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Esa noche fue de ellos, de los que se despidieron de la secundaria vestidos de gala, con el corazón latiendo rápido y una mezcla de alegría, nervios y nostalgia en los ojos.

Best friends

Los graduados del Instituto Oviedo caminaron entre luces, mesas y música como quien cruza un puente invisible hacia el futuro. Ellos fueron los protagonistas indiscutibles de una noche que celebró mucho más que un ciclo escolar: celebró el crecimiento, la amistad, la valentía de ser jóvenes en un mundo que cambia cada día.

Con vestidos largos, trajes impecables y sonrisas que hablaban de orgullo propio, los estudiantes se robaron todas las miradas y no solo por cómo se veían, sino por lo que representaban: esfuerzo, constancia, historias vividas, momentos compartidos y sueños por alcanzar.

Las familias estuvieron ahí, claro, mirando desde sus mesas, sosteniendo la emoción entre las manos, dejando que el pecho se les llenara de orgullo en silencio, porque en cada paso que daban sus hijos esa noche, ellos también veían todo lo que hubo detrás: los días difíciles, las risas eternas, las pequeñas victorias cotidianas que llevaron a ese instante.

Hubo música, sí, abrazos, y bailes espontáneos, miradas que decían “te voy a extrañar”. Hubo fotos que intentaron atrapar lo que las palabras no logran decir: que crecer también duele un poquito, pero se siente hermoso cuando se hace acompañado.

Esa noche no fue solo una despedida, fue una afirmación: De que están listos para lo que venga, para lo que sueñen, para lo que decidan construir.
Fue una noche que les pertenece y que llevarán siempre, como se llevan las cosas que realmente importan: adentro. Imágenes: Revista Q 2025

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