Tamaño de texto-+=
Compartir:
La exposición a la luz del sol se ha consolidado como un factor protector determinante frente a la progresión de la miopía. Foto de recurso Oftaldex – 31

Con la llegada del otoño y la implantación del horario de invierno, la disminución paulatina de las horas de sol no solo altera nuestras rutinas diarias y los ritmos circadianos, sino que ejerce un impacto directo, y a menudo invisible, sobre la salud ocular.

Ante este escenario, oftalmólogos del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus advierten que el cambio de hora y la reducción de luz natural merman la calidad visual, al mismo tiempo que aumentan el riesgo de desarrollo y progresión de la miopía infantil. Por eso, recomiendan realizar al menos una hora diaria de actividades al aire libre, especialmente a los niños.

El sol como escudo frente a la miopía infantil

La exposición directa a la luz del sol se ha consolidado en los últimos años como un factor protector determinante y completamente insustituible frente a la progresión de la miopía. La evidencia científica internacional subraya que “el hábito saludable de realizar actividades en espacios abiertos contrarresta la aparición de este defecto refractivo durante las etapas críticas del crecimiento”.

La efectividad real de esta medida quedó demostrada en un ensayo clínico publicado en la revista científica JAMA (Journal of the American Medical Association).

En dicho estudio, desarrollado por el Centro Oftalmológico Zhongshan de la Universidad Sun Yat-sen sobre una muestra de 1.903 niños en 12 escuelas de Guangzhou, se evaluó el impacto directo de incluir apenas 40 minutos adicionales de actividad al aire libre justo al término de la jornada escolar. Tras un exhaustivo seguimiento de tres años, los resultados revelaron una notable disminución de la tasa de incidencia de miopía, que cayó del 39,5% al 30,4% en el grupo que recibió la intervención, lo que supuso una reducción del riesgo relativo de casi el 23% y un incremento significativamente menor en la graduación de los menores.

Por este motivo, el Dr. Carles Barnés, director de OftalDex del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus, recomienda que los niños realicen al menos una hora diaria de actividades al aire libre, priorizando los juegos fuera de casa y minimizando al máximo las tareas continuadas en espacios interiores frente a pantallas de ordenadores, videojuegos o cualquier otro dispositivo electrónico.
¿Por qué se deteriora la visión en la oscuridad?

La falta de iluminación ambiental suficiente acentúa los problemas de visión a través de diversos fenómenos oculares específicos que alteran por completo nuestra percepción del entorno. En primer lugar, ante la escasez de luz, el ojo reacciona de forma automática provocando una dilatación pupilar o midriasis con el objetivo de captar la mayor cantidad de estímulos luminosos posibles.

La evidencia científica internacional subraya que “el hábito saludable de realizar actividades en espacios abiertos contrarresta la aparición de este defecto refractivo durante las etapas críticas del crecimiento”.Foto de recurso Oftaldex – 30

Sin embargo, al agrandarse la pupila, la luz comienza a entrar por los bordes periféricos de la córnea y del cristalino, lo que acentúa las imperfecciones moleculares y estructurales naturales del ojo; esto incrementa de forma notable la dispersión luminosa, reduce drásticamente la profundidad de campo y agrava la molesta sensación de visión borrosa en las distancias lejanas.

A este proceso se suma el conocido fenómeno de la miopía nocturna, una respuesta de sobreenfoque involuntario en la que el sistema visual adapta su foco a distancias cortas debido a la falta de referencias lejanas nítidas, lo que empeora drásticamente la agudeza visual de quienes ya padecen miopía.

Por último, se produce una severa pérdida de sensibilidad al contraste, provocada porque el sistema visual conmuta del uso de los conos —las células de la retina encargadas de procesar el color y los detalles de alta resolución— al uso exclusivo de los bastones, que son altamente sensibles a la baja luminosidad pero ofrecen una resolución espacial y un detalle muy inferiores, dificultando la distinción clara de figuras oscuras sobre fondos nocturnos.

Señales de alerta

Esta drástica reducción de la luz en el ambiente, sumada a los defectos refractivos mal corregidos, desencadena una serie de síntomas muy habituales y molestos que merman la calidad de vida de las personas.

Entre las señales más frecuentes destacan el deslumbramiento agudo ante fuentes de luz artificial, la percepción distorsionada de halos o destellos geométricos alrededor de los faros de los coches y las farolas de la calle, una profunda fatiga visual al conducir durante la noche y una adaptación progresivamente más lenta y costosa a los cambios bruscos de iluminación ambiental.

Ante este escenario de riesgo, los profesionales de la visión aconsejan acudir de inmediato a la consulta de un oftalmólogo al notar cualquiera de estos síntomas.

Equipo del Dr. Carles Barnés, director de OftalDex, el Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus.

De ahí que se deba prestar especial atención en el entorno escolar: si un niño presenta dificultades evidentes para ver la pizarra en clase, si entorna de forma exagerada los ojos para intentar mirar de lejos, o si manifiesta enrojecimiento constante, picor o dolor en los ojos, es una señal inequívoca de que necesita una revisión oftalmológica completa para frenar a tiempo cualquier complicación en su desarrollo visual
La llegada del invierno y la reducción de las horas de sol no deben traducirse inevitablemente en un deterioro de nuestra salud ocular. La clave para contrarrestar los efectos del cambio de hora radica en adoptar hábitos proactivos y adaptados a la nueva estación.
Mantener una rutina de exposición diaria a la luz natural, limitar el uso de pantallas en entornos oscuros y asegurar una correcta iluminación artificial en los espacios de trabajo son pasos fundamentales para mitigar la fatiga visual. Los especialistas aconsejan acudir a consulta al notar alguno de estos síntomas o cuando un niño/a tenga dificultades para ver la pizarra, entorne mucho los ojos para enfocar de lejos o presente enrojecimiento o dolor recurrente en la zona de los ojos.
Amaia Osuna
REPORTAJES EFE

 

Compartir: