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Una tierra que desborda en Mi Museo Universitario La Salle

Liz Espinosa Terán, Chantal Moreno y Ana Tati

Hay tierras que se descubren a través de una obra de arte; hay arte que nace y se descubre caminando las tierras. En Mi Museo Universitario La Salle, el arte propuso detener el andar agitado un momento para mirar aquello que sucede mientras avanzamos: las huellas, los encuentros, las fracturas y las historias que deja el paso por un territorio. Así abrió sus puertas “Tránsitos. Una tierra que desborda”, exposición colectiva que reúne 100 piezas de 78 artistas y que forma parte del programa de Artes Visuales del 54 Festival Internacional Cervantino.

Más de un año atrás, “Tránsitos” era apenas una idea. Sandra Bárbara Zapiain Elizalde, coordinadora de Mi Museo Universitario La Salle, recordó durante la inauguración que el proyecto nació con la intención de compartir la Colección Universidad La Salle Bajío y tender, a través del arte, un puente entre la Universidad y la ciudad de León.

“El concepto de “transitar” comenzó a tomar forma desde el propio proceso de curaduría: entre Isis y el equipo de Mi Museo, visitamos espacios independientes, estudios y talleres de artistas, y ese recorrer se sumó a la investigación de la curadora. Desde el inicio lo supimos: a esta exposición la caracterizaría el desborde. Un desborde de talento, creatividad, técnicas, soportes, materiales y temáticas de 78 artistas que, de una u otra forma, han transitado por este territorio y que hoy comparten con la Comunidad Lasallista y con la ciudad de León su obra; y, a través de ella, su visión de nuestro entorno”, subrayó la maestra.

El punto de partida que da origen a Tránsitos. Una tierra que desborda es una pregunta sencilla, pero que abre múltiples caminos: ¿Cómo influye el tránsito por estas tierras en la práctica artística? A partir de ella, nació esta propuesta que no busca señalar una tierra específica, sino acercarse a ella desde la experiencia de recorrerla y habitarla. El territorio aparece como un espacio cambiante, atravesado por fracturas, fluctuaciones e inconsistencias, capaz de encontrarse con otros desbordes, explicó la curadora Isis Yepez.

Esos desbordes se hacen patentes en la diversidad de las obras y sus lenguajes: pintura, dibujo, gráfica, fotografía, audiovisual, instalación, paisaje sonoro y arte digital. De las 78 personas artistas participantes, 22 forman parte de la Colección Universidad La Salle Bajío y 56 son artistas invitados; algunos de ellos, orgullosamente egresados de las aulas de esta institución educativa.

Sus propuestas se articulan en tres núcleos: “Paisajes desplazados”, “Fricciones de lo público” y “Umbrales de lo íntimo”, donde dialogan distintas generaciones, procedencias y maneras de mirar, interpretar y habitar el territorio. Destaca también por ser un entretejido en el que Isis Yepez logra hacer que confluyan perspectivas intergeneracionales; entre ellas aparecen obras de artistas del siglo pasado como Olga Costa, José Chávez Morado, Jesús Gallardo, David Alfaro Siqueiros y Eloísa Jiménez; hasta quienes aún transitan estos caminos, tales como José Apaza, Paulina Quintana, Flor Bosco o Jan Hendrix.

Sobre ese cruce de senderos, habló en su mensaje, el Hno. Felipe Ocádiz Luna, Vicerrector de Bienestar Universitario, quien retomó el dicho popular “Arrieros somos y en el camino andamos”, desde una perspectiva positiva, para hablar de quienes cruzan y entrecruzan senderos, de quienes avanzan por rutas conocidas o encuentran otras que sorprenden.

“Artistas somos y en el camino andamos. El artista descubre en cada paso incontables contextos, incontables pretextos: texturas, colores, luces, sombras, historias… Historias que llenan y desbordan el corazón. Historias que les urge ser gritadas. O susurradas al oído. Historias recorridas en solitario. Historias vividas en Comunidad”, concluyó, no sin antes invitar a la ciudadanía a transitar la propuesta expositiva del MiM.

Cabe destacar que la experiencia se extiende más allá de las salas con un programa educativo y público que contempla visitas independientes, cuadernillos de actividades, recorridos dialogados, cursos, talleres, charlas, mesas de diálogo con artistas, noches de museo y sábados familiares. Después del protocolo, artistas, autoridades y representantes de medios de comunicación emprendieron un nuevo recorrido por las salas Flexi y Santander, donde se aloja esta muestra. Allí, las obras dejaron de ser piezas aisladas para formar parte de una conversación más amplia sobre el territorio y sus múltiples formas de ser habitado. Al final de la velada, cuando llegó el momento del brindis, “Tránsitos” ya había cumplido su primer propósito: reunir caminos distintos bajo un mismo techo que espera recibir a más y más almas andariegas y curiosas en esta exposición que permanecerá abierta del 28 de agosto al 27 de noviembre.

Lo que comenzó como una idea, ahora invita a detenerse, mirar y continuar. Porque quizá transitar una tierra también significa dejarse transformar por ella. Y quizá el arte, al final de cada camino, nos conmina a seguir descubriendo, expresando, creando, compartiendo y transitando en Comunidad.

Imágenes: Revista Q

 

 

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