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Las pupilas oculares guardan huellas de las experiencias traumáticas que ha sufrido una persona y, en el caso de los psicópatas, reaccionan de manera diferente ante las imágenes. Investigadores europeos así lo confirman.

Quienes han pasado un estrés postraumático, ante determinadas fotos o vídeos, sus pupilas reaccionan de diferente manera. EFE/Franck Robichon

Los trastornos y dolores del alma dejan huellas en el cuerpo, que a veces están a la vista, como las expresiones y arrugas faciales de quienes sufrieron traumas o sufren psicopatologías, y también “en la vista”, como han descubierto investigadores de las universidades de Cardiff (CU) y Swansea (SU), en Gales (Reino Unido).

Así, las pupilas de las personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT) responden de manera diferente a aquellas que carecen de este desorden cuando miran imágenes de tipo emocional, según el estudio dirigido por psicólogos de la CU, Aimee McKinnon (ahora en Oxford) y Robert Snowden, y Nicola Gray, de la SU.

Este estudio buscó rastros de eventos traumáticos en los ojos de pacientes con TEPT, un trastorno que puede sobrevenir tras vivir un evento traumático o angustiante, provocando una mayor sensibilidad o hiperactivación neurológica ante los eventos cotidianos y una incapacidad para desconectarse de esos hechos y relajarse, según los autores.

Las personas que sufren TEPT, debido a una situación aterradora vivida, sufren síntomas como revivir mentalmente el trauma, tener pesadillas, angustia grave o pensamientos incontrolables sobre el hecho traumático.

Los investigadores midieron el tamaño de la pupila de esas personas mientras les mostraban imágenes amenazantes, por ejemplo de armas o animales peligrosos, así como otras imágenes que mostraban eventos neutrales o agradables.

ESTRÉS A SIMPLE VISTA.

En las partidas de póker los rivales se miran a los ojos para ver la reacción de las pupilas ante una buena jugada. EFE/Marta Pérez

Descubrieron que la respuesta de las personas con TEPT era marcadamente diferente, incluso comparada con personas que habían sido traumatizadas pero no padecían TEPT.
Al principio, sus pupilas no mostraron la típica constricción aguda que normalmente causa cualquier estímulo visual nuevo, pero luego, ante los estímulos emocionales, sus pupilas se dilataron más que las de aquellos participantes sin TEPT.

“Esta falta de constricción pupilar es un hallazgo novedoso y sugiere que estas personas están en un constante estado de vigilancia, reaccionan fuertemente a las imágenes excitantes y les cuesta volver a los niveles normales de reposo y recuperarse de los eventos estresantes”, explica el profesor Snowden.

Otro resultado inesperado fue que las pupilas de los pacientes con TEPT no solo mostraron una respuesta exagerada a estímulos amenazantes, sino también ante estímulos que representaban imágenes ‘positivas’, como las escenas deportivas emocionantes.

“Esta respuesta exagerada de las pupilas a cualquier estímulo excitante, y no solo a los amenazantes, sugiere que en la psicoterapia del TEPT se podrían usar también imágenes positivas para que el tratamiento sea más aceptable y soportable”, según la profesora Gray, coautora del trabajo.

Precisamente, una de las técnicas para tratar el TEPT consiste en exponer virtualmente al paciente a la situación que le provocó el trauma, mediante programas e imágenes informáticas, para que se vaya desensibilizando, cambie el modo de reaccionar a esos recuerdos y pueda encarar lo que le asusta de forma efectiva.

Para la doctora McKinnon, autora principal, estos hallazgos indican que “cuando alguien con TEPT se enfrenta a un alto nivel de estimulación emocional, aunque sea positiva, puede desencadenarle automáticamente una respuesta de amenaza y miedo”.

“Para poder ayudar a las personas a superar suTEPT los profesionales deben comprender también el impacto de los estímulos positivos en estas personas, y la carga que esto puede suponer en su vida cotidiana”, puntualiza.

“Por eso, en la psicoterapia del TEP debería evaluarse en el futuro, no solo el uso de los estímulos basados ​​en el miedo, sino también el impacto que provocan las emociones positivas”, según coinciden McKinnon y Gray.

LA MIRADA DEL PSICÓPATA.

Nuestras pupilas se dilatan ante las situaciones que nos emocionan. Foto de v2osk en Unsplash.

La doctora Gray también participó en una investigación de ambas universidades galesas, en 2018, que encontró que los ojos de los psicópatas tienen una reacción inusual cuando se les muestran imágenes desagradables, por ejemplo de cuerpos mutilados y perros amenazadores.

Un equipo de la CU y la SU examinó el efecto de las imágenes desagradables en delincuentes que son psicópatas y aquellos que no lo son, descubriendo una marcada diferencia en su respuesta ocular: en los ojos de los primeros no aumentaba la pupila, mientras que en los de los segundos, sí que se dilataba.

“Se sabe que las pupilas son un indicador de la excitación de una persona. Los jugadores de cartas miran atentamente los ojos de sus oponentes para evaluar si tienen una buena mano, y muchos vendedores astutos saben aumentar su precio si sus ojos revelan su entusiasmo por su producto”, señala el doctor en Psicología Daniel Burley de la CU, autor principal de ese estudio.

Apunta que, del mismo modo, “nuestras pupilas generalmente se dilatan cuando una imagen nos sorprende o asusta”.

“La ausencia o reducción de esta respuesta fisiológica normal ante la amenaza en los psicópatas, proporciona una evidencia física y objetiva del déficit emocional que sustenta el comportamiento ofensivo de estos delincuentes, la cual puede obtenerse sin recurrir a métodos invasivos o utilizando un equipo costoso”, señala Gray.

Para concluir que “esta podría ser la base de una nueva metodología para evaluar clínicamente a las poblaciones de delincuentes”.

Por María Jesús Ribas.
EFE/REPORTAJES

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