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Calle Vapor puede afirmar que la clave de su éxito estos 20 años no ha estado solo en el trabajo y en el esfuerzo, sino también en la fusión.Foto cedida por BeReleased

Calle Vapor, la agrupación originaria de Córdoba (Argentina), cumple 20 años de recorrido musical dedicados a la fusión de ritmos afrolatinos. La banda está encabezada por Emiliano Peirone (vocalista y letrista) y Fabricio Boretto (guitarra) y a ellos se le suman otros seis profesionales que complementan la parte instrumental para convertir cada concierto en una fiesta.

Su trayectoria comenzó hace dos décadas y celebran todos estos años de música y conciertos con una gira que comienza en Nueva York y que tendrá fechas en países como España, Suiza, Francia o Bolivia, pero que sigue abierta a otros destinos.

La intención principal de Calle Vapor es poder mezclar los estilos tradicionales de Latinoamérica: son cubano, bolero, chachachá, cumbia, ritmos caribeños… con una puesta en escena original que consigue reunir hasta 13 instrumentos diferentes en un solo espacio para interpretar tanto piezas propias como versiones de música tradicional y alcanzar así una de sus claves del éxito: la fusión.

La fusión como base de Calle Vapor.

Fabricio Boretto cuenta en entrevista con EFE que “la fusión más grande que nosotros hacemos es tomar estos folclores, sobre todo de Cuba como el son, la guajira, el bolero y ahí mixturar con lo que somos nosotros como argentinos: con el rock que tenemos, con la música más moderna, con el pop o con esta música africana también”.

Y es a partir de aquí cuando nace Calle Vapor, con la mezcla sin miedo de aquella música que caracteriza a los pueblos latinos para poder hacer bailar a su público y Emiliano Peirone tiene mucha responsabilidad en esta parte dentro de su papel como compositor: “No tiene sentido para mí cantar cosas que no siento […] y ya a mí no me tiembla el pulso para sacarle la letra y ponerle otra”, refiriéndose a las adaptaciones que hacen de canciones populares.

El verdadero germen del grupo no dista mucho de su actual razón de ser ya que este nació como dúo cuando sus dos fundadores tenían apenas 13 años y decidieron hacer música juntos: “Nuestro gran referente fue en ese momento el disco y documental de Buena Vista Social Club, eso fue lo primero que nos disparó y nos hizo conocer esta música”, según cuenta Boretto.

Fabricio Boretto (izquierda) y Emiliano Peirone (derecha) son los fundadores de Calle Vapor, la agrupación originaria de Córdoba (Argentina). Foto cedida por BeReleased

La publicación de este álbum y película nominada a los Óscar a finales de los 90 dedicados a la música tradicional de Cuba que se había perdido tras la Revolución de 1959 fue lo que realmente despertó el interés de dos jóvenes argentinos que vieron en lo clásico un diamante en bruto.

Con el tiempo fueron uniéndose cada vez más miembros y en estos 20 años han pasado por el escenario muchos profesionales que se han caracterizado, al igual que el espíritu de Calle Vapor, por sus gustos eclécticos: “Cada uno de los integrantes de la banda escucha música muy distinta y tratamos de llevar todo eso que cada uno tiene”, comenta Peirone.

Esta ha sido la clave para mantenerles unidos, es decir, la fusión, no solo en sus composiciones, sino también en los gustos de sus miembros: “Nosotros nos enfocamos mucho en las relaciones humanas dentro de la banda, y más que una banda de música terminamos siendo una familia. Entonces, cualquier escollo que se presente a nivel de gustos o de técnicas, lo terminamos resolviendo”, añade Peirone.
Boretto es el responsable de la parte más instrumental y comenta al respecto: “El desafío o la búsqueda más grande ha sido poder encontrar en cada uno de ellos no que tienen en común con nosotros, sino qué tienen ellos para aportar en el proyecto”.

 

 

Ambos, como núcleo de una banda muy amplia y ecléctica, han conseguido mantener esa autenticidad durante los años usando como pegamento el enriquecimiento de estas diferencias y no tomarlas en su contra, sino “como base, abriendo siempre las puertas de la jugada a que cada uno aporte su necesidad musical y su talento”, tal y como comenta Peirone.

De la calle al estudio.

La intención principal de Calle Vapor es poder mezclar los estilos tradicionales de Latinoamérica con una puesta en escena original que consigue reunir hasta 13 instrumentos diferentes. Foto cedida por BeReleased

Como su propio nombre anuncia, Calle Vapor no nació en otro lugar que no fuera la calle, concretamente en la ciudad argentina de Córdoba, cuando sus fundadores tocaban para todo aquel que caminase cerca de ellos como la forma más eficaz y sencilla de presentar su talento al mundo.

Y aunque el salto de calidad de tocar en la calle a poder grabar 13 álbumes propios es evidente, siempre queda algo que parece no cambiar: “Cuando lográbamos que frenaran y llegaran, notábamos el cambio en el semblante de la gente, hoy ya nos van a buscar a nosotros, pero la intención sigue siendo la misma”, apunta Peirone, haciendo referencia a que, al final, siempre se logra que el público baile y deje de preocuparse por unos minutos.

Calle Vapor juega con esta necesidad humana: el simple hecho de bailar y disfrutar, por eso 20 años se quedan cortos para su gran fórmula de entretenimiento y arte. Peirone cuenta que “la mayoría todavía no sabe que quiere bailar” y poder atraer al público “tiene que ver con la necesidad de alegría y de danza”.

Bailar para derribar fronteras.

Peirone y Boretto reconocen y admiran cómo la industria latina ha crecido internacionalmente gracias a géneros más comerciales y cantantes como Kali Uchis, Rauw Alejandro o Bad Bunny. Sin embargo, su música no se encasilla dentro de estas fórmulas convencionales y, aun así, siempre se consigue un efecto global.

Tras haber recorrido países tan diferentes como México, Bélgica, o Grecia, pueden corroborar que el baile y la música son la fórmula para romper prejuicios y fronteras: “Esperábamos un poco más de frialdad teniendo en cuenta la idiosincrasia de los pueblos (haciendo referencia a los países europeos), pero nos sorprendió porque están más prendidos a fuego”, explica Peirone.

Boretto recuerda que dos de los conciertos que más le emocionaron fueron, contra todo pronóstico, en Bulgaria y en Bordeaux (Francia): “No pararon de bailar y, en realidad, no pararon de mirar y de estar tan alucinados del espectáculo porque es gente que nos escucha desde hace mucho a través de las plataformas, pero nunca nos habían visto en vivo”, señala el cordobés.

Como su propio nombre anuncia, Calle Vapor no nació en otro lugar que no fuera la calle, concretamente en la ciudad argentina de Córdoba, cuando sus fundadores tocaban para todo aquel que caminase cerca de ellos como la forma más eficaz y sencilla de presentar su talento al mundo. Foto cedida por BeReleased

Y es más sorprendente cuando en los conciertos europeos, según cuentan, el 95% de su público es autóctono ya que con raíces o no en Latinoamérica, su música les ha hecho conectar con ellos: “Nos hemos encontrado abrazados y en lágrimas con desconocidos que nos cuentan historias súper privadas y emocionales”, cuenta Peirone, algo que le ha hecho llegar a la conclusión de que “las fronteras se desdibujan gracias a la música”.

Hoy Calle Vapor puede afirmar que la clave de su éxito estos 20 años no ha estado solo en el trabajo y en el esfuerzo, sino también en la fusión, una fusión que toca tres niveles diferentes: estilos, miembros y, por supuesto, su audiencia porque las diferencias quedan en segundo plano cuando la música y el baile son protagonistas.
Luisma Pérez.
EFE REPORTAJES

 

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