” y llegó a afirmar que “nunca ocurrirá”.

¿Glamur futurista o privación visual?.

La estética se ha convertido en el gran campo de batalla. En 2026, usar un visor en público sigue cargado de prejuicios. Y es que “hay algo en el visor que todavía se siente demasiado ostentoso, es como ‘no quiero llamar la atención de forma indebida mientras trabajo’”, admitía un analista de AppleInsider tras probarlo diariamente durante un año.

El debate se centra en la mirada. Apple intentó suavizar el aislamiento con EyeSight, una pantalla externa que proyectaba los ojos del usuario. Pero a esto se suma la decepción de quienes buscaban mayor ligereza: hay modelos que han añadido 200 gramos de peso debido a una diadema reforzada con inserciones de tungsteno.

Y así, mientras los cascos más voluminosos intentan hacerse un hueco en el día a día, un competidor más discreto se ha alzado: las gafas inteligentes… Pero esas que parecen, efectivamente, gafas. Así, la alianza entre Meta y Ray-Ban ha sido un éxito rotundo, alcanzando los 2 millones de unidades vendidas entre octubre de 2023 y febrero de 2025.
La nueva apuesta, las Meta Ray-Ban Display, integra una pantalla a todo color en la lente derecha y se controla con la Meta Neural Band, una pulsera que convierte los impulsos eléctricos de los músculos de la muñeca en comandos digitales.

Como apunta un reciente informe de tendencias de YORD Studio, este formato triunfa porque los dispositivos de realidad extendida (XR) han cambiado de estrategia: ahora son más ligeros, van más a la moda y son bastante más accesibles.

El futuro está por verse… O por virtualizarse.

Sin embargo, el uso de estos aparatos en la vía pública ha vuelto a poner sobre la mesa el eterno debate en torno a la privacidad. La tecnología XR, al fin y al cabo, necesita recopilar y procesar datos constantes no solo del usuario, sino de todo el entorno que lo rodea.

Ante esto, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya ha trazado una hoja de ruta para que los legisladores garanticen una tecnología inmersiva responsable, poniendo especial énfasis en la protección de los menores en estos entornos virtuales.

Si este tipo de accesorios logran ser más ergonómicos, no será tan raro verlos en la barra del bar. Foto: Mikhail Nilov (Pexels)

 

Pero no todo es recelo. También hay visiones optimistas que apuestan por la integración comunitaria. Organizaciones como UN-Habitat, por ejemplo, ya utilizan la realidad mixta para fomentar la participación ciudadana: gracias a ella, los vecinos pueden experimentar y rediseñar sus propios barrios, participando en el urbanismo del futuro desde la propia calle.

Mientras tanto, para los sociólogos y expertos, y para muchos usuarios, las dudas son inevitables: ¿son estas gafas el nuevo símbolo de estatus, tal como fueron los AirPods en su momento, o estamos ante el paso definitivo hacia una sociedad más aislada y distópica? Sea como sea, parece que estos dispositivos han venido para quedarse.

¿Se imaginan una realidad donde alguien use gafas de MR para hacer la compra? Quizá no sea un futuro tan lejano… Foto: Pollianna Bonnett (Pexels)

 

Porque la realidad mixta ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en un hecho cotidiano. Tal y como ocurrió con la llegada de los teléfonos móviles en los noventa o con la fiebre de los auriculares inalámbricos hace una década, la sociedad se encuentra ahora en un punto de inflexión, planteando, paso a paso, las nuevas normas de etiqueta.
Y mientras tanto, en aquella cafetería de una gran capital, los dos jóvenes siguen gesticulando con sus gafas ocultando la mirada, redefiniendo, para bien o para mal, lo qué significa estar “juntos”.
Por Nora Cifuentes.
EFE / Reportajes,

Compartir: