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Cuando una persona y su perro se miran mutuamente de manera prolongada, los niveles de oxitocina de ambos se elevan. Foto: Freepik.

Los perros refuerzan el vínculo con las personas con las que conviven a través del contacto visual, mientras que los gatos producen efectos calmantes en quienes los acompañan. Ello se debe a que compartimos una conexión química única con estos animales, impulsada por la oxitocina, la llamada ‘hormona del amor’, según revela una neurocientífica británica.

La oxitocina, llamada ‘la hormona del amor’ y la sustancia neuroquímica que se libera cuando una madre acuna a su bebé, los amigos se abrazan o nos miramos a los ojos, fomentando la confianza y el afecto, también cumple un papel importante en el vínculo de los seres humanos, tanto con sus gatos como con sus perros de compañía, según distintos estudios científicos.

Personas y mascotas comparten una conexión neuroquímica relacionada con la oxitocina, la ‘hormona del amor’. Foto: Anna Storsul-unsplash

“Investigaciones recientes sugieren que compartimos una conexión única con los gatos, impulsada por la química cerebral, en particular por la oxitocina”, señala Laura Elin Pigott, profesora titular de Neurociencias y Neurorrehabilitación, y Jefe de Curso en la Facultad de Salud y Ciencias de la Vida, de la Universidad South Bank de Londres (www.lsbu.ac.uk) en el Reino Unido.

La investigadora y docente Pigott ha estudiado la especial conexión neuroquímica que mantienen las personas con sus mascotas, tanto felinas como caninas, fenómeno del que puede dar fe por experiencia propia al interactuar con su simpático perro Darwin, y ha publicado sus conclusiones en dos artículos de la revista de divulgación académica ‘The Conversation’.

Hormona del amor, en humanos y animales.

Cuando los dueños de un gato acarician al animal, la oxitocina de ambos, ser humano y felino, tiende a aumentar Foto: imagen CCO-123rf.

La oxitocina, que según explica Pigott a EFE “tiene la misma composición química en todas las especies”, desempeña un papel fundamental en la vinculación social, la confianza y la regulación del estrés en muchos animales, así como en los seres humanos, en los cuales también tiene efectos calmantes, fomentando la relajación, según puntualiza.

Señala que los gatos son más sutiles al mostrar afecto, pero sus dueños suelen reportar las mismas cálidas sensaciones de compañía y alivio del estrés que los propietarios de perros, según testimonian quienes conviven con mascotas y respaldan cada vez más estudios científicos.

Investigadores en Japón comprobaron a través de una investigación en 2021 que el contacto amistoso con su gato (acariciarlo, hablarle con suavidad) aumentó los niveles de oxitocina en muchos dueños, afirma Pigott.

Otras investigaciones indican que el acto de acariciar el suave pelaje gatuno e incluso escuchar el sonido del ronroneo pueden desencadenar la liberación de oxitocina en el cerebro humano.

Un estudio de 2002 descubrió que la descarga de oxitocina por el contacto suave con un gato ayuda a reducir el cortisol (la hormona del estrés), y otro de 2025, encontró que cuando los dueños acariciaban, abrazaban o acunaban a sus gatos de manera relajada, la oxitocina de esas personas y la de los gatos, tendía a aumentar, si la interacción no era forzada, según Pigott.

La neurocientífica Laura Elin Pigott pudo observar la sintonía entre humanos en sus interacciones con su perro Darwin. Foto: Laura Elin Pigott.

“La oxitocina aumentó sobre todo en los gatos más apegados a sus dueños, que iniciaron el contacto, sentándose en el regazo de la persona o dándoles empujoncitos. Cuanto más tiempo pasaban cerca de sus humanos, mayor era el aumento”, explica la neurocientífica de la LSBU.

Explica que los gatos utilizan señales sutiles para crear vínculos y conexión con los humanos, como el parpadeo lento, “que indica seguridad y confianza”, o el ronroneo, que ha sido relacionado con efectos curativos en los propios gatos y con efectos calmantes en los humanos, beneficios en los cuales también está presente la oxitocina, según los estudios.

Pigott considera que “la compañía de un gato, reforzada por todos los pequeños aportes de oxitocina de las interacciones diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión; en algunos casos, brindando un consuelo equivalente al apoyo social humano”.

La magia del contacto visual.

Los efectos de la oxitocina en las interacciones entre los gatos y los humanos ha sido descubierto recientemente, pero los científicos saben desde hace tiempo que las interacciones amistosas desencadenan la liberación de esta sustancia en los perros y en sus dueños, creando un ciclo de retroalimentación mutua que fortalece el vínculo, según Piggot.

Para esta experta, uno de los descubrimientos más notables acerca del vínculo entre perros y humanos podría ser la conexión química que compartimos. “Cuando perros y humanos establecen un contacto visual suave, ambos experimentan una oleada de oxitocina”, la “hormona del amor” enfatiza.

En un estudio sobre esta conexión, los dueños que mantuvieron miradas mutuas prolongadas con sus perros tuvieron niveles de oxitocina significativamente más altos después, y lo mismo ocurrió con sus perros, apunta Pigott.

Añade que “este ciclo de retroalimentación de oxitocina refuerza el vínculo, de forma similar a la mirada entre un padre y su hijo” y que “este efecto se produce exclusivamente con los perros domésticos”.

Por otra parte, los estudios generalmente encuentran respuestas más intensas a la oxitocina en las interacciones entre perros y humanos, que entre gatos y personas, según esta especialista.

Añade que “en un experimento de 2016, los científicos midieron la oxitocina en mascotas y sus dueños antes y después de diez minutos de juego. Los perros tuvieron un aumento promedio del 57 % en los niveles de oxitocina tras jugar, mientras que los gatos mostraron un aumento de alrededor del 12 %”.

“En los humanos, los niveles de oxitocina aumentan durante las interacciones sociales significativas, y el contacto con un ser querido provoca una liberación de esta sustancia más fuerte que la que desencadena el contacto con desconocidos”, apunta
Para Piggot, en lo que respecta a la oxitocina, el saludo alegre de un perro a su dueño podría compararse, en cierta medida, con la emoción de ver a un hijo o a nuestra pareja.
“Los perros, animales de manada domesticados para acompañar a los seres humanos de manera constante, están programados para buscar el contacto visual, las caricias y la aprobación de las personas, siendo un comportamiento que estimula la liberación de oxitocina en ambas partes”, según esta experta.

“Los gatos, en cambio, evolucionaron a partir de animales cazadores más solitarios que no necesitaban gestos sociales para sobrevivir, por lo que es posible que no muestren un comportamiento impulsado por la oxitocina con tanta facilidad o constancia, y que ‘reserven’ la liberación de oxitocina para cuando realmente se sienten seguros”, añade.
“La confianza de un gato hay que ganársela. Pero una vez otorgada, se refuerza con la misma sustancia química que une a padres, parejas y amigos humanos: la oxitocina”.
Daniel Galilea.
EFE – Reportajes

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