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Un miembro del personal, con bata protectora, toma la temperatura de un visitante como medida preventiva contra el ébola en el Instituto Nacional de Investigación Biomédica (NIRB) en Goma, Kivu del Norte, República Democrática del Congo, el 19 de mayo de 2026. EFE/EPA/MARIE JEANNE MUNYERENKANA

rus Bundibugyo, responsable del actual brote en la República Democrática del Congo, es menos conocido que otras variantes del ébola. No existen fármacos específicos ni vacunas para combatirlo.

La enfermedad por el virus del Ébola es muy grave, a menudo mortal. Hasta la fecha, se han identificado seis especies de este virus: Zaire, Sudán, Bundibugyo, Bosque de Tai, Reston y Bombali. Está última se descubrió en Bombali (Sierra Leona) en 2018 en murciélagos. La cepa Reston, propia de Asia, afecta únicamente a los animales. De la del Bosque de Tai sólo se ha identificado un caso en humanos, el de una científica que se contagió en Costa de Marfil en 1994 mientras realizaba una necropsia a un chimpancé infectado.

En cambio, las cepas Zaire, Sudán y Bundibugyo sí pueden causar grandes brotes. La cepa Zaire provocó el mayor brote registrado, que afectó principalmente a Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona entre 2014 y 2016 y que se saldó con unos 28.000 casos y más de 11.300 fallecidos. De hecho, la cepa Zaire es la responsable de la mayoría de los brotes. Existen tratamientos y vacunas contra ella, pero no contra el resto de cepas del ébola.

El actual brote, con epicentro en la República Democrática del Congo, corresponde a la cepa Bundibugyo, para la que no hay vacuna ni tratamiento específico. “Es sólo la tercera vez en la historia que se produce un brote de ébola Bundibugyo. Esto significa que mientras para la cepa Zaire hay tratamientos y vacunas, no hay nada para este brote. No hay tratamientos, no hay vacunas y la capacidad de testeo es muy limitada”, recalca Trish Newport, responsable de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF).

Los dos brotes anteriores producidos por esta cepa ocurrieron en Uganda en 2007 y en la República Democrática del Congo en 2012 y su tasa de letalidad osciló entre el 30% y el 50%. El brote de 2012 ocurrió entre el 17 de agosto y el 26 de noviembre y tuvo 59 casos (38 confirmados y 21 probables), entre los que hubo 34 fallecimientos.

En el actual brote, declarado el pasado 15 de mayo, los casos ya se cuentan por centenares. Los primeros se dieron en la provincia de Ituri, una zona asolada por la violencia de grupos armados y con grandes movimientos de población debido al conflicto. En este contexto, el brote pasó desapercibido durante más de un mes y cuando se detectó, el número de casos ya era elevado.

Un miembro del personal de la organización no gubernamental AGIR-RDC, que promueve el acceso a la atención médica, muestra un cartel con información sobre las medidas preventivas contra el ébola en Goma, Kivu del Norte, República Democrática del Congo, el 20 de mayo de 2026. EFE/EPA/MARIE JEANNE MUNYERENKANA

Además, Ituri es una provincia fronteriza (limita con Uganda y Sudán del Sur). Actualmente, se están investigando fallecimientos con síntomas compatibles en la provincia de Ituri y en la de Kivu del Norte, la provincia aledaña, que limita con Uganda y con Ruanda. En Uganda también se declaró el 15 de mayo el brote por enfermedad del Ébola tras la confirmación de dos casos en Kampala en personas que viajaron desde la República Democrática del Congo sin aparente vínculo epidemiológico entre ellas.

“Este brote es extremadamente preocupante”, manifiesta Trish Newport. La responsable de emergencias de Médicos Sin Fronteras explica que el equipo de esta organización que lleva a cabo un proyecto de atención quirúrgica en la Clínica Salama en Bunia (capital de Ituri) identificó varios casos sospechosos y los envió al Hospital de Bunia para que pudieran ser aislados. Pero su área de aislamiento ya estaba llena y no tenían más sitio. También recurrieron a otros centros sanitarios, pero todos ellos estaban repletos de casos sospechosos. Newport señala que este ejemplo puede hacernos ver “lo caótico que es todo ahora mismo” sobre el terreno.

El rastreo de casos sospechosos para cortar las cadenas de transmisión es una tarea ardua, dadas las condiciones de la zona. El aislamiento de casos sospechosos y la práctica de entierros seguros son dos medidas importantes para frenar los contagios.

El ébola es una zoonosis, es decir, una enfermedad que procede de los animales. Los seres humanos pueden infectarse si entran en contacto con “órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados como murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes o puercoespines hallados enfermos o muertos en la selva”, detalla la Organización Mundial de la Salud.

Una persona puede infectarse a través de las mucosas o de lesiones en la piel por contacto con sangre o líquidos corporales de personas enfermas o fallecidas por ébola o bien con objetos o superficies contaminados por líquidos o secreciones corporales (como sangre, heces y vómitos) de un enfermo de ébola o de alguien que haya fallecido a causa de esta enfermedad.

“Las personas no transmiten el virus mientras no presenten síntomas y siguen siendo infecciosas mientras haya virus en su sangre”, destaca la OMS. En este sentido, señala que en las ceremonias funerarias que implican contacto directo con cadáveres también se puede producir transmisión del ébola.

Entre el momento de la infección y la aparición de los síntomas pueden transcurrir entre dos y 21 días. Los primeros, que pueden darse de manera repentina, son fiebre, cansancio, malestar general, dolores musculares, dolor de cabeza y dolor de garganta. Van seguidos de vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas y signos de deterioro de las funciones renal y hepática.

Una empleada de la organización no gubernamental AGIR-RDC lleva mascarilla mientras se lava las manos antes de entrar en su oficina como medida preventiva contra el ébola, en Goma, Kivu del Norte, República Democrática del Congo. EFE/EPA/MARIE JEANNE MUNYERENKANA

“Pese a la percepción generalizada, las hemorragias no son un síntoma tan frecuente y pueden aparecer en fases más avanzadas de la enfermedad. Algunos pacientes pueden presentar hemorragias internas y externas, por ejemplo, sangre en el vómito o en las heces y sangrado por la nariz, las encías y la vagina. También puede producirse sangrado en los puntos donde se haya perforado la piel con agujas”, detalla la OMS. Además, la afectación del sistema nervioso central puede provocar confusión, irritabilidad y agresividad.
“El virus del Ébola combina dos elementos que le hacen particularmente letal para los humanos: se replica rápidamente y afecta desde el principio al sistema inmune, de modo que le resulta muy difícil responder a la infección”, manifiestan los especialistas de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM).

Ante la ausencia de tratamientos farmacológicos, la atención a los enfermos de la cepa Bandibugyo busca mantener las funciones de los órganos a la espera de que el sistema inmune pueda eliminar la infección. La OMS señala que la atención de soporte debe centrarse en corregir las pérdidas de líquidos debidas a vómitos y diarrea, prevenir y manejar la reducción del volumen de sangre en el cuerpo y corregir las alteraciones electrolíticas. “La reposición de líquidos debe administrase por vía oral o intravenosa, según la gravedad clínica y los recursos disponibles”, apunta esta entidad.

“El diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno son determinantes clave de la supervivencia, mientras que una carga viral elevada, la deshidratación grave y la disfunción orgánica avanzada se asocian con peores desenlaces”, concluye.
Purificación León EFE-REPORTAJES

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