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Reducir a Hathaway a su rostro o a la sucesión de películas que protagoniza sería quedarse en la superficie. EFE/EPA/TOLGA AKMEN

A los 44 años, Anne Hathaway vive uno de los momentos más intensos de su vida. En apenas unos meses ha vuelto a ponerse en la piel de Andy Sachs en ‘El diablo viste de Prada 2’, se ha convertido en una estrella del pop para el cine con ‘Mother Mary’ y ha regresado al universo de Christopher Nolan con ‘La Odisea’.

A esta actividad profesional se suma el embarazo de su tercer hijo, anunciado en junio, y una renovada atención sobre su imagen, convertida en fenómeno viral por una apariencia que muchos consideran ajena al paso del tiempo.

Reducir a Hathaway a su rostro o a la sucesión de películas que protagoniza sería quedarse en la superficie. La actriz estadounidense, que ha pasado de ser la adolescente soñadora de ‘Princesa por sorpresa’ a una intérprete capaz de alternar musicales, dramas independientes, superproducciones y comedias, ha tenido que aprender a convivir con una fama que, en algunos momentos, se volvió contra ella.

Una niña de Nueva York con vocación de actriz.

Anne Jacqueline Hathaway nació el 12 de noviembre de 1982 en Brooklyn, Nueva York, en una familia en la que el teatro no era un territorio desconocido. Su madre, Kate McCauley, trabajó como actriz, mientras que su padre, Gerald Hathaway, ejercía como abogado.

Creció en Millburn, Nueva Jersey, junto a sus dos hermanos, y pronto encontró en la interpretación una vocación que terminaría marcando su vida. Su formación artística comenzó pronto. Participó en producciones teatrales y estudió interpretación en Nueva York, donde fue aceptada siendo adolescente en The Barrow Group, una compañía y escuela de teatro.

Mientras continuaba con sus estudios, empezó a acudir a audiciones y consiguió su primer papel importante en televisión en ‘Get Real’, una serie familiar emitida entre 1999 y 2000. Aquel trabajo fue la antesala de una oportunidad que cambiaría su carrera.

A los 44 años, Anne Hathaway vive uno de los momentos más intensos de su vida. EFE/EPA/CONNOR TERRY

En 2001, con apenas 18 años, fue elegida para interpretar a Mia Thermopolis en ‘Princesa por sorpresa’, la película de Disney dirigida por Garry Marshall en la que una adolescente descubre que es heredera del trono de un pequeño reino europeo.

La película, junto a Julie Andrews, convirtió a Hathaway en una estrella internacional. Su combinación de torpeza, humor y sensibilidad conectó con el público joven y fijó una imagen que la acompañaría durante años: la de una chica corriente que, casi de repente, descubre que está destinada a algo extraordinario.

Más allá del papel de heroína juvenil.

Tras el éxito de Disney llegaron títulos como ‘Ella Enchanted’ y ‘Princesa por sorpresa 2’, que consolidaron su popularidad. Pero Hathaway no quería quedar atrapada en el papel de heroína juvenil. Su carrera empezó a cambiar cuando aceptó personajes que la alejaban de aquella imagen amable.

En ‘Brokeback Mountain’ (2005), el drama de Ang Lee sobre el amor entre dos vaqueros, interpretó a Lureen Newsome, una mujer atrapada en un matrimonio marcado por el silencio y las convenciones sociales. Aunque su papel no era el central, la película le permitió entrar en un cine de mayor complejidad dramática.

Un año después llegó ‘El diablo viste de Prada’, el título que terminaría definiendo su relación con la moda y con varias generaciones de espectadores. Como Andy Sachs, una periodista recién graduada que empieza a trabajar para Miranda Priestly, la temida directora de una revista de moda interpretada por Meryl Streep.

La película se convirtió en un referente cultural y su vestuario, en una parte inseparable de su legado. Dos décadas después, el regreso de Andy en la segunda entrega ha devuelto a Hathaway a un universo que ayudó a consolidar su imagen pública.

Sin embargo, su trabajo más decisivo llegó en 2008 con ‘La boda de Rachel’, de Jonathan Demme. En ella interpretó a Kym, una joven marcada por la adicción y los conflictos familiares que regresa a casa para la boda de su hermana.

El papel, alejado del brillo de sus comedias, le valió una nominación al Óscar a mejor actriz y confirmó que podía sostener personajes incómodos y emocionalmente complejos.

En 2012 encadenó dos grandes producciones: ‘El caballero oscuro: la leyenda renace’, donde encarnó a Catwoman, y ‘Los miserables’, adaptación del musical en la que dio vida a Fantine.

Para este último papel perdió peso y se cortó el cabello, una transformación física que acompañó a una interpretación centrada en la vulnerabilidad de una mujer empujada a la pobreza. El trabajo le valió el Óscar a mejor actriz de reparto en 2013.
Un referente de moda en cada aparición pública.

Anne Jacqueline Hathaway nació el 12 de noviembre de 1982 en Brooklyn, Nueva York. EFE/EPA/JILL CONNELLY

La relación de Hathaway con la moda ha evolucionado en paralelo a su carrera. Durante sus primeros años en Hollywood, su imagen pública respondía a la de una joven estrella de Disney: vestidos románticos, estilismos clásicos y una elegancia discreta.

La interpretación de Andy Sachs la acercó al imaginario de las revistas de moda, aunque fue fuera de la ficción donde terminó desarrollando un estilo propio. En los últimos años, sus apariciones en alfombras rojas han ganado en riesgo y personalidad, con vestidos de alta costura, siluetas esculturales, transparencias y contrastes de color.
La colaboración con la estilista Erin Walsh ha contribuido a esa evolución y a convertir cada gira promocional en una sucesión de imágenes que circulan por redes sociales y medios especializados. En 2026, el regreso a ‘El diablo viste de Prada 2’ ha intensificado esa relación.

Hathaway ha vuelto a compartir espacio con Meryl Streep, mientras sus apariciones públicas han alimentado el interés por las prendas que elige. La moda, que en su película más icónica funcionaba como una herramienta de transformación, se ha convertido en una forma de expresión personal.

Adam Shulman y la vida lejos de los focos.

Hathaway mantiene una vida familiar relativamente discreta. Conoció al productor y diseñador de joyas Adam Shulman en 2008 y ambos se casaron en septiembre de 2012 en una ceremonia privada en California. Tienen dos hijos, Jonathan y Jack, y en junio de 2026 la actriz anunció que esperaba su tercer hijo.Aunque su trabajo la mantiene en el centro de la industria, ha hablado de la importancia de la maternidad y de cómo la llegada de sus hijos modificó su relación con la ambición profesional. En entrevistas recientes ha explicado que ya no concibe su vida con la misma concentración absoluta en el trabajo de sus primeros años de carrera.

El rostro viral y los rumores sobre la edad.

En los últimos meses, la conversación sobre Hathaway ha incorporado un elemento recurrente: su aspecto físico. Su rostro ha protagonizado numerosos comentarios en redes sociales, donde se ha especulado sobre posibles retoques estéticos a partir de fotografías y apariciones públicas.

La actriz abordó directamente el asunto en una entrevista con ‘Elle’ publicada en mayo de 2026. Explicó que el efecto de elevación que había mostrado en un vídeo se conseguía con dos pequeñas trenzas ocultas a la altura de las sienes y sujetas hacia atrás.

“Son solo dos trenzas”, explicó al responder a los rumores sobre un supuesto estiramiento facial. También señaló que las especulaciones estaban desviando la atención y que se estaban dando por ciertos procedimientos médicos que no había realizado.

Su respuesta no cerró el debate, pero sí dejó clara una cuestión: la imagen pública de una actriz no permite establecer qué tratamientos se ha realizado ni explicar por sí sola su apariencia.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

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