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En otra de las obras vampíricas más conocidas, la novela gótica ‘Carmilla’ (1871), de Sheridan Le Fanu, también aparece como protagonista una mujer vampira, pero ese personaje femenino tiene los rasgos del monstruo depredador tradicional. Foto: Freepik.

En 1897, el mismo año que se publicaba el célebre Drácula, de Bram Stoker, veía la luz otra joya de la literatura vampírica injustamente olvidada pero que finalmente ha empezado a ser reivindicada en los últimos años: ‘La sangre del vampiro’, de Florence Marryat, obra escrita y protagonizada por mujeres.

La joven Harriet Brandt, hija de una mestiza acusada de brujería y de un científico loco, abandona su Jamaica natal para viajar por primera vez a Europa, recalando primero en un lugar de veraneo en la costa belga y estableciéndose después en Londres, donde se integra en la alta sociedad británica y con su atractivo exótico parece cautivar a todos los que la rodean.

A lo largo de los meses, Harriet irá dando muestras de su necesidad emocional de sentirse querida. Hasta que pronto un velo de recelo y oscuridad cae sobre ella, ya que aquellos en quienes deposita su amor o que se le acercan demasiado van perdiendo las fuerzas, parecen enfermar o incluso mueren, sin que los médicos puedan hacer nada para remediarlo.

Así, comienza ‘La sangre del vampiro’, una joya oculta de la literatura de terror, contemporánea del Drácula, de Bram Stoker, con la que la escritora Florence Marryat, enriqueció a finales del siglo XIX la mitología vampírica de manera sorprendente mediante una historia extraña en la que caben el ocultismo, la ciencia, la herencia y la reivindicación feminista.

Harriet, la joven jamaicana del libro ‘La sangre del vampiro’, “lleva el mal en la sangre” según la obra de Marryat.Foto: Freepik, generada con IA.

La sangre maldita de Harriet Brandt.

El texto de la británica Marryat fue eclipsado por la novela gótica y de terror escrita por el irlandés Stoker, y si bien existen algunas similitudes entre ambas obras, su vampiro es femenino y en lugar de beber la sangre de sus víctimas, drena su fuerza vital: la energía fundamental o impulso interno que anima, sostiene y da vida a los humanos y a todos los seres vivos.

Una de las primeras víctimas Harriet es una bebé, a la que la joven jamaicana cuidaba encantada, ajena a la maligna influencia que ejercía sobre la niña, que por su causa, acabará enfermando y muriendo.

El doctor Phillips, a quien Harriet visita poco después, revela que Harriet, huérfana desde los once años y criada en un convento
jamaicano hasta la mayoría de edad, es hija ilegítima de un cruel médico viviseccionista que experimentaba con sus trabajadores y de una malvada esclava mestiza, cuya abuela había sido mordida, estando embarazada, por un murciélago vampiro.

“Tales antecedentes llevan al doctor Phillips a concluir —revelando uno de los temas centrales de la novela— que Harriet lleva el mal en la sangre”, explica en una entrevista con EFE David Roas, crítico especializado en literatura fantástica y autor del prólogo de la edición en español de ‘The Blood of the Vampire’, de Marryat, publicada por RBA.

Phillips concluye que la joven “posee los atributos fatales del vampiro que influyó en el nacimiento de su madre, que la dotaron de la sed de sangre que caracterizó su vida. Esas propiedades la llevarán a aprovecharse de la salud y de la fuerza de todos aquellos con quienes establezca una relación estrecha”, según explica el prologuista.

Un monstruo que mata sin quererlo.

La joven huérfana jamaicana que protagoniza la obra de Marryat, es una vampira psiquica, que drena la fuerza vital de sus víctimas. Foto de Roxy Aln/Unsplash.

Pese a las muertes que causa de forma involuntaria (no es una depredadora en busca de alimento), en el relato su monstruosidad se atenúa, se humaniza. Aun así, la existencia de ese ser nunca se considera como algo normal, ya que sigue siendo percibida como algo imposible, que está más allá de nuestra concepción de lo real, con lo que sigue siendo un monstruo, añade Roas.

“Convencida de su culpabilidad y de que su vida no tiene sentido, Harriet ingiere un veneno. En su nota de suicidio, que cierra la novela, concluye, aceptando su terrible destino que sus padres han hecho que no sea apta para la vida, y que se irá a un mundo en el que la maldición de la herencia que le impusieron pueda erradicarse con misericordia”, apunta este especialista.

Florence Marryat (1833 –1899) fue una prolífica escritora británica, nacida en Brighton. Casada con un militar, también escritor y amigo de Charles Dickens, inició su carrera literaria en 1865 con la novela Love’s Conflict. Se dedicó al articulismo literario, fue editora de la revista London Society, desarrolló paralelamente su carrera como actriz, tuvo ocho hijos y falleció en Londres en 1899, según puntualiza su biografía.

“Sus más de ochenta obras (entre novelas, cuentos y obras de teatro) tratan muchas veces temas sensacionalistas, que la convirtieron en una escritora muy conocida, pero es con sus novelas sobre historias relacionadas con el mundo de lo oculto (como ‘El mensaje del muerto’ y ‘La sangre del vampiro’) que se consolida su reputación de gran escritora”, destaca Roas.

Una versión alternativa al clásico ‘chupasangre’.

Las versiones más habituales de los monstruos ‘chupasangre’, tanto masculinos como femeninos, se alimentan de la sangre de sus víctimas, que succionan al morderlas en el cuello. Foto de Mike Lloyd/Unsplash.

Este experto considera que “Marryat abordó el tema del vampirismo con originalidad, ya que Harriet, la protagonista, no responde a los códigos ya habituales del monstruo ‘chupasangre’, pues es una vampira psíquica (o energética), un ser que absorbe la energía vital de las personas a las que ama, ya sean adultos o incluso simples bebés”.

“Así, sin renunciar a la dimensión fantástica del monstruo (no es posible explicar de forma racional cómo Harriet provoca esas muertes), Marryat opta por darle otra encarnación, que, además, combinará con algunas de las preocupaciones sociales y científicas dominantes en la época victoriana: el racismo, el determinismo biológico y la eugenesia”, puntualiza Roas.

En relación con las fuentes, hechos o conocimientos en los que podría haberse inspirado la autora para escribir ese libro, Roas señala que “por lo que se deduce de la novela y algunos de los pocos estudios académicos sobre ella, Florence Marryat se inspira en las ideas que estaban desarrollándose en la época victoriana en torno sobre todo a la eugenesia y el atavismo”.

Ideas victorianas retrógradas y feminismo pionero.

Roas se refiere a una serie de estudios victorianos “sobre los rasgos físicos y psicológicos vinculados a la raza, que analizaban desde una perspectiva racista, el comportamiento de la población no blanca y su supuesta situación ‘inferior’”, según puntualiza.

La joven Harriet Brandt, es hija de una mestiza acusada de brujería y de un científico loco, según el libro ‘La sangre del vampiro’, de Florence Marryat, publicado en 1897, una joya oculta de la literatura vampírica, contemporánea de Drácula. Foto: Kwesi Badu- Pexels.

Roas aclara que “esto no quiero decir que Marryat defendiera aquellas ideas victorianas, sino que el tratamiento que en su libro le dan a la protagonista, Harriet, la mayoría de los personajes blancos es evidentemente racista. A lo que hay que añadir, por supuesto, que la protagonista sea una mujer”.

“A todo ello hay que añadir, como posible fuente de inspiración de ‘La sangre del Vampiro’, la literatura fantástica y gótica que Marryat quizá pudo leer, sobre todo la novela `Carmilla´ (1871), de Sheridan Le Fanu, cuya protagonista es una vampira, rompiendo de ese modo con la tradición precedente”, añade.

Roas atribuye el que Marryat haya elegido a mujeres como protagonistas de su libro de 1897, por un lado, al “evidente feminismo que baña toda la novela”.

“Como explico en el prólogo, Harriet es una mujer marginada por su origen social y su raza (es mulata), una mujer que ha sido despojada de cualquier control sobre su vida”, continúa.

“Todo está en su contra, a excepción de su amado Anthony Pennell, un socialista a favor de la igualdad de género (otra marca de la modernidad de Marryat)”, enfatiza.

Extractora de energía, en lugar de sangre.

En 1897 se publicó el célebre Drácula, de Bram Stoker, libro que se convirtió en el gran clásico de la literatura vampírica, eclipsando a otras obras que abordaron una temática similar. Foto de Tim Alex/Unsplash.

Rosa señala que “aunque Harriet no pueda librarse de ver en el matrimonio la culminación de su vida -reflejo evidente del pensamiento patriarcal dominante en su época-, su historia trasluce las tensiones sobre los roles de género que se estaban desarrollando a finales del siglo XIX”.

Añade que “en Harriet también se refleja de forma muy clara el concepto de ‘Nueva Mujer’ que surge a finales del siglo XIX en la Inglaterra victoriana”.

“Por otro lado, y vinculado al anterior, también es innovador en esta obra, el que, además, de ser una mujer vampira, la protagonista sea una vampira `psíquica´, es decir, que no bebe la sangre de sus víctimas sino su energía y no de forma voluntaria: absorbe la energía de la gente que ama y está junto a ella, lo cual supone otra maldición”, argumenta.

“De ese modo, Marryat se aleja del modo tradicional, folclórico del vampiro, que también estaba presente en la novela de Sheridan Le Fanu. Eso la da aún mayor originalidad y novedad”, concluye este crítico especializado en literatura fantástica.
Daniel Galilea.
EFE – Reportajes

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