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Thermopolium. Tiendas de comida, panaderías… la erupción del Vesubio enterró Pompeya y Herculano, una catástrofe natural que, en contrapartida, permitió reconstruir y conocer fielmente la vida cotidiana en las ciudades romanas del siglo I. (Foto: Amalia González/ EFE)

La mayoría de sus aproximadamente 20.000 habitantes —sobre todo mercaderes y patricios propietarios de lujosas villas— lograron huir días antes, ante la posibilidad de erupción. Sin embargo, los más confiados o rezagados, unos 2.000 murieron asfixiados tras las sucesivas oleadas de gases tóxicos.

Pompeya fundada en el siglo VI a.C. en adelante, cerca de la desembocadura del río Sarno, en plena falda del Vesubio, y muy cerca del mar, fue destruida a causa de la explosión del volcán que cubrió aquella ciudad próspera de lava, piedras, cenizas y humo. Aquella catástrofe acabó con una importante parte de su población. La ciudad se encontraba en muy buen estado pues acababa de ser rehabilitada precisamente después de haber quedado destruida por un gran terremoto en el año 63 d.C.

Muchas personas huyeron los días previos, pero otras que demoraron un poco la huida quedaron atrapadas en sus propias casas a causa del derrumbe de los tejados, mientras que las que intentaban escapar a pie murieron debido a los gases tóxicos que emitía el volcán.
El Vesubio enterró también a la vecina Herculano, villa fundada por Hércules según la tradición mitológica, de orígenes griegos, siglo VI a C. testimoniados por los pocos restos de las murallas más antiguas y por la organización urbana, con cardos y decumanos, y villa que después de la conquista romana se transformó en un municipio. Fue un centro de veraneo señorial con numerosas villas patricias dominando sobre las demás edificaciones.

Todavía convaleciente del terremoto que devastó la Campania, en el 79 fue arrollada por un inmenso rio de fango hirviente y detritos producidos por la erupción del Vesubio que la invadió completamente. Es posible que la población tuviera tiempo de intentar la fuga por mar, pero fue repelida en la costa por un violento maremoto como lo atestiguan los restos humanos y de embarcaciones hallados sobre todo el litoral. Cuando acabó la erupción, Herculano quedó cubierta de una densa capa de fango en algunos puntos de más de 10 metro de altura. Abandonada por los habitantes, la ciudad no fue reconstruida desarrollándose en esa zona la ciudad de Resina.

Pompeya, Foro y al fondo el Vesubio. Agosto 2026. Foto Amalia González. EFE

En menos de 48 horas, ambas ciudades fueron sepultadas bajo una espesa capa de piedras, arena y cenizas que duró tres días que dejó ambas ciudades en el olvido. Pompeya permaneció oculta hasta que en el siglo XVI cuando fue redescubierta gracias a las obras de desviación del río Sarno. Sin embargo, los trabajos arqueológicos no comenzaron hasta mediados del s. XVIII , cuando en 1748, a instancias del entonces joven rey de Nápoles, Carlos de Borbón ( después Carlos III de España).

En los trabajos arqueológicos se recuperaron esqueletos recubiertos de piedra pómez. También se obtuvieron moldes de otros cuerpos rellenando con escayola líquida los huecos dejados por los cadáveres descompuestos, los cuales quedaron sellados por la compresión que ejercieron las cenizas.

La sorprendente conservación de Pompeya —con cientos de utensilios, pinturas murales, frescos, mosaicos y gran parte de su arquitectura con villas, tiendas y calles— se debió paradogicmente a que sus cenizas actuaron como un sello hermético hasta que a mediados del siglo XVIII comenzaron las primeras excavaciones llevada a cabo por la monarquía Ilustrada.

En contrapartida, también permitió reconstruir y conocer fielmente para la Historia la vida cotidiana en la antigua Roma. Se conservaron el ambiente y los detalles urbanísticos de la ciudad. Un ejemplo de ello son los frescos y escritos que hace dos mil años decoraban una de sus céntricas calles, o los mensajes de respaldo político a los candidatos que poco antes de la tragedia se medían en las elecciones. Hoy es posible revivir la vida en Pompeya antes de que la erupción del Vesubio acabara con esta antigua ciudad del golfo de Nápoles.

Fechar la erupción en otoño y no en verano, en agosto, se basa en la aparición de nuevas pruebas que así lo sugieren: restos de frutos carbonizados como higos, castañas o nueces en Herculano, más propios del otoño o grandes vasos cerámicos repletos de uva de la vendimia, que se recoge en el mes de septiembre. Lo que ya remataría esta fecha sería el hallazgo de braseros con cenizas de su uso que indica que las noches ya eran frías. Un debate que arrastra desde el siglo XX gracias a los avances tecnológicos en las investigaciones históricas, que se inició a raíz de la localización de un denario durante las excavaciones de la Casa del brazalete de oro en los setenta. Su estudio concluyó que fue acuñado no antes de septiembre de ese año 79.

Vista de Pompeya, sepultada por la erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79. Foto Amalia González. EFE

Las copias de la carta que Plinio el joven al historiador Tácito: “Nonum Kal. Septembres hora fare septima” (El noveno día antes de las calendas de septiembre, a séptima hora).

El Museo Arqueológico de Nápoles guardián de Pompeya

Para proteger las obras del clima y de los saqueos del siglo XVIII, el rey de Nápoles —que gobernó aquel territorio durante casi 25 años antes de heredar de la línea de su padre, Felipe V, el trono de España como Carlos III— ordenó trasladar los mejores hallazgos al Museo de Nápoles. Hoy en día, este lugar custodia la colección de arte romano más importante del mundo, destacando estas piezas extraídas directamente de Pompeya

 

El Mosaico de Alejandro Magno: Es un gigantesco mosaico de suelo extraído de la Casa del Fauno. Está hecho con casi un millón de diminutas piedras pulidas. Muestra con enorme detalle y realismo la batalla de Isos entre Alejandro Magno y el rey persa Darío III.
El Retrato de Paquio Próculo y su esposa: Uno de los frescos más famosos del mundo. Muestra a un matrimonio de comerciantes de Pompeya. Él sostiene un papiro y ella una tablilla de cera para escribir, lo que demuestra que la clase media de la ciudad sabía leer y escribir y que las mujeres romanas de un matrimonio de cierto nivel tenían la misma relevancia y presencia por lo menos de cara al exterior.
El Fauno Danzante: Una pequeña pero perfecta estatua de bronce que decoraba el estanque de la casa más lujosa de la ciudad. Representa a una deidad de los bosques bailando de forma alegre pero con una delicadeza en la ejecución extraordinaria.

El Gabinete Secreto : Una sección especial del museo que reúne las pinturas de los burdeles – lupanares- estatuas y amuletos con formas fálicas. En Pompeya, estos objetos no solo ran eróticos, sino que se usaban en las puertas de las tiendas y casas como símbolos de buena suerte para espantar el mal de ojo.

Flora de Estabia, (en Villa de Arianna) localidad cerca de Pompeya. Muestra a una figura femenina de espalda, caminando descalza con una elegancia etérea mientras recoge flores, simbolizando el renacer de la primavera. Como toda la costa, Estabia también quedó sepultada bajo la ceniza del Vesubio lo que permitió que la pintura se conservara intacta. (Foto: Amalia González / EFE)

Flora de Estabia. Este bello fresco, hallado muy cerca de Pompeya, en la Villa de Arianna (Estabia) y custodiado en el museo, muestra a una figura femenina de espalda, caminando descalza con una elegancia etérea (casi flotando) mientras recoge flores, simbolizando el renacer de la primavera. Aunque popularmente se la asocia con el arte pompeyano por la cercanía y por el estilo, el fresco de Flora procede de Stabiae, pequeña población romana a unos 6 kilómetros al sur de Pompeya donde se encontraban lujosas residencias de campo de los patricios romanos. El fresco fue descubierto en las excavaciones del siglo XVIII decorando una habitación pequeña (un cubiculum). Como toda esa zona costera, Estabia también quedó sepultada bajo la ceniza del Vesubio lo que permitió que la pintura llegara intacta hasta nosotros al quedarse en este caso a salvo de la ceniza.

El museo guarda estanterías enteras con objetos del día a día, platos de plata, joyas de las mujeres patricias, pan completamente carbonizado por el volcán, frutos secos, instrumental médico de bronce (como bisturís y pinzas), hilos de tejer … Una joya en un bello palacio barroco napolitano, imprescindible conocer para revivir Pompeya.
Amalia González Manjavacas
EFE REPORTAJES

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