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Ilustración de un hígado con sus lóbulos derecho e izquierdo, como representación de una buena salud hepática. Foto: WangXiNa/Magnific.

El hígado es el principal órgano encargado de desintoxicar el cuerpo, pero su eficacia depurativa depende de su constante trabajo en equipo con el intestino y los microorganismos que lo habitan, la microbiota, según una especialista, que explica cómo reequilibrar el ámbito intestinal y fortalecer la salud hepática.

“El hígado es el principal órgano detoxificador del cuerpo, pero su eficacia depende del ‘diálogo constante’ o relación funcional, que mantiene con el intestino y con el conjunto de microorganismos que lo habitan, la microbiota, con los cuales conforma un eje biológico vital”, resume la doctora Marta González-Corró.

“Esta alianza de tres órganos, que influye en funciones esenciales como la digestión, el metabolismo (conjunto de reacciones químicas que efectúan las células para sintetizar o degradar sustancias) de grasas y azúcares, el equilibrio del pH (equilibrio ácido-alcalino) y la eliminación de toxinas”.

La doctora Marta González-Corró (@dramargocorro) es licenciada en Medicina y Cirugía. Ha estudiado un posgrado en Psiconeuroendocrinoinmunología y cuenta con cuatro másteres: Nutrición y Alimentación Humana, Nutrición Deportiva, Nutrición Vegetariana y Vegana y Obesidad y Trastornos del Comportamiento Alimentario.

En su libro ‘Un hígado feliz’, González-Corró describe los mecanismos que sostienen la relación entre el hígado, el intestino y la microbiota intestinal (anteriormente conocida como flora intestinal), y ofrece recomendaciones nutricionales, de hábitos de vida y estrategias para cuidar este eje fundamental para nuestra salud metabólica.

Sus recomendaciones están encaminadas a restaurar la eubiosis (equilibrio y diversidad óptimos de los microorganismos ‘buenos’ que componen la microbiota) intestinal y a fortalecer la capacidad del hígado para neutralizar toxinas y mantener la homeostasis (estabilidad de las condiciones internas del organismo a pesar de los cambios externos) metabólica.

El hígado es el mayor órgano interno del cuerpo humano y se sitúa en la parte superior derecha de la cavidad abdominal. Foto: brgfx/Magnific.

El mayor órgano interno.

“El hígado es el órgano interno más grande del cuerpo. Se encuentra ubicado en la parte superior derecha del abdomen, debajo del diafragma y sobre el estómago. Pesa aproximadamente entre 1,4 y 1,6 kilogramos en el adulto y es de color marrón rojizo debido a su alto contenido de sangre”, explica la doctora González-Corró, en una entrevista con EFE.

“Este órgano tiene un papel fundamental en el metabolismo (reacciones químicas que se efectúan en las células) de los nutrientes derivados de los alimentos que comemos. Sin el hígado no seríamos capaces de absorber las sustancias químicas esenciales que necesitamos, ni tampoco de desechar aquellas que no nos interesan”, remarca.

“El hígado es una verdadera central química depuradora que se encarga de neutralizar y eliminar las sustancias tóxicas”, destaca
Señala que “vivimos rodeados de elementos patógenos presentes en nuestra comida, en la ropa que nos ponemos o en el aire que respiramos”, por lo cual “la función hepática es decisiva para nuestra salud”.

“Sólo gracias al hígado somos capaces de mantener la homeostasis interna frente a compuestos tanto endógenos o generados dentro del cuerpo (hormonas, productos del metabolismo, fragmentos bacterianos de nuestra microbiota) como exógenos, es decir de origen externo, (fármacos, aditivos, contaminantes, edulcorantes”, enfatiza.

Hígado desbordado, problemas en camino.

Cuando el funcionamiento hepático se ve desbordado por la disbiosis (desequilibrio de la microbiota), el estrés oxidativo (producción excesiva de moléculas oxidantes y falta de antioxidantes para neutralizarlas) y la sobrecarga de tóxicos (sustancias nocivas provenientes del ambiente), esto favorece patologías como el hígado graso no alcohólico, la fibrosis, la cirrosis y otras complicaciones metabólicas, puntualiza.

Por ejemplo, “la principal causa de enfermedad hepática crónica a nivel mundial es el ‘hígado graso no alcohólico’, una acumulación excesiva de grasa en este órgano, sin que se deba al consumo excesivo de alcohol, a virus o tóxicos”, según explica.

Añade que el daño hepático se intensifica, “cuando además de grasa, hay inflamación y afectación de los hepatocitos (las células principales del hígado), consumo de alcohol y alteraciones metabólicas como la resistencia a la insulina”.

Eje hígado-intestino-microbiota, una conexión estratégica.

La doctora Marta González-Corró reitera que “el hígado es el principal órgano detoxificador del cuerpo”, pero también remarca que su “eficacia depurativa depende del ‘diálogo constante’, es decir de la relación, que mantiene con el intestino y con el conjunto de microorganismos que lo habita: la microbiota intestinal”.

Explica que “la microbiota intestinal ha sido redefinida y ha pasado de considerarse un simple conjunto de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo a verse como un ‘órgano’ en sí mismo”.

“Hoy sabemos que sus funciones afectan a múltiples sistemas, que se comunican a través de lo que se conoce como ‘ejes biológicos’, uno de los cuales es el eje hígado-intestino-microbiota”, explica.

Por ejemplo, se sabe que las bacterias intestinales tienen un papel clave en la inflamación tanto local como sistémica (en todo el cuerpo), la cual es “un tipo de inflamación leve, pero constante, que funciona como una alarma de incendio que no deja de sonar en tono suave,” según explica González-Corró.

Recreación informática de distintos órganos de la anatomía humana con el hígado situado en el centro de la pantalla. Foto: DC Studio/Magnific.

 

“Comprender el eje hígado-intestino-microbiota permite entender por qué la salud no depende de órganos aislados, sino de una red perfectamente coordinada”, señala González-Corró, que explica a continuación algunos de los procesos del cuerpo en los que interviene esta “triple conexión estratégica”, con efectos reguladores y reequilibrantes.
Señala que “el pH (equilibrio ácido-alcalino) es un marcador fundamental para nuestra salud. En una persona sana, el cuerpo es capaz de mantener el pH equilibrado. No obstante, existen diversos factores que pueden desafiar este equilibrio y favorecer una tendencia hacia la acidosis (exceso de ácidos en los tejidos y en la sangre) o la alcalosis (alcalinidad excesiva de la sangre)”.

Uno de los factores que desequilibran el pH corporal son los tóxicos ambientales, aquellas sustancias del medio ambiente que tienen el potencial de causar un efecto negativo en los seres vivos y no solo se encuentran en humos y gases, sino también en las aguas y la tierra, de cultivo o no, de acuerdo con esta experta.

“La actividad física también influye en el pH sistémico, aunque lo hace de manera temporal dependiendo de su intensidad y duración. Durante el ejercicio, nuestros músculos generan

ácido láctico y ácido acetoacético como resultado del metabolismo de las grasas y de los hidratos de carbono”, apunta.
“Si queremos conocer el estado funcional del intestino grueso y, de manera indirecta, el estado de la función hepática, podemos consultar el pH en heces o pH fecal. Analizarlo es una herramienta útil no invasiva y fácil de realizar, que nos permite conocer rápidamente cómo se encuentra nuestro cuerpo”, destaca.

La doctora González-Corró señala que “el eje hígado-intestino-microbiota se ve alterado por el estrés oxidativo: un desgaste que ocurre en nuestro organismo cuando se generan demasiados radicales libres (moléculas oxidantes que fomentan el daño celular)”.

“El cuerpo tiene un sistema antioxidante capaz de neutralizar los radicales libres y evitar el daño, pero si hay un exceso de estas moléculas nocivas, el sistema se agota y se genera un estrés oxidativo que contribuye al desarrollo de numerosas patologías degenerativas y al envejecimiento precoz”, recalca.

Cómo cuidar el eje hígado-intestino-microbiota.

“La dieta es un modulador clave de la microbiota intestinal y de la función hepática”, destaca González-Corró,
“Un patrón dietético equilibrado, rico en fibra, polifenoles (compuestos saludables de los alimentos vegetales) y ácidos grasos de calidad se asocia con una mejoría en el hígado graso, la inflamación sistémica y la composición de la microbiota”, recalca esta especialista, que ofrece cinco claves prácticas para mantener un hígado sano y funcional.

1. Crea un entorno metabólico que facilite su trabajo.

“El hígado funciona mejor cuando el metabolismo está equilibrado. Priorizar los alimentos ‘reales’, reducir los azúcares añadidos y evitar los productos ultraprocesados, ayuda a disminuir la lipogénesis (formación de triglicéridos o grasas en el órgano hepático), evitando el tan temido ‘hígado graso’ y favorece un funcionamiento más eficiente” señala.
2. Alimenta tu microbiota: es aliada del hígado.

“El intestino y el hígado están conectados a través de un ciclo fisiológico denominado ‘circulación enterohepática’: una autopista de dos direcciones entre ambos órganos. Una microbiota diversa, nutrida con fibra, vegetales y polifenoles, produce sustancias que reducen la inflamación y modulan positivamente el eje intestino–hígado”, explica González-Corró.
3. Mantén estable la glucosa para proteger el hígado.

“Evitar picos de glucosa (azúcar en la sangre) mejora la sensibilidad a la insulina (proceso celular relacionado con la producción de energía) y reduce la acumulación de grasa hepática. Comer de forma estructurada, con proteína y fibra en cada comida, es una estrategia sencilla y muy eficaz desde el punto de vista clínico”, asegura esta experta.
4. Apoya la detoxificación natural del hígado.

“El hígado ya detoxifica de forma continua a través de procesos bien regulados denominados fases I y II, por lo que no necesita que bebamos `zumos détox´. Para favorecer sus procesos naturales, resulta clave aportar los nutrientes y cofactores adecuados (minerales, vitaminas, aminoácidos…) y, sobre todo, reducir la carga de tóxicos diaria”, recalca.
5. Muévete, respeta tu ritmo circadiano y mantén el estrés a raya.

“El ejercicio físico mejora la función metabólica y reduce la grasa hepática. Dormir bien y mantener horarios regulares optimiza los procesos hepáticos. Movimiento y descanso son dos pilares fundamentales, muchas veces infravalorados, de la salud del hígado”, enfatiza.

“El estrés genera un estado de inflamación de bajo grado que perjudica enormemente el eje hígado-intestino-microbiota”, señala la doctora González-Corró, que aconseja compartir momentos de relax con amigos, reír, abrazar, dar paseos por la naturaleza y priorizar lo que realmente es importante y aporta valor a tu vida”.
“Así tendrás un ‘Hígado Feliz’” concluye.
Daniel Galilea.
EFE – Reportajes

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