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Comprender el sentido de las palabras nos da el poder de transformarlo para que éstas tengan un impacto positivo en nuestra vida. Foto: Pavel Danilyuk/Pexels.

Los vocablos que utilizamos para expresarnos crean realidades. Son el detonante de una cadena de reacciones bioquímicas que no solo impactan en la psique, sino también en el cuerpo a nivel orgánico. Por eso necesitamos detectar y desactivar aquellas que nos debilitan y fomentar las que expanden nuestro potencial, señala un investigador especializado en neurolingüista.

“El sentido de las palabras que utilizamos en nuestro diálogo
interno es el creador de la realidad que cada uno de nosotr@s experimentamos. Lo que pensamos es determinante, siendo menos relevante si lo decimos o escribimos”, señala Josep Soler, que se autodefine como un “arquitecto de la mente” y pone énfasis en elegir con acierto los ‘ladrillos’, es decir los vocablos, que utilizamos para edificar nuestras construcciones mentales.

Josep Soler (https://josepsoler.com/josep-soler) es especialista en neurolingüística (disciplina científica que estudia las bases biológicas y neurológicas del lenguaje) y en programación neurolingüística (PNL), técnica de desarrollo personal, que postula que los pensamientos, el lenguaje y el comportamiento pueden ser reprogramados para alcanzar metas personales.

De acuerdo con Soler, que describe sus ideas en su libro ‘El sentido secreto de las palabras’, “comprender el sentido de las palabras nos da el poder de transformarlo para que tengan un impacto maravilloso en nuestra vida y nuestro cuerpo, y nos permite liberarnos de antiguos patrones que condicionan nuestro pasado, nuestro presente y que determinan nuestro destino”.

Josep Soler Sala es neurolingüista, conferenciante internacional e investigador de la conexión mente-cuerpo-alma. Foto: archivo de autor.

Este neurolingüista señala que “para vivir de una nueva manera tenemos que pensar diferente de cómo hemos hecho hasta ahora; debemos distinguir nuestro diálogo mental interno de nuestra voz interior; y aprender a detectar aquellas palabras que están limitando nuestro infinito potencial y que podrían estar debilitando nuestro cuerpo, para liberarnos de ellas”.

Efectos psicológicos y orgánicos de nuestro discurso.

“Las palabras son el detonante de una cadena de reacciones bioquímicas que impactan en nuestra psique y en nuestro cuerpo, a nivel orgánico”, explica Soler en una entrevista con EFE.

“Tradicionalmente pensamos que usamos el lenguaje para describir la realidad, pero en realidad son las palabras las que dan forma a lo que ocurre, de manera que tienen la asombrosa capacidad de crear nuestra realidad”, puntualiza.

“Hasta que algo no es nombrado internamente por nosotros, por medio de determinadas palabras, eso no toma realidad en nuestra vida”, destaca.

Soler considera que el significado que le damos a aquello que ha ocurrido, es lo que lo convierte en nuestra realidad, ante la cual nuestro cuerpo responderá a nivel psicológico y orgánico.

Esto es algo que podemos comprobar observándonos a nosotros mismos, según Soler. “Por ejemplo, cuando nos sentimos mal a nivel emocional debido a algún suceso, es que previamente hemos nombrado de manera negativa aquello que ha sucedido”.
“Si he pensado algo terrible, mi cuerpo generará sensaciones muy desagradables. Si mi pensamiento ha sido catastrofista, se dispararán en mi cuerpo emociones tremendamente negativas”, explica.

“Esta conexión entre pensamiento, sentimiento y manifestación corporal ocurre sin que nos demos cuenta, más allá de nuestra voluntad de quererlo o no, y nos afectará de manera positiva o negativa, según haya sido nuestro pensamiento”, apunta.

“Si una persona de repente se siente mal, aunque solo sea ligeramente, es porque ha nombrado de manera limitante aquello que ha ocurrido en su vida”, recalca. Soler señala que lo más habitual es que este proceso sea inconsciente.

 

 

Sin embargo, “una vez que nos hacemos conscientes de este mecanismo y conocemos como funciona, podremos detectar la relación causa-efecto, entre la forma en que hemos nombrado un determinado hecho, y cómo las palabras que elegimos para nombrarlo nos afectan emocionalmente”.

Esa toma de conciencia “impedirá que esas palabras impacten en nuestro cuerpo nivel orgánico”, explica este neurolingüista.
Palabras dichas, pensadas, escritas.

Nos conviene usar aquellas palabras aliadas de nuestro bienestar y que nos ayudan a ser felices (“happy’, en inglés). Foto: Gpointstudio/Magnific.

Para Soler “la clave está en las palabras que pensamos, siendo menos relevante, si después las decimos o las escribimos”.
“El proceso neurolingüístico funciona desde dentro hacia fuera. Antes de decir o escribir algo, lo hemos procesado internamente, aunque no nos hayamos dado cuenta de ello”, señala.

No obstante, decir algo que pensamos ofrece un beneficio, y es que conduce a una toma de conciencia, de acuerdo con este experto.
Soler se refiere a que, “al expresar algo verbalmente, tenemos la oportunidad de escucharnos, lo cual no ocurre con el torrente de miles de pensamientos diarios que pasan por nuestra mente”.
Y “el beneficio será aún mayor si lo escribimos, porque eso facilitará definitivamente que nos demos cuenta de cómo influyen las palabras pensadas en nuestra realidad”, añade.
“¿Cuántas veces hemos escrito un mensaje o e-mail, y debimos corregirlo al darnos cuenta de un error o inconsistencia o estar disconformes con nuestra forma de expresarnos? Esto difícilmente ocurra con palabras pensadas porque ni siquiera nos damos cuenta de que las estamos procesando internamente”, enfatiza.
Soler propone, a modo de experimento, una tarea que puede ser ardua, pero aporta un gran beneficio. “Escriba lo que escucha dentro de su cabeza, es decir su diálogo mental, durante 15 minutos”, recomienda.
“Piense en una situación complicada en su vida ahora y después observe su diálogo mental, sin intentar adornarlo ni arreglarlo. Ese diálogo surge de su inconsciente: es el que está dando forma a su experiencia de realidad”, añade.
“Este experimento lo llevará a tomar conciencia del ‘maltrato’ interno que probablemente se está autoinfligiendo a diario”, advierte.
Frases que nos conviene evitar.
“Las palabras que usamos internamente nos debilitan o nos fortalecen. No hay un punto medio porque nuestro cuerpo siempre va a responder a lo que escucha y que proviene de nosotros mismos”, señala.
En ese sentido advierte que “debemos evitar las expresiones contradictorias, porque nuestro cuerpo no sabe manejar las contradicciones de la mente”.
Por ejemplo, la expresión “lo tengo que hacer”, debilita el sistema musculo-esquelético”, apunta.
De acuerdo con Soler “esas cuatro palabras son la evidencia de una contradicción interna”, refiriéndose a que “una parte nuestra quiere hacer algo y otra no quiere hacerlo”.

“Nuestro cuerpo no tiene una opinión. Su función principal es responder a lo que ‘escucha’ de nosotros, con la precisión de la que dispone. Cuando se le presenta una contradicción mental, entre dos partes nuestras, tratará de responder a ambas a la vez, pero lo hará de una manera que tiende a ser debilitante”, asegura.

Es importante detectar, en nuestro diálogo interno aquellas palabras que limitan nuestro potencial y podrían estar debilitando nuestro cuerpo. Foto: Gpointstudio/Magnific.

“Ante esta contradicción mental, la orden de hacer la tomará la cadena muscular, mientras que la orden de detener la acción, la recibirá el sistema articular. Si este tipo de mensaje se prolonga en el tiempo, y en función de la intensidad con la que vivamos la situación, llegará un momento en el que seguiremos efectuando esa acción, pero experimentando dolor”, explica.

Según este experto, existen otras palabras que nos conviene evitar, ya que pueden estar en la raíz de algún dolor que estamos experimentando en alguna parte del cuerpo.

Por ejemplo, “una persona a quién le duela la espalda debería eliminar de su diálogo interno palabras o frases como ‘peso’, ‘carga’, ‘no tengo apoyo’ o ‘yo solo’”, señala.
Por otra parte, “una persona que tiene dificultades digestivas de cualquier índole debería evitar nombrar situaciones con las siguientes palabras o expresiones: ‘indigerible’, ‘no lo tolero’, ‘no lo acepto’ o ‘ya no trago más’”, según añade.
Expresiones con efectos beneficiosos.

Por otra parte, hay palabras o expresiones ‘amigas de la felicidad’ cuyo uso nos conviene fomentar, como por ejemplo “me ocupo de esto hoy”, en lugar de decirnos a nosotros mismos “tengo que hacerlo”, como si estuviéramos destinados a llevar una carga pesada durante toda la vida, según este experto.

 

De acuerdo con Soler, otra frase con efectos positivos es la siguiente: ‘es exactamente como tiene que ser’.
“Para aspirar a un bienestar duradero, necesitamos comprender que las cosas suceden exactamente como tienen que ocurrir, tal y como si existiera un reloj cósmico de una inteligencia inimaginable que reorganiza todo lo visible”, recomienda.
Cambiar el enfoque de negativo a positivo.

“¿Qué debemos hacer cuando nos descubrimos a nosotros mismos a punto de proferir una palabra limitadora o debilitante?”, consultamos desde EFE a Soler.

Para este neurolingüista “se trata de una cuestión fundamental, que nos conduce a acceder a un conocimiento más valioso de lo que podemos imaginar”.

Soler explica que “nuestro diálogo interno está plagado” de lo que este experto denomina “errores de percepción”.
“Aunque parezca que seamos nosotros quienes lo decimos y lo escuchemos de nuestra propia voz, lo que escuchamos dentro de nuestra cabeza, no surge de nosotros mismos, ni es necesariamente cierto; de hecho, muchas veces no lo es”, apunta.

Vivimos rodeados de palabras, pero las que más afectan nuestra calidad de vida son aquellas que repetimos dentro de nuestra cabeza. Foto: Danny Lines/Unsplash.

¿Qué es nuestro diálogo mental?.

“Si escucho dentro de mi cabeza y con mi propia voz la frase ‘no valgo’, ¿es esto es cierto?; ¿lo convierte en una certeza el hecho de que haya aparecido infinidad de veces en nuestra mente, entre miles de pensamientos diarios, desde nuestra infancia…?”, reflexiona
La respuesta es un NO rotundo, según este especialista. Entonces, “¿si lo que escuchamos en nuestra mente no somos nosotros (nuestro yo), y además lo que dice no es cierto, ¿qué son esas palabras? y ¿qué están haciendo dentro de nuestra cabeza?” invita a reflexionar
“Lo que escuchamos en forma de diálogo interno, solo es un patrón de pensamiento que quizá que se venga repitiendo dentro de nuestra mente desde hace muchos años”, puntualiza.
Escuchar ese diálogo mental, pero dejando de darle crédito, nos da la oportunidad de liberarnos de ese patrón repetitivo de pensamiento, según Soler.
“Este proceso de ‘darnos cuenta’ de las palabras que pensamos se convertirá en evolución, libertad y bienestar a largo plazo en nuestra vida. También será beneficioso para las personas cercanas, porque nuestras palabras impactan en nuestro entorno humano” concluye Soler.
Ricardo Segura.
EFE – Reportajes

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