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El estilo ‘ladylike’ tiene su origen en los años 50. Foto cedida por Miphai

Tras varias temporadas dominadas por el minimalismo extremo, la estética deportiva y las tendencias fugaces nacidas en redes sociales, la moda recupera su estética más romántica de cara al verano: flores, lazos y brocados traen de vuelta a la escena de las tendencias el estilo ‘ladylike’.

La nostalgia, una vez más, se convierte en una poderosa herramienta creativa: el armario femenino vuelve a la elegancia relajada. El estilo ‘ladylike’ encuentra sus orígenes en los años cincuenta, de la mano de iconos como Audrey Hepburn, Grace Kelly o Jackie Kennedy.

Durante décadas representó una forma de vestir basada en la sofisticación discreta: vestidos estructurados, zapatos de tacón medio, perlas y bolsos clásicos. Hoy la industria rescata esos códigos, pero los libera de cualquier rigidez.
La nueva versión apuesta por siluetas fluidas, tejidos ligeros y prendas que no buscan impresionar a través del exceso, sino transmitir una sensación de armonía y permanencia a través de detalles que encarnen esta tendencia: bien en los estampados o en los accesorios.

El lazo como protagonista: la curiosa historia de ‘Charles & Keith’.

Pocas tendencias resumen mejor este regreso del romanticismo que la recuperación del lazo. Durante años permaneció asociado a una estética excesivamente clásica o infantil. Sin embargo, la industria ha conseguido reinterpretarlo hasta convertirlo en uno de los detalles más sofisticados del momento.

Ahora aparece en bailarinas, bolsos, vestidos, sandalias y joyería como un pequeño gesto capaz de transformar cualquier estilismo. Su consolidación también está estrechamente ligada a las redes sociales. La estética ‘coquette’, impulsada inicialmente por la generación Z, convirtió los lazos en un fenómeno viral que ha evolucionado hacia propuestas mucho más maduras.

Una de las firmas que mejor ha sabido interpretar este movimiento es Charles & Keith. La marca singapurense, fundada en 1996 por los hermanos Charles y Keith Wong, comenzó como una pequeña tienda de calzado en Singapur y hoy se ha convertido en un gigante internacional con presencia en más de treinta países.

Algunas firmas hacen de esta estética su sello. Foto cedida por LU by María

 

Su éxito reside en haber entendido una necesidad muy concreta del consumidor actual: encontrar piezas sofisticadas, femeninas y atemporales a precios accesibles. Lejos de los grandes logotipos, la firma apuesta por detalles refinados y líneas limpias que encajan perfectamente con la nueva corriente ‘ladylike’.

Los lazos, precisamente, se han convertido en uno de sus sellos de identidad. Bailarinas, zapatos destalonados y bolsos estructurados incorporan este elemento decorativo como símbolo de una feminidad contemporánea y relajada.
La notoriedad de la firma se disparó todavía más en 2022 gracias a un fenómeno viral inesperado. La creadora de contenido filipino-estadounidense Zoe Gabriel publicó un vídeo emocionándose tras recibir un bolso de Charles & Keith como regalo.

 

El contenido acumuló millones de reproducciones y abrió un debate internacional sobre el significado del lujo para las nuevas generaciones. Sin proponérselo, la firma encontró la herramienta de comunicación más poderosa de la actualidad: la conexión emocional a través de diseños que giran en torno a lazos, flores y pequeños detalles románticos.
Desde entonces, celebridades como Selena Gomez, Shakira, Nicole Scherzinger o distintas artistas del K-pop han incorporado piezas de la marca a sus estilismos, consolidando su imagen internacional.
Gran parte de este fenómeno tiene también una responsable indirecta: Sofia Richie Grainge. Desde su boda en la Costa Azul francesa, la empresaria se ha convertido en una de las mujeres más imitadas del panorama internacional. Vestidos sencillos, joyas discretas, colores neutros y prendas de líneas depuradas han dado forma a una estética que ha devuelto protagonismo a prendas clásicas que parecían olvidadas y ha impulsado una feminidad mucho más relajada.
Las flores en el eje central.

Las flores son uno de los grandes protagonistas de la temporada. Pero esta vez abandonan el papel secundario de simple estampado para adquirir una nueva dimensión. Aparecen bordadas, en relieve, confeccionadas a mano o convertidas en aplicaciones tridimensionales que transforman vestidos, blusas y faldas.

La naturaleza se convierte en refugio creativo en un momento donde la hiperconexión tecnológica domina gran parte de la vida cotidiana. La moda responde recuperando referencias orgánicas y artesanales que aportan una sensación de calma y autenticidad. La búsqueda de este tipo de piezas en plataformas de redes sociales ha crecido tanto, que el concepto se vuelve protagonista de muchas firmas.

Las flores son otro de sus signos distintivos. Foto cedida por Miphai.

 

Es el caso de la firma chilena Lu by María, que hace de este estilo su sello reconocible. María Luisa Cortés nació en Santiago de Chile y su formación se desarrolló entre América Latina y Europa, donde estudió diseño de vestuario y se acercó a los oficios manuales como la escultura y la orfebrería.

Tras años de trabajo con talleres y artesanos en Perú y Chile, en 2015 decidió crear LU, su propia firma, con el objetivo de llevar la alpaca y otras fibras nobles a un lenguaje actual y sofisticado.

Desde entonces, la marca ha crecido de manera sostenida, manteniendo la producción artesanal y priorizando la trazabilidad y la sostenibilidad, mientras conquista mercados internacionales en Europa y Estados Unidos.
Inspirada por los paisajes de Chile —del desierto de Atacama a la Patagonia, pasando por la majestuosidad de los Andes—, María Luisa convierte cada prenda en una pieza atemporal que combina elegancia, confort y respeto por la tradición, siempre desde un halo romántico que ha convertido en columna vertebral de sus creaciones.

Los colores se suavizan.

La paleta cromática también experimenta una transformación. El rosa empolvado, el amarillo mantequilla, el verde salvia, el azul humo, el beige o el marfil protagonizan gran parte de las propuestas de la temporada.

Son tonalidades serenas que facilitan las combinaciones y aportan luminosidad sin resultar estridentes. Incluso el negro se suaviza gracias a flores bordadas, tejidos satinados o pequeños detalles románticos.

La clave del nuevo romanticismo está en el equilibrio. No se trata de construir un estilismo íntegramente femenino, sino de introducir pequeños códigos dentro del armario habitual.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

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