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La mayoría de los familiares de una persona con Alzheimer quieren saber cómo pueden contribuir al bienestar del paciente y acostumbran preguntar a los psicólogos ¿Y yo, cómo puedo ayudarle…?. Foto: Rawpixel-123RF

La mayoría de los familiares de una persona con Alzheimer quieren saber cómo pueden contribuir al bienestar del paciente. El primer paso es que asuman lo antes posible los efectos de esta enfermedad neurodegenerativa y entiendan que no tienen que afrontarla solas, según explica una psicóloga especializada.

Josefa, de 84 años y aquejada de Alzheimer, vive en una residencia de mayores en Madrid, España. Todo empezó con pequeños despistes que fueron convirtiéndose en importantes lagunas en su memoria. Se desorientaba por las calles de su barrio, en el que había vivido toda la vida. “No encontraba las cosas, se enfadaba y culpaba a su marido de escondérselas o quitarlas”, explica su hija, María Teresa.
A partir de esas situaciones, la enfermedad evolucionó hasta que Josefa, apodada cariñosamente Pepi por su familia, tuvo que ingresar en una residencia para mayores que cuenta con una Unidad especializada en personas que padecen Alzheimer y otras demencias (UPAD).
“Hace ya nueve años, cuando Pepi fue ingresada, que su hija María Teresa se repite la misma pregunta, `y yo, ¿qué puedo hacer para ayudarla?´”, señala María Pérez Castellanos, psicóloga de la residencia y figura clave en la red de centros Bouco (www.boucomayores.es) del grupo Emeis,
Pérez Castellanos explica que esa pregunta, que refleja la necesidad de saber cómo se puede contribuir al bienestar de un ser querido que está enfermo, “es la misma que realizan a los psicólogos la mayoría de los familiares de personas que padecen esta enfermedad neurodegenerativa”.

Los huertos terape´uticos, espacios verdes diseñado para mejorar la salud física, mental y emocional a través de la horticultura y el contacto con la tierra, son una actividad en las unidades de Alzheimer de las residencias. Foto: Bouco-Emeis.

Los desconcertantes cambios del paciente.
Explica que “esos familiares quieren entender los cambios que están viendo en la persona enferma y saber cómo actuar ante ellos”.
“Preguntan mucho por las variaciones de conducta de su familiar, indagando en por qué se muestra más irritable, por qué repite constantemente las mismas preguntas, por qué no quiere realizar determinadas actividades o por qué parece no reconocerles”, según puntualiza esta psicóloga.
Las respuestas a esos interrogantes se fundamentan en una comprensión de lo que representa el Alzheimer, cuestión sobre la que los familiares son asesorados, y también en la observación de cada mayor en particular, de acuerdo con la UPAD.
“Muchas veces una persona puede estar inquieta, levantarse continuamente, rechazar el aseo o no querer comer, y no siempre es fácil saber lo que está intentando expresar”, señala Pérez Castellanos.
Actividades de reminiscencia específicas.
Una de las herramientas que utilizan los centros geriátricos para tratar a los mayores con Alzheimer son las denominadas actividades de reminiscencia específicas, encaminadas a despertar el recuerdo de personas, lugares y momentos que han formado parte de la vida del paciente, explica Pérez Castellanos.
Esto incluye actividades que fomentan que los pacientes traigan a la memoria aquello a lo que se dedicaban, cuáles eran sus aficiones, qué actividades realizaban o qué experiencias han sido importantes para ellos, según apunta.
Esto, según explica la psicóloga de Bouco, “nos permite trabajar con los enfermos desde algo que les resulta familiar y significativo y, al mismo tiempo, mantener su identidad y conectar con ellos”.
Estructurando la vida diaria de los mayores.
Añade que la estructuración de la vida diaria del paciente, en torno a ciertos hábitos que le aportan seguridad y estabilidad, es otro de los pilares del abordaje del Alzheimer en los centros geriátricos más avanzados, en la lucha contra el avance de la enfermedad.
“El día de los residentes comienza con el aseo y el desayuno; a lo largo de la mañana participan en diferentes actividades y terapias (psicología, terapia ocupacional, animación y fisioterapia); después de la comida tienen un momento más tranquilo de descanso, y por la tarde realizan actividades como paseos, pintura y otras propuestas adaptadas a cada persona”, puntualiza.
Desde la UPAD se realizan valoraciones psicológicas, estimulación cognitiva, intervención sobre aspectos emocionales y conductuales y seguimiento individualizado, según Pérez Castellanos.
La familia, una parte integral del proceso.
Por otra parte, la terapia ocupacional fomenta las capacidades funcionales de los enfermos; la fisioterapia mantiene y trabaja su movilidad y estado físico, y las actividades de animación, que incluyen la terapia asistida con animales, favorecen la socialización, la participación, la expresión emocional y el disfrute, según destaca.
A estas citas y como una parte integral del proceso terapéutico, puede asistir los familiares, que según enfatiza la psicóloga de Bouco “es importante que entiendan que no tienen que afrontar solas” el Alzheimer de un pariente cercano.
En esos encuentros grupales en los que además de responder a la pregunta ‘¿qué puedo hacer yo para ayudarle?’ y a otros interrogantes frecuentes, se comparten experiencias, se explica el avance de la enfermedad y se plantean dudas y se ofrecen respuestas y también compañía”, son un apoyo fundamental para los familiares, según esta especialista.

La mayoría de los familiares de una persona con Alzheimer quieren saber cómo pueden contribuir al bienestar del paciente y acostumbran preguntar a los psicólogos ¿Y yo, cómo puedo ayudarle…?. Foto: Rawpixel-123RF

Lo que permanece de la persona, pese a su enfermedad.
“Cuanto antes asuman los familiares la enfermedad de su ser querido, es mejor. Pero también deben saber que a pesar del olvido y de los cambios que le provoca el Alzheimer, en esa persona permanece la necesidad de sentirse querido, comprendido, respetado y acompañado”.
Comprender esto abre la puerta a que “muchos pequeños momentos terminen siendo grandes momentos”, según.
“El hecho que la persona con Alzheimer te sonría, te busque, se tranquilice cuando te acercas o te de las gracias”, puede ser extremadamente gratificante tanto para los cuidadores como los familiares”, comenta Pérez Castellanos.
Alzheimer y otras demencias geriátricas.
“Aspectos como mantener unas rutinas, favorecer la autonomía todo lo posible, adaptar las actividades a las capacidades que conserva la persona, trabajar con su historia de vida o acompañar y orientar a las familias, son aplicables al Alzheimer y también a otros tipos de demencia, y son fundamentales independientemente del diagnóstico”, recalca.
Sin embargo, esta psicóloga matiza que no todas las demencias son iguales ni evolucionan de la misma manera.
“Dependiendo del tipo de demencia pueden aparecer antes unas dificultades u otras y también pueden variar mucho las necesidades de la persona. Por eso no se pueden aplicar exactamente las mismas pautas a todo el mundo, ya que hay que conocer a la persona, saber en qué momento se encuentra y adaptar la forma de intervenir a su situación particular”, añade.
Al tratar a un enfermo de Alzheimer o con otra demencia, “nunca debemos olvidar que detrás de la enfermedad sigue estando la persona, con su historia, sus gustos, su forma de ser y unas capacidades que debemos intentar mantener y potenciar durante el mayor tiempo posible”, concluye Pérez Castellanos.
Ricardo Segura.
EFE – Reportajes

 

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