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COLOMBIA ABRAZA EL CARIBE MEXICANO

Una celebración gastronómica latinoamericana une dos naciones hermanas

Tulum, abril, 2026 Hay encuentros que trascienden la mesa. Que no son solo de sabores sino de almas, de memorias compartidas, en que dos pueblos hermanos, México y Colombia, entienden la vida con alegría desbordante, con el cuerpo que se mueve cuando suena la música, con las manos que cocinan como se abraza.

El pasado fin de semana, la playa del icónico hotel Casa Malca en Tulum fue escenario de una celebración que hizo honor a ese espíritu: tres de los restaurantes más reconocidos de Colombia cruzaron fronteras para cocinar junto al mar, bajo la invitación del chef José Luis Hinostroza y curaduría del emblemático restaurante ARCA. Dos naciones, una misma alma , el sentimiento fraterno no es retórica, es una experiencia vivida cada vez que un colombiano llega a México o un mexicano pisa Colombia y descubre que ya conoce ese lugar.

Que la risa suena igual, que la mesa se comparte sin reservas y que el baile es convocatoria y no actuación. Fue precisamente esa comunidad de espíritu la que inspiró esta celebración en Tulum, un gesto de generosidad culinaria que dice, sin palabras, que la mejor diplomacia siempre ha sido sentarse a comer juntos.

Los protagonistas: voces de la cocina colombiana

El chef Harry Sasson, referente indiscutible de la gastronomía colombiana con sus restaurantes en Bogotá y Cartagena, presentó en CASA MALCA su lectura magistral del mar caribe. Entre sus creaciones de la noche destacó el uso de palmitos frescos de la selva de Putumayo, suministrados por CORPO CAMPO, un productor comprometido con la cosecha sostenible en uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta. Los palmitos llegaron a la mesa convertidos en una ensalada con cangrejo y aguacate: sencilla en apariencia, poderosa en intención. Un plato que es también un manifiesto sobre la responsabilidad del cocinero con el territorio.

El chef Jaime Rodríguez, al frente del celebrado restaurante CELELÉ en Cartagena, baluarte de la cocina del caribe colombiano, trajo a Tulum sus raíces con una propuesta que sacudió paladares: okras preparadas en chimichurri, acompañadas de un calducho de ajonjolí sabanero que evoca los mercados de la Costa. La okra, ese vegetal de herencia africana tan arraigado en el Caribe colombiano, encontró en el chimichurri lenguaje culinario sudamericano por excelencia, una conversación inesperada y perfecta. CELELE es hoy una de las cocinas más importantes en la narrativa de la revalorización de los ingredientes nativos de Colombia, y este evento fue el escaparate perfecto para demostrarlo.

Juan del Mar, el restaurante cartagenero que lleva el nombre de su chef, completó el trío con una propuesta de mariscos en la que el Caribe es protagonista absoluto: tártar de atún marinado en soya y jerez, carpaccio de pulpo con aceite de cítricos, manitas de jaiba salteadas en mantequilla de ajo rostizado, y los memorables langostinos Caribe Árabe envueltos en hoja de parra, asados a la parrilla con aceite de cítricos y acompañados de patacones de plátano verde rayado.

Si la cocina fue el alma de la noche, la barra fue su latido. Nathy Barajas, del legendario Bar Alquímico de Cartagena, reconocido entre los mejores bares de América Latina, diseñó una carta de cócteles en la que cada trago contó una historia de ingredientes locales transformados por técnica y sensibilidad.

Guayaba Agria Patrón Silver,

licor de guayaba agria, óleo de naranja y canela. La guayaba tropical convertida en protagonista de una copa que huele a infancia caribeña y a brisa de verano.

Albahaca Morada

Bacardí Carta Blanca, Campari, remolacha, cítricos y albahaca morada. Un trago que equilibra lo amargo, lo dulce y lo herbal en una paleta de color que es casi una obra de arte.

Carambolo

Grey Goose, carambolo, limonada de coco y lúpulo. Una apuesta atrevida que mezcla la fruta tropical con la sofisticación de la cerveza artesanal, recordando que en el trópico la creatividad no tiene límites.

Selva Martini

Bombay Sapphire, vermouth de la selva y mambe. Un coctel que es homenaje a la Amazonía: el mambe, preparación ritual de hoja de coca de las comunidades indígenas colombianas, eleva este martini a categoría de experiencia ceremonial. Quizás el trago más audaz de la noche.

La tarde terminó como terminan los mejores encuentros entre colombianos y mexicanos: con la pista improvisada, la música subida de volumen y la certeza de que habrá un reencuentro. Porque entre hermanos, la despedida siempre es provisional.

Este evento reafirma lo que ARCA ha sostenido desde sus inicios: que es hoy uno de los nodos gastronómicos más vibrantes del mundo, un lugar donde las culturas latinoamericanas se encuentran, dialogan y se celebran mutuamente. México y Colombia, unidos por la alegría, el baile y la cocina, siempre la cocina, escribieron juntos una noche que la memoria del paladar no olvidará fácilmente.

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