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La inflamación cada vez preocupa a más personas. Foto cedida por Polima Zimmer

La inflamación ha pasado de ser un concepto médico a convertirse en uno de los grandes temas de conversación en salud, bienestar y estética. Más allá de tendencias, los expertos coinciden en que su creciente protagonismo responde a una realidad clínica: el aumento de patologías vinculadas a procesos inflamatorios de bajo grado.

Lejos de ser un fenómeno puntual, se trata de un mecanismo biológico que conecta hábitos, metabolismo y envejecimiento. La medicina plantea abordajes que integran diagnóstico, prevención y tratamiento desde una perspectiva global del paciente, donde la inflamación se interpreta como un indicador clave del estado de salud.

La inflamación: dos caras de un mismo proceso.

La inflamación no es, en sí misma, un problema. Es una respuesta del organismo necesaria para defenderse. Desde la clínica Ityos, referente en el ámbito de la medicina integral y avanzada en España, la inflamación, que cada vez afecta a más personas, aparece de dos formas diferentes.

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“La inflamación puede presentarse de dos formas principales. La inflamación sintomática o aguda es la respuesta normal del sistema inmunitario ante una lesión o infección y se manifiesta con signos visibles como dolor, calor, enrojecimiento o hinchazón”, explican a EFE desde Ityos.

Sin embargo, existe otra forma menos evidente. “La inflamación crónica de bajo grado o silenciosa es una activación persistente y de baja intensidad del sistema inmunitario que no produce síntomas evidentes”. Este tipo de inflamación es el que más preocupa a los especialistas, por su relación con enfermedades crónicas.

Existen dos tipos de inflamación. Foto cedida por Polima Zimmer

 

Por qué se habla tanto de inflamación ahora.

El interés creciente no responde solo a una mayor concienciación. “No es solo una mayor preocupación social: existen datos que indican que los factores que favorecen la inflamación crónica son hoy más frecuentes”, añaden sobre un mal que cada vez protagoniza más conversaciones.

El contexto es claro: “En Europa, más del 59 % de los adultos tiene sobrepeso u obesidad, y el exceso de grasa visceral es una fuente importante de inflamación metabólica”. A ello se suma que “la diabetes tipo 2 se ha cuadruplicado en el mundo desde 1980, y las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte”, añaden.

 

La combinación de estos factores, junto con un mayor desarrollo de herramientas diagnósticas, explica que la inflamación haya pasado a ocupar un lugar central en la medicina actual.

Las causas: metabolismo, estilo de vida y emoción.

La inflamación crónica no suele responder a una única causa, sino a la interacción de múltiples factores. “Este tipo de inflamación se asocia sobre todo a factores metabólicos como el exceso de grasa visceral, dietas hipercalóricas ricas en ultraprocesados, sedentarismo, estrés crónico o alteraciones del sueño”.

A este escenario se suma una dimensión menos tangible pero igualmente relevante. “No podemos olvidarnos del estrés emocional, que es una de las causas embrionarias en las alteraciones patológicas de la salud”, inciden sobre un aspecto que cada vez cuenta con más peso.

Es responsable de afectar al sistema inmunológico. Foto cedida por kindelmedia

 

Este enfoque amplía la mirada médica tradicional. “La ciencia y la medicina actuales deben recuperar algunos conceptos de la medicina antroposófica… añadiendo a la dimensión física de la persona, sus rasgos mentales e incluso espirituales”. Una reflexión que introduce una visión más integradora del paciente.

Cómo detectarla: lo visible y lo invisible.

La inflamación aguda es fácil de identificar por sus manifestaciones clínicas. “Dolor, enrojecimiento, calor, hinchazón o pérdida de función en el tejido afectado”. Sin embargo, la inflamación silenciosa requiere herramientas específicas. “Generalmente solo se identifica mediante biomarcadores en sangre, como niveles ligeramente elevados de proteína C reactiva ultrasensible, interleucinas y otros factores correlativos”.

Además, existen perfiles de riesgo que permiten sospechar su presencia. “Podemos sospecharla claramente en personas con factores metabólicos asociados, como obesidad abdominal, resistencia a la insulina, síndrome metabólico o diabetes tipo 2”.

Identificar el origen: un proceso complejo.

Determinar qué está generando inflamación no siempre es sencillo. “Identificar qué nos está generando inflamación suele requerir combinar evaluación clínica, analíticas y revisión de hábitos”.

El proceso incluye el análisis de marcadores en sangre y la revisión de factores cotidianos. “En la práctica clínica, identificar el origen suele implicar revisar el estilo de vida y los factores metabólicos”.

En este análisis, algunos especialistas incorporan una dimensión más amplia. “Cada vez le damos más importancia a la vida emocional o espiritual de la persona y sus consecuencias sobre los parámetros médicos”.

Qué se puede hacer desde casa.

Antes de acudir a consulta, los expertos proponen una primera fase de observación. “Puede ser útil aplicar durante unas semanas un protocolo sencillo de observación de hábitos”.
Este enfoque incluye cambios básicos. “Priorizar una dieta basada en alimentos frescos y poco procesados, reducir azúcares, alcohol y ultraprocesados, mantener actividad física regular, dormir 7–8 horas y controlar el estrés”.

Además, recomiendan registrar sensaciones. “Llevar un registro básico de síntomas puede ayudar a detectar patrones y posibles desencadenantes”.

Hábitos clave para reducir la inflamación.

La intervención sobre el estilo de vida sigue siendo la herramienta más eficaz. “Los hábitos con mayor evidencia incluyen mantener una dieta basada en alimentos frescos y poco procesados, realizar actividad física regular, dormir 7-8 horas de calidad y controlar el estrés crónico”.

A ello se suman otras recomendaciones. “También es importante reducir el exceso de grasa visceral, limitar el alcohol y evitar el tabaco”. Cuando existe una patología asociada, el tratamiento médico resulta imprescindible. “El control de factores metabólicos como la glucosa o el colesterol también ayudan a disminuir la inflamación sistémica”.

En centros como Clínica Ityos, el abordaje de la inflamación incorpora una dimensión celular. “El abordaje de la inflamación se centra en mejorar la salud mitocondrial”. Las mitocondrias, responsables de la producción de energía, desempeñan un papel clave. “Cuando su función se deteriora, aumenta el estrés oxidativo y la producción de señales inflamatorias, un proceso relacionado con el llamado ‘inflammaging’ o envejecimiento inflamatorio”.

Este enfoque se traduce en estrategias combinadas. “Los tratamientos suelen orientarse a optimizar la función mitocondrial y el metabolismo celular, combinando intervenciones en estilo de vida con estrategias médicas personalizadas”.

Entre ellas destacan los protocolos nutricionales y el uso de suplementos específicos. “Dichos suplementos tienen como objetivo optimizar la eficiencia energética de las células, reducir la inflamación crónica de bajo grado y favorecer un envejecimiento más saludable”.
Resultados: una mejora progresiva.

La evolución del tratamiento depende de múltiples factores. “Los resultados suelen empezar a notarse en las primeras semanas o meses, especialmente en aspectos como la energía, la calidad del sueño, la digestión o la sensación general de bienestar”. Sin embargo, la resolución completa requiere tiempo.

La inflamación se ha convertido en un indicador transversal que conecta distintas áreas de la medicina. Su estudio no solo permite comprender mejor las enfermedades crónicas, sino también anticiparlas. En este contexto, la medicina avanza hacia modelos más integradores, donde el estilo de vida, la biología celular y la dimensión emocional se analizan de forma conjunta.
MARÍA MUÑOZ RIVERA.
EFE REPORTAJES

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