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Comer en compañía de otras personas fomenta que comamos entre un 10 y un 25 % más que si estuviéramos solos. Foto: Drazen Zigic/Freepik.

El refrán español que afirma que “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”, en alusión a la alineación de actitudes, hábitos y modos de pensar en las parejas, también parece reflejarse en el peso corporal de sus integrantes, según se deduce de distintos estudios con aval científico.

A partir de la década de 2010 distintas investigaciones científicas ha desvelado que la relación cercana y asidua entre dos personas aumenta la posibilidad de que la obesidad o el sobrepeso de una de ellas, se termine ‘contagiando’ a la otra.
Investigadores de distintas organizaciones de Estados Unidos, como RAND Corporation; las universidades del Sur de California, de Harvard, y Loyola; así como la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y XLS Medical, en España; y la universidad de Queensland, en Australia, indican que los lazos sociales, familiares y amorosos, pueden actuar como agentes transmisores del sobrepeso.
Aunque en este caso en particular, el exceso de kilos no se trasmite por medio de agentes patógenos, como virus, bacterias, hongos o parásitos, sino que el ‘contagio’ se produce debido a un fenómeno de sintonía psicológica y emocional, así como debido a la imitación de hábitos y comportamientos.
La poderosa influencia del entorno social y familiar.
Este ‘contagio’ tiende a producirse entre personas que mantienen un contacto asiduo o que conviven, como amigos y familiares cercanos (padres e hijos), pero se presenta especialmente en el seno de las relaciones de pareja, sobre todo cuando se casan o asumen un compromiso estable, según se deduce de las investigaciones.
Estos estudios parecen darle la razón, en una faceta relacionada con la salud, al refrán español según el cual “dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición”, en referencia a que la convivencia estrecha y prolongada en la pareja, lleva a que las personas adquieran hábitos, actitudes y formas de pensar similares, mimetizándose con el tiempo.

Cuando dos personas comparten vida diaria, comidas y rutinas se produce una alineación de sus hábitos. Foto: Wayhomestudio-Freepik.

El psicólogo Nicolas Dhondt, especializado en trastornos de la conducta alimentaria y asesor de la plataforma digital Yazen (www.yazen.com), responde a la pregunta de ¿a qué se debe que cuando una persona con un peso saludable se empareja con otra que tiene sobrepeso, la primera tiende a adoptar los hábitos de la segunda y por ello termina engordando?

Compartir la vida diaria conduce a compartir hábitos.

“El fenómeno que a veces se denomina ‘contagio de la obesidad’ no consiste en la transmisión de una enfermedad de un individuo a otro a través de mecanismos infecciosos, sino más bien un reflejo de cómo una persona influye en los hábitos de otra”, explica Dhondt, que tiene formación en neuropsicología.

“Cuando dos personas comparten la vida cotidiana, las comidas y las rutinas, se produce una adaptación gradual y mutua, a menudo de forma inconsciente” de acuerdo con este psicólogo.

Dhondt explica que “las investigaciones demuestran que las parejas tienden a converger en su peso corporal con el paso del tiempo, independientemente de quién pesara más inicialmente”.

“Esto se debe a que comparten entornos, así como estilos de vida y de alimentación sin que ello signifique que el peso de uno de los miembros de la pareja se ‘transfiera’ de alguna manera al otro”, según el especialista de Yazen.

Más compañía, más ingestión de comida.

Por otra parte, “muchos estudios han demostrado que las personas tienden a comer un poco más cuando comen con otras personas en comparación de cuando comen solas, aumentando su ingestión entre un 10 y un 25 % más, en promedio”, asegura.
Esto sucede porque “las comidas duran más, la experiencia es más gratificante y es fácil que, sin pensarlo ni darte cuenta, tiendas a comer la misma cantidad que tu pareja”, señala.

“Y con el tiempo, esto puede cambiar nuestra propia percepción de lo que constituye una porción ‘normal’ de comida”, añade.

Dhondt señala que, en el seno de una relación amorosa, “también influimos en la forma en que cada uno gestiona sus emociones”.

El denominado ‘contagio de peso en la pareja’ en realidad es un reflejo de cómo influimos en los hábitos de la otra persona. Foto: Freepik

Por ejemplo, “si uno de los miembros de la pareja utiliza la comida como consuelo o como recompensa, el otro integrante puede adoptar fácilmente el mismo patrón de comportamiento emocional, especialmente en momentos de estrés o fatiga”, puntualiza.

“Se trata de una dinámica social y emocional, más que biológica”. En resumen, “el llamado ‘contagio del peso o el sobrepeso’ es una metáfora de cómo las relaciones cercanas moldean nuestros hábitos”, recalca este psicólogo.

“No es el amor en sí mismo lo que provoca el aumento de peso, sino la vida compartida: las comidas, las noches de cine y series en el sofá y los pequeños caprichos que poco a poco se convierten en la nueva normalidad”, enfatiza.

Consejos prácticos para ser una pareja saludable.

Consultado por EFE acerca de que medidas prácticas podríamos tomar para evitar que el exceso de peso se ‘contagie’ en la pareja, Dhondt afirma que la solución “no consiste en guiar a nuestra pareja sino en crear juntos unos hábitos que faciliten la toma de decisiones saludables”.

 

“Las investigaciones demuestran que los comportamientos saludables son contagiosos en ambos sentidos, por lo que desarrollar rutinas compartidas suele funcionar mejor que intentar controlarse mutuamente”, puntualiza.

Para este experto “un buen primer paso, para evitar que el sobrepeso afecte a la pareja, consiste en hacer que las opciones saludables sean la norma en casa”.

En ese sentido, recomienda crear en el hogar una “despensa segura, llena de alimentos que favorezcan el bienestar a largo plazo, para que nuestra decisión de alimentarnos de manera saludable sea más fácil de aplicar, en vez de depender de nuestra fuerza de voluntad en el momento de comer”.

“Planificar las comidas y la compra de alimentos con antelación ayuda a garantizar que tomemos nuestras decisiones alimentarias cuando tenemos energía, y no cuando tengamos hambre”, apunta.

“Es muy importante encontrar y compartir hábitos agradables que aumenten nuestra energía en lugar de agotarla. Dar un paseo por la tarde, cocinar juntos o programar para el fin de semana una actividad que requiera esfuerzo físico puede fortalecer tanto la relación como la salud de la pareja”, argumenta.

La obesidad no se ‘transmite’ por mecanismos infecciosos, sino por la influencia psicológica de una persona sobre otra. Foto: armmypicca-123RF.

Dhondt finaliza la entrevista con EFE señalando que quizás lo más importante de todo sea “hablar de todos estos cambios en el seno de la pareja como un proyecto compartido, en lugar de plantearlo como una lucha”.

“No se trata de ser el entrenador del otro, sino de crear un entorno en el que ambos miembros de la pareja se sientan bien.

Cuando las elecciones saludables se convierten en parte de la vida cotidiana, los efectos positivos tienden a extenderse de forma natural, al igual que el amor” concluye.
Ricardo Segura
EFE – Reportajes

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