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Ligado a la primavera y al verano, el amarillo en sus tonalidades más suaves será también una constante en otoño. Cedida por MBFWM

El otoño mantiene su tradicional paleta de marrones, burdeos y verdes, pero las pasarelas de la temporada amplían el espectro con tonos más intensos como el azul eléctrico, el morado, el turquesa y el rojo, además de amarillos y melocotones que rompen con la sobriedad asociada habitualmente a los meses fríos.

Los desfiles otoño-invierno 2026 apuntan así a una temporada en la que los colores naturales conviven con tonalidades saturadas y combinaciones menos previsibles.

El azul eléctrico, el rojo, el amarillo mantequilla, el morado, el burdeos, el turquesa y el melocotón entre los principales tonos de la temporada, a partir de las propuestas presentadas por firmas como Celine, Jil Sander, Chanel, Miu Miu, Valentino o Balenciaga.
El marrón como nuevo fondo.

El oliva y sus gamas más cercanas serán los nuevos neutros. Cedida por MBFWM

 

El marrón continúa funcionando como uno de los pilares cromáticos del otoño, aunque aparece acompañado de diferentes intensidades, desde el chocolate hasta los tonos castaños, una tonalidad que desde hace algunos años desplaza al negro como básico fundamental del armario.
En las colecciones de la temporada, este color comparte protagonismo con una gama de neutros y tonos inspirados en la naturaleza.
La tendencia no supone una ruptura con la tradición otoñal, sino una evolución de la misma. En el desfile de Cult Gaia, el marrón chocolate apareció en una chaqueta de cuero combinada con una falda en dorado y burdeos, mientras que CFCL incorporó el castaño junto a rojo, morado y azul claro.
El oliva gana peso.
Dentro de esa gama natural, el verde oliva se consolida como una de las alternativas al marrón. Zimmermann, Valentino, Tory Burch, Saint Laurent, Chanel, Bottega Veneta, Ferragamo, Louis Vuitton y Mugler han apostado sobre la pasarela por este color, aplicado tanto a prendas exteriores como a vestidos y accesorios.

 

 

El tono aporta profundidad sin llegar a la intensidad de otros verdes y permite construir una paleta otoñal sin recurrir exclusivamente al negro o al marrón. Su presencia en diferentes categorías de producto también muestra que no se trata de una apuesta limitada a las prendas de abrigo.

Burdeos y rojo, dos intensidades El rojo mantiene su presencia en las colecciones de otoño, tanto en versiones intensas como en tonalidades más próximas al vino. Su aparición protagoniza la propuesta de firmas como Celine y Lii, mientras que el burdeos se extiende por las propuestas de Miu Miu, Gabriela Hearst, Chanel, Louis Vuitton y Proenza Schouler.

La diferencia entre ambos permite jugar con dos registros. El rojo introduce mayor intensidad y contraste, mientras que el burdeos mantiene una relación más cercana con la paleta tradicional de la estación.

Ambos aparecen también combinados con otros colores, en una temporada en la que las mezclas cromáticas adquieren especial relevancia.
El morado sale del verano.

Entre las tonalidades que ganan presencia destaca el morado, desde el ciruela hasta versiones más cercanas al amatista. Celine lo convirtió en uno de los colores destacados de su colección, mientras que también apareció en las propuestas de Loewe, Mugler, Tory Burch y Balenciaga.

La novedad no está únicamente en el color, sino en su combinación. La continuidad de la mezcla entre morado y rojo ha vuelto a estar presente en las colecciones de Celine y Chloé después de que Prada explorara esta combinación en primavera-verano 2026.
Azul eléctrico frente a los neutros.

 

El azul eléctrico es otra de las tonalidades que adquieren fuerza este otoño. Bottega Veneta lo presentó en una propuesta de textura marcada, mientras Jil Sander, Givenchy y Dries Van Noten recurrieron al azul cobalto para introducir intensidad en paletas más neutras.
La presencia del azul no es nueva en 2026. El cobalto apareció en las colecciones de primavera de firmas como Victoria Beckham, Gucci, Luar, Tom Ford y Valentino y continuó en otoño con Chanel, Givenchy, Mugler, Chloé, Stella McCartney y Valentino.

Turquesa y amarillo rompen el código otoñal.

Más inesperado resulta el turquesa, tradicionalmente vinculado a las colecciones de primavera y verano. Esta temporada llega al otoño de la mano de Tove, Zankov y 6397, mientras Valentino y Jacquemus lo incorporaron a vestidos.

El amarillo también se aleja de los códigos cromáticos más habituales de la estación. La versión más intensa, bautizada como ‘limoncello’ por ELLE, apareció de forma destacada en la colección de alta costura otoño-invierno 2026 de Balenciaga, donde se utilizó en vestidos y chaquetas.

Junto a este amarillo más brillante, el amarillo mantequilla mantiene su presencia. Vogue señala su aparición en Dior, Kallmeyer, Tod’s, Conner Ives y Chloé, demostrando que la gama amarilla puede adoptar registros muy distintos.

Melocotón para ampliar la paleta..

El melocotón completa la vertiente más inesperada de la temporada. Vogue lo sitúa entre las tonalidades destacadas del otoño y señala su presencia en prendas de punto y pana de Tory Burch, vestidos de Chanel y minifaldas de Miu Miu.

El resultado es una paleta que no abandona los colores tradicionalmente asociados al otoño, pero que tampoco se limita a ellos. Marrones, oliva y burdeos funcionan como una base reconocible, mientras que rojos, morados, azules, turquesas, amarillos y melocotones introducen contraste.

Más que sustituir una gama por otra, las pasarelas plantean una temporada de convivencia cromática. Los tonos profundos mantienen su presencia, pero comparten espacio con colores vivos y combinaciones que amplían las posibilidades del otoño.
María Muñoz Rivera.
EFE REPORTAJES

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