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La fotoprotección sigue siendo imprescindible tras el tratamiento, especialmente durante los meses de mayor radiación solar. Foto cedida por Prolific People

Si hace unos años el ácido hialurónico o los estimuladores de colágeno concentraban buena parte del interés como tratamiento del verano, ahora son los polinucleótidos los que despiertan mayor curiosidad. Su promesa no pasa por modificar el rostro ni aportar volumen, sino por mejorar la calidad de la piel desde el interior mediante la estimulación de sus propios mecanismos de reparación.

 

El llamado “efecto buena cara” que buscan cada vez más pacientes, unido a una medicina estética que apuesta por resultados discretos y naturales, ha convertido este procedimiento en uno de los más solicitados antes del verano. La doctora Mar Mira, médico estético referente con más de 40 años de trayectoria y experta en medicina estética sin huella, explica a Efe las claves del tratamiento.
Un procedimiento que no se trata de un tratamiento milagroso ni inmediato, sino de una técnica cuyo éxito reside precisamente en su capacidad para regenerar la piel de forma progresiva.

Huevas de salmón, su inesperado origen.

La medicina estética vive una transformación silenciosa. Frente a los tratamientos destinados a rellenar arrugas o modificar volúmenes, cada vez ganan más terreno aquellos que mejoran la calidad biológica de la piel. Su mecanismo de acción no consiste en rellenar ni tensar de forma artificial, sino en activar los propios procesos regenerativos del organismo.

“Los polinucleótidos son cadenas de fragmentos de ADN altamente purificados, generalmente obtenidos de huevas de salmón y sometidos a procesos que garantizan su seguridad y biocompatibilidad”, explica la doctora Mar Mira.

“Se infiltran en la piel con el objetivo de estimular sus mecanismos naturales de reparación y mejorar de forma progresiva su calidad. Su acción es principalmente bioestimuladora: crean un entorno favorable para la actividad de los fibroblastos, las células responsables de producir colágeno, elastina y otros componentes fundamentales de la matriz extracelular”, señala.

Además de favorecer la producción de colágeno, estos compuestos “contribuyen a mejorar la hidratación del tejido gracias a su capacidad para captar agua, y pueden ejercer un efecto antioxidante y modulador de la inflamación”. Por ello, lejos de modificar la expresión facial, buscan recuperar una piel más luminosa, uniforme, hidratada y elástica.

El objetivo no es cambiar el rostro, sino mejorar la piel.

La popularidad de los polinucleótidos responde también a un cambio de mentalidad entre los pacientes. Cada vez son más quienes buscan verse descansados sin que el tratamiento resulte evidente.

El contorno de los ojos, el cuello y el escote son algunas de las zonas donde más se utilizan. Foto cedida por Prolific People

 

“Su función no es recuperar volúmenes ni aportar soporte estructural, sino mejorar la calidad biológica de la piel y potenciar sus mecanismos naturales de regeneración”, aclara la especialista.

Este matiz resulta importante porque los polinucleótidos no sustituyen a otros procedimientos cuando existe una pérdida importante de volumen o flacidez. “No corrigen bolsas grasas marcadas, flacidez importante, pérdidas significativas de volumen ni alteraciones estructurales del rostro”, advierte.

Por ello insiste en que “no se trata de aplicar polinucleótidos porque estén de moda, sino porque la piel realmente pueda beneficiarse de ese estímulo bioestimulador”.

Los candidatos ideales para los polinucleótidos.

Aunque suelen asociarse a pacientes maduros, la realidad es que su indicación es mucho más amplia. “Están especialmente indicados en pacientes con piel fina, deshidratada, apagada, poco elástica o con signos iniciales de envejecimiento”, explica Mar Mira.

También ofrecen buenos resultados en zonas especialmente delicadas. “Resultan especialmente útiles en el contorno de los ojos, donde pueden ayudar a mejorar su calidad, hidratación y elasticidad, suavizando el aspecto de cansancio asociado a una piel más fina y propensa a marcar arrugas”.

La doctora Mar Mira recomienda iniciar el tratamiento varias semanas antes del verano para obtener resultados progresivos. Foto cedida por Pablo Paniagua

Además del rostro, pueden aplicarse sobre cuello, escote y manos, donde ayudan a recuperar luminosidad, elasticidad y textura. La doctora también los recomienda en pieles fotoenvejecidas o sometidas durante años a la radiación solar y al estrés ambiental.
“Son una opción muy interesante en pieles fotoenvejecidas, con elastosis solar o expuestas de forma prolongada al estrés ambiental, así como en aquellas que presentan una menor capacidad de reparación”, añade.

Uno de los motivos por los que se han convertido en tendencia es que pueden realizarse antes de la época estival. “Antes del verano puede ser una muy buena opción para preparar la piel de cara a una mayor exposición al sol, al calor, al cloro o al aire acondicionado, ya que contribuye a mejorar su capacidad de hidratación y reparación.”

Sin embargo, la especialista insiste en desmontar una idea muy extendida. “No es un tratamiento que deba realizarse el día antes de un evento o de unas vacaciones esperando un resultado inmediato. Su acción es gradual y requiere varias sesiones para que la piel responda de forma óptima.”

Lo recomendable es comenzar el protocolo con suficiente antelación para que la bioestimulación haga efecto y desaparezcan pequeños hematomas o inflamaciones derivados de las infiltraciones. Tampoco considera que sea un procedimiento exclusivo del verano.
“También tiene una excelente indicación después del verano, cuando la piel suele encontrarse más deshidratada, apagada o castigada por la exposición solar. No lo considero un tratamiento estacional, sino una herramienta de bioestimulación que puede incorporarse en distintos momentos del año.”

¿Cada cuánto hay que repetirlo?

A diferencia de otros tratamientos estéticos, los polinucleótidos no responden a calendarios cerrados. “Habitualmente se realiza un protocolo inicial de dos o tres sesiones, separadas entre dos y tres semanas”.

Después, añade, “puede plantearse un mantenimiento cada cuatro o seis meses, aunque la frecuencia dependerá siempre del estado de la piel y de las necesidades de cada paciente”.

En pieles muy dañadas, fotoenvejecidas o extremadamente finas puede ser necesario intensificar las sesiones. “No se trata de repetir las sesiones de forma automática. El mantenimiento debe responder al diagnóstico, a la evolución de la piel y a la persistencia de una indicación real”.

Otra de las ventajas de esta técnica es su capacidad para complementar otros procedimientos. Mira explica que pueden utilizarse junto a láseres, radiofrecuencia o ‘microneedling’ con el objetivo de acelerar la reparación del tejido y optimizar los resultados.
Esta combinación responde a una tendencia creciente dentro de la medicina estética: sumar técnicas regenerativas en lugar de buscar cambios radicales mediante un único procedimiento.

Una de las dudas más frecuentes es si el calor supone una contraindicación. La respuesta es no, aunque con matices. “Los polinucleótidos pueden aplicarse durante el verano porque, por sí mismos, no son un tratamiento fotosensibilizante”.
No obstante, recuerda que, al tratarse de infiltraciones, “es habitual que durante las primeras horas o días aparezcan pequeñas pápulas, enrojecimiento, una ligera inflamación o algún hematoma”. Por ello recomienda “extremar la fotoprotección para evitar que una inflamación o un hematoma puedan pigmentarse con la exposición solar”.

El contorno de los ojos, el cuello y el escote son algunas de las zonas donde más se utilizan. Foto cedida por Prolific People

Durante las primeras 24 o 48 horas aconseja evitar “la exposición directa al sol, el calor intenso, la sauna, el ejercicio físico vigoroso, las piscinas y los baños en el mar”, además de no manipular la zona tratada.

También existen situaciones en las que el tratamiento debe posponerse. “No lo realizaría sobre una piel quemada por el sol, irritada o con una dermatitis activa, ni si existe un herpes, una infección o cualquier proceso inflamatorio en la zona”.
Por prudencia, tampoco recomienda su aplicación durante el embarazo, la lactancia o en determinadas enfermedades autoinmunes descompensadas.

Una tendencia que refleja hacia dónde avanza la medicina estética.
La popularidad de los polinucleótidos evidencia un cambio profundo en el sector. Cada vez se buscan menos transformaciones evidentes y más tratamientos capaces de preservar la calidad de la piel respetando los rasgos.
En ese contexto, la bioestimulación se consolida como una de las grandes protagonistas de la medicina estética actual: una estrategia basada en estimular los recursos naturales del organismo para conseguir resultados progresivos, discretos y duraderos.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

 

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