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El sol, el cloro y la sal pueden alterar la barrera cutánea y favorecer la pérdida de agua. Foto cedida por KBeauty

El calor, la radiación solar, el cloro de las piscinas, la sal del mar y el aire acondicionado someten a la piel a un estrés continuo durante el verano: en muchas ocasiones, el problema está en la barrera cutánea, y recuperarla se ha convertido en una de las grandes prioridades de la cosmética actual, especialmente de la coreana, que sitúa la protección de la piel por delante de cualquier objetivo antiedad o iluminador.

“La función barrera es el eje de la ‘K-beauty’: protege la piel y evita la pérdida de agua”, explica Miriam Molina desde Usu Cosmetics, firma puntera en rescatar el saber hacer coreano para la piel en fórmulas que protejan esta barrera cutánea.

Durante años, el cuidado facial se centró en exfoliar, renovar y estimular la piel. Sin embargo, la investigación dermatológica y la filosofía de la ‘K-beauty’ han cambiado el enfoque: antes de buscar luminosidad o combatir las arrugas, la prioridad es mantener intacta la función barrera.

Esta capa más externa de la piel, conocida como estrato córneo, actúa como un escudo frente a las agresiones externas y evita la pérdida excesiva de agua. Cuando se altera, aparecen síntomas como tirantez, sensibilidad, enrojecimiento o descamación.
Piel seca no significa piel deshidratada.

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que cualquier sensación de tirantez responde a un déficit de grasa. La especialista recuerda que muchas personas confunden una piel seca con una piel deshidratada, cuando en realidad se trata de situaciones muy distintas.
Existen síntomas que alertan de una barrera dañada: “escozor al aplicar productos, rojeces persistentes, descamación, sensibilidad al frío o al calor, tirantez inmediata tras la limpieza o reacción a activos antes bien tolerados”.

La piel seca es un tipo de piel con menor producción natural de sebo, mientras que la deshidratación es un estado temporal provocado por la pérdida de agua. Por eso, una piel grasa también puede estar profundamente deshidratada.

 

 

Las señales son relativamente fáciles de identificar: líneas finas más marcadas, maquillaje que se cuartea, tacto rugoso, pérdida de confort o un brillo apagado que no debe confundirse con luminosidad.

La hidratación no consiste solo en aportar agua.

Uno de los conceptos que más fuerza ha cobrado en dermatología durante los últimos años es el de la pérdida transepidérmica de agua, conocida por sus siglas en inglés, TEWL. En palabras sencillas, explica la cantidad de agua que la piel pierde continuamente hacia el exterior.
Por ello, hidratar correctamente no significa únicamente aplicar ingredientes que aporten agua, sino evitar que esa humedad se evapore. “La hidratación facial real no depende solo de aplicar productos hidratantes, sino de la capacidad de la piel para retener agua y evitar que se pierda”, señala Miriam Molina.

La experta resume así la filosofía coreana: “Antes de añadir, hay que evitar la pérdida de hidratación”.

Hidratar y humectar no son lo mismo.

La cosmética ha popularizado términos que muchas veces se utilizan como sinónimos pese a no significar lo mismo. “Uno de los errores más habituales en el cuidado facial es pensar que hidratar y humectar son exactamente lo mismo”, explica la responsable de comunicación de Usu Cosmetics.

Los humectantes —como el ácido hialurónico, la glicerina o la ectoína— atraen agua hacia la piel y ayudan a mantener flexible el estrato córneo. Sin embargo, ese paso por sí solo resulta insuficiente.

“Si esos ingredientes no se combinan con emolientes u oclusivos, el agua puede evaporarse rápidamente, especialmente en ambientes secos o con aire acondicionado”, advierte. De ahí que la rutina coreana combine diferentes capas de productos con funciones distintas.
El error más frecuente con el ácido hialurónico.

Pocos ingredientes disfrutan de tanta popularidad como el ácido hialurónico, aunque también figura entre los peor utilizados. “Aplicarlo sobre piel completamente seca y sin una crema posterior puede aumentar la sensación de tirantez, especialmente en pieles deshidratadas”, explica Molina.

La forma correcta consiste en extenderlo sobre la piel ligeramente húmeda y sellarlo después con una crema hidratante. Ese sistema por capas permite mantener la hidratación durante más tiempo sin aportar una sensación grasa o pesada.

Los tres pilares de una buena hidratación.

Según la filosofía de la ‘K-beauty’, una rutina eficaz debe combinar tres mecanismos complementarios. “Una rutina hidratante realmente completa cubre los tres, y ahí es donde la cosmética coreana tiene una ventaja de origen: sus texturas están diseñadas para superponerse sin asfixiar”, afirma Miriam Molina.

El primero corresponde a los humectantes, encargados de atraer agua hacia la piel. Después aparecen los emolientes, como las ceramidas, el escualano o determinados aceites vegetales, cuya función consiste en reforzar la barrera y devolver confort.

Finalmente intervienen los oclusivos, que crean una película ligera para reducir la pérdida transepidérmica de agua. “Una crema bien formulada suele cubrir al menos dos de los tres mecanismos y una rutina hidratante completa combina los tres: humectantes para atraer agua, emolientes para reforzar la barrera y oclusivos para evitar la evaporación”, resume.

Los hábitos que pueden arruinar cualquier rutina.

No siempre hace falta utilizar cosméticos agresivos para alterar la barrera cutánea.

Existen pequeños gestos cotidianos también pueden debilitarla: ducharse con agua demasiado caliente, exfoliar la piel con excesiva frecuencia, combinar demasiados activos a la vez o cambiar continuamente de rutina.

También influye introducir demasiado rápido ingredientes como el retinal o los alfa-hidroxiácidos sin permitir que la piel se adapte progresivamente. Otro error frecuente consiste en abandonar la protección solar cuando termina la jornada de playa o piscina.
La radiación ultravioleta continúa siendo uno de los principales factores que deterioran la función barrera y aceleran la pérdida de hidratación.

Cada piel necesita una estrategia diferente.

Aunque el objetivo sea siempre conservar el agua dentro de la piel, las texturas cambian según cada necesidad. Las pieles grasas funcionan mejor con esencias ligeras, sérums acuosos y cremas en gel, mientras que las secas agradecen fórmulas más nutritivas con ceramidas y ácido hialurónico de distintos pesos moleculares.

Las pieles sensibles necesitan rutinas minimalistas, con pocos activos y gran protagonismo de ingredientes calmantes como la centella asiática, el pantenol o las propias ceramidas.

En el caso de la piel madura o la menopausia, los expertos recomiendan reforzar especialmente la reposición lipídica, ya que la producción natural de ceramidas, colágeno y ácido hialurónico disminuye con la edad.

La barrera también necesita tiempo.

Frente a la inmediatez que promete parte de la cosmética, los especialistas recuerdan que reparar una barrera dañada exige paciencia. “La recuperación no es inmediata: una barrera dañada requiere constancia, simplicidad y tiempo para estabilizarse”, explica Miriam Molina.
La recomendación pasa por simplificar temporalmente la rutina, utilizar limpiadores suaves con pH fisiológico, suspender exfoliantes y activos intensos durante unas semanas e incorporar ingredientes reparadores como ceramidas, pantenol, niacinamida o aminoácidos.
Siguiendo una rutina adecuada, la piel suele necesitar entre cuatro y seis semanas para recuperar plenamente su función barrera.
Porque, en realidad, hidratar la piel en verano va mucho más allá de aplicar una crema. Significa conservar intacto el escudo natural que protege la piel cada día frente al sol, el calor y todas las agresiones propias de la estación.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

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