Tamaño de texto-+=
Compartir:
Aunque la sostenibilidad ocupa buena parte de su discurso público, Stella McCartney insiste en que la moda debe seguir siendo divertida. EFE/EPA/SARAH YENESEL

Formada en Central Saint Martins y sucesora de Karl Lagerfeld en Chloé, Stella McArtney construyó una identidad propia a partir de una decisión que en los años noventa parecía casi una excentricidad: hacer lujo sin cuero ni pieles. En 2026, esa apuesta se ha convertido en uno de los discursos centrales de la industria.

Stella McCartney, hija de Paul McCartney, sigue siendo una de las voces más reconocibles de la moda responsable y, al mismo tiempo, su trayectoria demuestra que el apellido McCartney puede abrir puertas, pero no basta para sostener una carrera.
Stella Nina McCartney nació en Londres en 1971, segunda hija de Paul y Linda McCartney. Creció en una familia extraordinariamente famosa, pero también marcada por la vida rural: los McCartney vivieron en Escocia, donde Stella desarrolló desde niña una relación estrecha con los animales y con la naturaleza.

La diseñadora ha explicado algunas veces que su infancia no transcurrió exactamente como podría imaginarse desde fuera. En una entrevista con British Vogue recordó su paso por escuelas públicas y su llegada a Londres en tren para realizar unas prácticas en Vogue, donde se encontró con un universo social muy diferente al suyo.

La moda no fue una imposición familiar. De hecho, Stella llegó a plantearse diferentes caminos antes de decidirse por el diseño. Durante su adolescencia realizó prácticas con Christian Lacroix y posteriormente pasó por British Vogue, antes de estudiar en Central Saint Martins. “Pensé: ‘Cuando termine, seré diseñadora de moda'”, recordó en British Vogue al hablar de aquellos años.

Imagen de archivo de Paul McCartney y su hija Stella. EFE/ANDY RAIN[]

El apellido que abre puertas, pero también las complica.

Si hay una etiqueta que ha acompañado a Stella McCartney desde el principio es la de “hija de”. Ella misma ha abordado públicamente esa cuestión y, en 2024, durante el encuentro Forces of Fashion de British Vogue celebrado precisamente en Central Saint Martins, bromeó sobre ello: “Sé que soy la primera hija de famoso, lo siento”.

Pero también explicó que su posición no le evitó tener que demostrar constantemente su capacidad. Cuando asumió la dirección creativa de Chloé con solo 25 años, después de Karl Lagerfeld, la reacción fue inmediata. Lagerfeld había cuestionado públicamente que la casa hubiera elegido a alguien procedente de una familia de músicos y no de la moda.

McCartney reconoce ahora que fue “muy ingenua” y que pensaba que nadie prestaría demasiada atención a su llegada a Chloé. Se equivocó. Sus diseños de finales de los noventa y principios de los 2000 se han convertido, con el regreso de aquella estética, en algunas de las piezas más buscadas de su trayectoria.

Chloé y el nacimiento de una firma.

En 1997 sustituyó a Lagerfeld al frente de Chloé. Fue allí donde comenzó a desarrollar una combinación que acabaría definiendo su carrera: feminidad, sastrería, sensualidad y una actitud relajada.

Pero también introdujo una condición que entonces resultaba poco habitual en una gran casa: no quería utilizar cuero ni pieles. “Mi madre llevaba Chloé en los setenta, así que eso estaba flotando por casa”, explicó a la periodista Dana Thomas.

 

 

Cuatro años después, en 2001, lanzó su firma homónima. Desde el principio decidió mantener la misma política de materiales, incluso cuando eso suponía enfrentarse a una industria que consideraba el cuero prácticamente imprescindible para el lujo.

Si hay una etiqueta que ha acompañado a Stella McCartney desde el principio es la de “hija de”. EFE/EPA/NEIL HALL

Su primera colección de graduación ya anticipaba esa personalidad. En 1995 presentó una mezcla de sastrería masculina y vestidos femeninos de corte al bies, con Kate Moss, Naomi Campbell y Yasmin Le Bon entre las modelos. Su padre compuso para aquel desfile una canción titulada ‘Stella May Day’.

La moda sin cuero como rebeldía y bandera.

La sostenibilidad no llegó a Stella McCartney como una estrategia de comunicación posterior, sino como una premisa de diseño. Desde la creación de la firma ha rechazado el uso de cuero y pieles, y ha buscado alternativas vegetales, recicladas y de nueva generación.
En 2018 explicaba a The Guardian que solo una pequeña parte de la ropa se reciclaba y reclamaba una transformación profunda del sistema de producción. Su posición también le ha llevado a enfrentarse a algunas contradicciones de la industria.

En 2019, en una entrevista con Vogue, defendía que las alternativas al cuero no debían presentarse de manera simplista como soluciones perfectas y reclamaba mayor transparencia.

Años después, la investigación de materiales se ha convertido en uno de los pilares de su trabajo: cuero elaborado a partir de micelio, lentejuelas de origen biológico o tejidos desarrollados con proteínas de levadura forman parte de su búsqueda de alternativas.
‘Falabella’, el bolso que cambió las reglas.

Entre sus grandes éxitos comerciales destaca Falabella, lanzado en 2010. Su característica cadena metálica y su construcción en material alternativo al cuero ayudaron a demostrar que un bolso de lujo podía tener éxito sin recurrir a piel animal.
La cuestión era también estética. Cuando Dana Thomas examinó uno de aquellos bolsos, McCartney le preguntó: “¿De verdad alguien sabe que no es cuero?”. La respuesta comercial fue contundente y contribuyó a desmontar la idea de que la ausencia de cuero implicaba necesariamente renunciar al lujo.

La figura de Linda McCartney ocupa un espacio esencial en el imaginario de Stella. Fotógrafa, música y activista por los derechos de los animales, murió en 1998, cuando Stella tenía 26 años.

Su madre aparece constantemente en sus colecciones, no solo como recuerdo familiar, sino como referencia estética. En 2024, durante una colección presentada en París, Stella explicó a The Guardian que “todo lo que hago está inspirado en el armario de mamá”. Incluso incorporó un motivo inspirado en el sendero del jardín de la casa familiar.

Su padre también aparece de forma recurrente. En 2016, cuando presentó su primera colección masculina, recuperó una camisa inspirada en una que pertenecía a Paul. “Cuando era más joven pensé que era de mi madre, pero cuando descubrí que era de mi padre supe que tenía que incluirla”, explicó a British Vogue.

Stella McCartney, hija de Paul McCartney, sigue siendo una de las voces más reconocibles de la moda responsable. EFE/EPA/JUSTIN LANE

Madonna, Meghan Markle y las grandes ocasiones.

Aunque su discurso se ha asociado principalmente a la sostenibilidad, McCartney nunca ha dejado de formar parte del circuito de la alta moda y las celebridades. Ha vestido a Madonna para su boda con Guy Ritchie y a Meghan Markle para la recepción posterior a su boda con el príncipe Enrique, entre otros grandes nombres.

Su capacidad para unir glamur, sastrería y una sensibilidad contemporánea le ha permitido mantenerse en un territorio muy particular: el de una moda de lujo que intenta cuestionar los materiales tradicionales del lujo.
También ha colaborado con Adidas y otras compañías deportivas, llevando sus principios sobre materiales y producción a categorías alejadas de la pasarela.

El humor como seña de identidad.

Aunque la sostenibilidad ocupa buena parte de su discurso público, Stella McCartney insiste en que la moda debe seguir siendo divertida. “Siempre intento introducir algo de humor en mis diseños”, explicaba a British Vogue al hablar de su primera colección masculina.
También defendía que sus prendas debían ser versátiles y capaces de funcionar para personas de diferentes edades y estilos. Ese sentido del humor también aparece en sus desfiles, en los que la conciencia medioambiental convive con referencias culturales, animales, música y elementos autobiográficos.

En marzo de 2026, Stella McCartney celebró los 25 años de su firma con un desfile que funcionó prácticamente como una autobiografía. El caballo volvió a ocupar un lugar central, en referencia a su amor por estos animales y a una relación que ya había llevado a la pasarela en temporadas anteriores.

El último conjunto llevaba una frase inequívoca: “My dad is a rockstar”. El mensaje podía parecer una nueva reivindicación del apellido, pero en realidad condensaba una relación familiar que lleva décadas apareciendo en su trabajo.
La colección utilizó un 93 % de materiales considerados sostenibles y presentó nuevas investigaciones, entre ellas prendas de punto elaboradas con proteínas procedentes de levadura, vaqueros reciclados fabricados sin desperdicio de agua y alternativas al cuero desarrolladas mediante fermentación.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

 

Compartir: