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La vida nos enseña que no solo nos transforman las grandes y certeras decisiones, sino también las personas que elegimos escuchar y con las que decidimos estar.

Woman whispering to her friend’s ear on the pink background.

Cada palabra o murmullo que permitimos entrar en nuestra mente siembra una idea; cada actitud que normalizamos termina influyendo, poco a poco, en la manera en que contemplamos el mundo.

 

Por eso, cuidar nuestro entorno también es una forma de cuidar el alma.

 

En todos los tiempos han existido personas que alimentan su existencia con el chisme. Olvidan que una palabra pronunciada sin responsabilidad puede herir más profundamente que cualquier acción. Hablar de los demás suele distraernos de la tarea más importante: conocernos a nosotros mismos.

 

Quien dedica más tiempo a corregir su propio corazón que a juzgar el ajeno descubre una paz que ningún rumor puede arrebatarle.

 

Por otra parte, hay quienes erróneamente han hecho del pesimismo su refugio. Miran el horizonte y solo encuentran sombras; hablan del futuro sin esperanza y convierten cada posibilidad en una razón para renunciar.

Photo of shocked two women friends standing isolated over pink background gossiping.

Sin embargo, la realidad nunca es tan oscura ni tan luminosa como creemos. La esperanza no consiste en negar las dificultades, sino en decidir que ninguna de ellas tendrá la última palabra sobre nuestra vida.

La mayoría de las veces las fatalidades que piensan que van a pasar nunca suceden, así es que no permitan que la antagónica zozobra mande en su mente y dañe sus emociones que como consecuencia afecta la salud física.

 

Otra actitud negativa es el victimismo, por su parte, es una carga silenciosa. Mientras culpemos al destino, a las circunstancias o a otras personas de todo lo que vivimos, seguiremos entregando el poder de nuestra vida a factores que no podemos o no queremos controlar.

 

La verdadera libertad comienza cuando aceptamos que siempre existe una decisión que depende de nosotros: la actitud con la que enfrentamos cada desafío.

 

Tal vez el mejor consejo sea recordar que la serenidad no nace de vivir en un mundo perfecto, sino de aprender a elegir aquello que alimenta nuestro espíritu. Rodéate de personas que inspiren más de lo que critiquen, que construyan más de lo que destruyan, que escuchen más de lo que juzguen y que te impulsen a convertirte en una mejor versión de ti mismo.

 

Al final, la calidad de nuestra vida estará determinada, en gran medida, por la calidad de nuestros pensamientos, nuestras palabras y las compañías que elegimos. Porque el verdadero éxito no consiste únicamente en llegar lejos, sino en conservar un corazón en paz mientras recorremos el camino de nuestra existencia.

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