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El Palacio Nacional de Ámsterdam, en la plaza Dam, durante el Día Nacional del Tulipán. EFE/EPA/Koen Van Weel.

Ámsterdam, la ciudad que fue pueblo pesquero en sus inicios y meca de ‘coffee shops’ y libertad sexual en un pasado reciente, se ha transformado en una urbe cosmopolita, atemporal y vibrante que, a cada paso, ofrece arte, arquitectura, gastronomía, moda y una perpetua atmósfera de contrastes.

Bañada y atravesada por sus característicos canales y el río Amstel, la capital de los Países Bajos es una ciudad de fachadas inclinadas y contraventanas, bicicletas, mercados, museos, parques… donde todo está al alcance de un pedaleo. Ámsterdam invita a disfrutarla sin prisas, sin agobios, y disfrutando de todo lo que ofrece.

Qué es imprescindible.

Recorrer el centro de Ámsterdam, datado principalmente en el siglo XVII, permite descubrir su corazón histórico. Con un breve recorrido a pie, aparecen la Plaza Dam —donde se encuentran el Monumento Nacional, en honor a las víctimas de la II Guerra Mundial, el Palacio Real y la Iglesia Nueva—. A solo unos pasos, se encuentran las Nueve Calles o las ‘Negen Straatjes’, como se las conoce en neerlandés. Con sus casas inclinadas de ladrillo, sus cafeterías, sus pequeños puentes y sus tiendas dedicadas al arte y al diseño, Reestraat, Hartenstraat, Gasthuismolensteeg, Berenstraat, Wolvenstraat, Oude Spiegelstraat, Runstraat, Huidenstraat y Wijde Heisteeg son las calles más fotogénicas de la ciudad.

Escena en Vondelpark, el parque más conocido de Ámsterdam. EFE/EPA/Koen van Weel.

Durante aproximadamente 25 meses, desde julio de 1942 hasta agosto de 1944, Ana Frank, sus familiares y la familia van Pels, vivieron escondidos de los nazis en un anexo secreto detrás de la empresa del padre de Ana, en la calle Prinsengracht 263. El lugar, convertido ahora en un museo llamado la Casa de Ana Frank, muestra el escondite donde vivieron las ocho personas, así como la memoria histórica de persecución hacia la población judía mediante imágenes, citas, objetos y el diario de Ana Frank, que escribió a escondidas con 13 años.

Canal y edificios antiguos del centro de Ámsterdam. Andrea Insa Marco.

Qué hacer.

Ámsterdam cuenta con 165 canales —los cuatro principales, Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht, forman parte del cinturón de canales del siglo XVII— y más de 1.500 puentes. Recorrerlos es una experiencia vital. Algunas empresas ofrecen recorridos estándar en embarcaciones grandes. Otra opción es alquilar tu propio barco y navegar por tu cuenta.

Uno de los reclamos principales de la capital neerlandesa —y del turismo erótico— era y es el Barrio Rojo. Lo más destacado son los escaparates iluminados con luces rojas tras los que ofrecen sus servicios trabajadoras sexuales, pero aquí también se encuentra el museo de la Prostitución y Casa Rosso, un teatro erótico.

Vondelpark es otra de las señas de identidad de la ciudad. Un pulmón verde cerca de Leidseplein con estanques, grandes espacios de césped idóneos para hacer un picnic, senderos y hasta 69 esculturas, una de ellas de Picasso.

Qué visitar.

Ámsterdam es una ciudad de museos: Rembrandt, Straat, Nemo, Madame Tussauds, Eye Film Institute, Foam…. Pero los principales —y más famosos— de arte se encuentran en Museumplein: el Rijksmuseum, el Van Gogh y el Stedelijk Museum.

Más de 8.000 obras representativas del arte y la historia de los Países Bajos cobran vida en el Rijksmuseum. No solo alberga la mayor colección de obras de Rembrandt del mundo, incluida ‘La ronda de noche’, sino también conocidos cuadros como ‘La lechera’ de Vermeer, ‘El autorretrato’ de Van Gogh, ‘El bebedor alegre’ de Frans Hals y ‘La Serenata’ de Judith Leyster, entre otros. Su colección incluye la cerámica de Delft, casas de muñecas de los siglos XVII y XVIII, y la biblioteca de historia del arte más grande del país.

‘Autorretrato con sombrero de fieltro gris’, ‘Los girasoles’, ‘El dormitorio en Arlés’ o ‘Almendro en flor’, son algunas de las obras de Van Gogh que pueden encontrarse en el museo homónimo. La colección completa ofrece 500 dibujos y 200 pinturas no solo del pintor neerlandés, sino también de otros artistas contemporáneos como Gauguin, Toulouse-Lautrec, Monet y Kees van Dongen, que permiten explotar la influencia de la obra de Van Gogh.

Para descubrir y experimentar el arte moderno y contemporáneo, el lugar de referencia es el museo Stedelijk. Con 90.000 piezas desde 1870 hasta la actualidad, su colección es considerada una de las mejores del mundo. Pollock, De Kooning, Newman, Kandinsky o Matisse, son algunos de los artistas expuestos en sus paredes.

Edificios, canales y puentes en el centro de Ámsterdam. Foto: Andrea Insa Marco.

Qué comprar.

Desde teteras hasta candados de bici, libros descatalogados, prendas de lujo y de segunda mano o semillas. De todo puede encontrarse en los mercados que pueblan Ámsterdam.
Flotando en el canal Singel sobre plataformas y barcazas, se extiende el mercado más turístico de la ciudad: el Bloemenmarkt o Mercado de las Flores. Data de 1862, cuando los viveristas llegaban a diario a la ciudad con plantas y flores para su venta. Hoy es un mercado fijo a rebosar de distintas variedades de flores, destacando los tulipanes, y bulbos.

En el centro de la ciudad, muy cerca del Barrio Rojo, está enclavado desde 1882 el mercado de las pulgas Waterlooplein, el más antiguo de Ámsterdam. Sus más de 300 puestos son una invitación a buscar y a regatear para lograr utensilios antiguos, gafas de sol, ropa ‘vintage’, discos usados o bicicletas.

 

 

Los sábados por la mañana, en el barrio de Jordaan, se monta el Noordermarkt, un mercado gastronómico en el que degustar productos de lujo como ostras y champán, entre puestos de pan de masa madre y alimentos ecológicos. Los lunes, el mercado se transforma en uno clásico de pulgas y antigüedades.

Durante seis días por semana (los domingos cierra), el famoso Albert Cuyp despliega sus más de 300 puestos de venta a ambos lados de la calle. Con flores, ropa, comestibles, chollos y rarezas a la venta, en este lugar se conoce el lado más caótico, multicultural y local de Ámsterdam.

Vista general de una calle de Ámsterdam. Foto: Andrea Insa Marco.

Qué comer.
Más allá de restaurantes, la mejor opción es probar los distintos puestos y locales callejeros de la ciudad y que permiten degustar pequeños bocados de la gastronomía neerlandesa.
Todo Ámsterdam está lleno de personas comiendo patatas fritas. Las más conocidas, las Manneken Pis Fries, lo son por su variedad de salsas: desde la mayonesa hasta la salsa de ajo o la de curry. Asimismo, en la ciudad también rebosan los Stroopwafel, un dulce tradicional que consiste en dos galletas finas, parecidas a gofres, rellenas de sirope de caramelo caliente.
En los pubs, la “tapa” más característica son los Bitterballen, unas bolitas de carne picada de vaca, caldo, harina y mantequilla fritas, aliñadas con perejil, sal y pimienta molida. Y, desde cafés hasta panaderías se encuentran porciones calientes de Appeltaart —tarta de manzana— con nata montada.
Otro plato fundamental en la gastronomía es la Rookworst, una salchicha ahumada de sabor intenso. Si se prefiere un plato de cuchara, la sopa de guisantes Erwtensoep, servida con pan de centeno y tocino ahumado, es la mejor opción.
Andrea Insa Marco.
EFE REPORTAJES

 

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