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Hoy en día, en el sector de la telefonía móvil diez años pueden asemejarse a un siglo en materia tecnológica

La presunta obsolescencia programada, final anticipado de la vida útil de un producto o una reducción de su funcionalidad que obligan a comprar otro para reemplazarlo, puede tener un gran impacto ambiental y en el bolsillo al consumidor. Algunas claves para entender y sortear este fenómeno.

DESTACADOS.
+++ “El hecho de que muchos dispositivos tecnológicos que usamos habitualmente cuenten con una fecha de caducidad planificada, supone un gasto adicional y recurrente para nuestros bolsillos e implica un grave perjuicio para el medioambiente”, según María Jesús Tamayo, directora de Crosscall Iberia.
+++ Un estudio de Crosscall revela que a 8 de cada 10 usuarios les preocupa la obsolescencia programada y perciben que la vida media de los dispositivos móviles está calculada en menos de 2 años. El 30% de los encuestados se ven obligado a cambiar de dispositivo debido al agotamiento de la batería.
+++ Los resultados de la investigación reflejan que las mujeres están más convencidas que los hombres sobre la existencia de la obsolescencia programada por parte de los fabricantes. Además, muestran una mayor tendencia a opinar que la obsolescencia tiene un impacto medioambiental.

Hoy en día, en el sector de la telefonía móvil diez años pueden asemejarse a un siglo en materia tecnológica. El meteórico avance que experimenta este sector en las últimas dos décadas lleva consigo una gran cantidad de lanzamientos de nuevos modelos que generan en los consumidores un deseo de cambio frecuente de su dispositivo móvil, a veces innecesario.

La finalidad de fabricar dispositivos de una durabilidad calculada de antemano sería obligarnos a comprar los nuevos modelos y respondería a la intención de la industria de vender y ganar más, manteniendo un alto consumo

En este contexto, cobra relevancia el fenómeno de la obsolescencia programada (OP) por su impacto en el bolsillo del consumidor y en el medio ambiente, según la empresa francesa Crosscall especializada en dispositivos móviles duraderos, estancos, ultrarresistentes, con gran autonomía, largo ciclo de vida y alta capacidad de reparación.
La OP consiste en el diseño deliberado de un producto para que tenga una vida útil planificada de antemano y que concluya de modo anticipado, antes de lo que podría llegar a durar, tornándose obsoleto, no funcional o inservible, debido a la falta de repuestos, los problemas de funcionamiento o la proliferación de averías, obligando a adquirir un producto más nuevo.
La finalidad de fabricar dispositivos de una durabilidad calculada de antemano sería obligarnos a comprar los nuevos modelos y respondería a la intención de la industria de vender y ganar más, manteniendo un alto consumo.

Sin embargo, para algunos observadores esta presunta práctica de la industria puede ser un mito, y opinan que muchos fabricantes se ven impelidos a lanzar continuamente nuevos modelos al mercado debido al deseo del consumidor de poseer la última versión de producto y usar la tecnología más avanzada, prefiriendo lo más nuevo a lo más duradero.
La planificación de la vida útil de un producto implica su pronto recambio sin tener en cuenta las necesidades reales de los consumidores; esta práctica ha creado un creciente malestar entre los consumidores, quienes cada vez alzan más su voz para revertir esta práctica, según la firma francesa (www.crosscall.com).
Esta compañía con sede en Aix-en-Provence (Francia), ha efectuado un estudio, presentado el pasado mayo, en el que han participado 1.000 usuarios, para conocer de primera mano las necesidades y preocupaciones de los consumidores respecto a la obsolescencia programada, el reciclaje y la conservación del medio ambiente.
CADA VEZ MÁS INFORMACIÓN EN AMÉRICA Y ESPAÑA.

La sociedad cada vez es más consciente de que hay que buscar soluciones más sostenibles y responsables para reducir el impacto tecnológico en el medio ambiente.

“Los resultados de este estudio son perfectamente extrapolables al mundo de habla hispana en América, ya que refleja una tendencia en alza a nivel global”, según confirma a Efe María Jesús Tamayo, Directora de Crosscall Iberia.
“La sociedad cada vez es más consciente de que hay que buscar soluciones más sostenibles y responsables para reducir el impacto tecnológico en el medio ambiente”, señala Tamayo.
Asegura que “cada vez hay más información sobre la obsolescencia programada y al igual que en España, consumidores de otros países europeos, de EEUU y otros países americanos, están mucho más concienciados del impacto que esto puede tener a medio largo plazo en el planeta si no se le pone remedio”.
“El hecho de que muchos dispositivos tecnológicos que usamos habitualmente cuenten con una fecha de caducidad planificada, supone un gasto adicional y recurrente para nuestros bolsillos e implica un grave perjuicio para el medioambiente”, según Tamayo.
Según el estudio de Crosscall los consumidores creen que la vida media de los dispositivos móviles está calculada para durar menos de 2 años y el 30% dicen renovar su dispositivo móvil entre 1 y 2 años, siendo el principal motivo la reducción del tiempo de duración de la batería.
Para los consumidores, el primer impacto la obsolescencia programada en el mundo de la telefonía es a nivel personal: un gasto adicional para nuestros bolsillos, según este trabajo.
El segundo impacto es la grave huella en el medio ambiente causada por la inmensa cantidad de basura tecnológica que se genera al dejar de utilizar dispositivos para ser sustituidos por otros que se consideran mejores o simplemente más novedosos, según la encuesta.
El estudio de Crosscall revela que el 98% de los consumidores españoles demanda un cambio ante esta situación, siendo los principales motivos el ahorro, el gasto personal y la reducción del impacto medioambiental.
MUJERES Y ‘MILLENIALS’: LOS MÁS CONCIENCIADOS.
Los resultados del estudio reflejan que las mujeres están más convencidas que los hombres sobre la existencia de la obsolescencia programada por parte de los fabricantes. Además, muestran una mayor tendencia a opinar que la obsolescencia tiene un impacto medioambiental.
Por rango de edad, son principalmente los ‘millenials’ (entre 18 y 35 años) quienes están más de acuerdo con la creencia de que la obsolescencia no es un mito, sino una realidad.
El mismo estudio revela que casi la mitad de los encuestados no se siente suficientemente informado acerca de qué hacer cuando un teléfono u otro dispositivo deja de funcionar y cómo proceder para el reciclaje de su antiguo celular.
Esta desinformación es causa, en parte, de que el 60% de los usuarios de la consulta no lo recicla, dejándolo guardado en un cajón, frente a casi el 40%, más concienciados, que lo lleva a un punto de recogida selectiva de residuos que no pueden depositarse en contenedores convencionales.

Por rango de edad, son principalmente los ‘millenials’ (entre 18 y 35 años) quienes están más de acuerdo con la creencia de que la obsolescencia no es un mito, sino una realidad

Sin apenas variación entre sexos, ante la obsolescencia programada y la enorme y cambiante oferta en el sector de la telefonía, 6 de cada 10 encuestados estarían totalmente de acuerdo en adquirir marcas más duraderas, sobre todo para reducir sus gastos, y en menor medida para reducir residuos.
Para Tamayo “se abre un nuevo camino hacia una telefonía más sostenible y duradera según las demandas de los consumidores, estando dispuestos a adquirir dispositivos que ofrezcan una mayor vida útil y así poder consumir de forma más responsable”.
Consultada por Efe acerca de qué medidas prácticas podemos tomar para prolongar la vida útil u operatividad de un ‘smartphone’, Tamayo aconseja:.
1.- Esperar a que el teléfono se descargue por completo, dejarlo reposar durante unas horas y volver a cargarlo al 100% para que la batería “no sufra”.
2.- Evitar las temperaturas extremas que pueden afectar al procesador o a la batería.
3.- Apagarlo de vez en cuando para que “descanse”.
4.- Actualizar las diferentes aplicaciones que utilizamos y el propio sistema operativo con la última versión disponible.
Por Daniel Galilea.
EFE/REPORTAJES

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