Aunque el código de etiqueta manda el uso de sombrero, la verdad es que una buena parte de los asistentes iba en un ambiente más casual. Uno de cada tres portaba los atavíos propios de la fiesta brava, pero todos los asistentes mostraban júbilo suficiente, y no es para menos ya que se trataba de la Tercera Edición del Festival del Toro y el Caballo.

A partir de las 3:00 de la tarde ya comenzaban a llegar al Cortijo Campo Alegre los entusiastas de la lidia en un ambiente húmedo y friolento debido al paso de la tormenta Priscilla la noche anterior. Nos recibió un camino fangoso, y cuando por fin pudimos estacionar, nos encontramos con un evento de organización plena. Tras la puerta de la entrada, un jardín donde se alzaban varios puestos de comidas y bebidas. Ajetreados, los dependientes despachaban tragos, bebidas, y el espectacular y muy socorrido choripán de chorizo argentino  para matar al hambre más fiera.

Juan Antonio Oliva, amante de la lidia y visitante primerizo del Festival, nos externó respecto a cómo le empezó a surgir esta pasión por los Toros: “Toda la vida, en el clan Quiroga, siempre hemos sido taurinos. A mí lo que me gusta es el valor de los toreros, el arte, el enfrentar la muerte sin nada; el hombre contra el toro”.

Un camino de piedra conducía hasta el salón-comedor, y hasta allí los meseros servían bocadillos y tragos. Primero matar el hambre para luego presenciar en todo su esplendor la fiesta del toreo. De fondo, resonaba un grupo de flamenco a todo furor que complementaba el tono de la celebración en el cortijo Campo Alegre.

En este punto nos encontramos con Óscar Meza y Ana Laura Rangel quienes nos comentaron su motivo de asistencia al evento: “Es una festividad de mucha tradición en México, muy arraigado, y que no debe de perderse. Gracias a estos eventos es que sigue existiendo el Toro de Lidia y me parece un arte muy tradicional”, externó Óscar.

Por su parte Ana Rangel: “Es muy bonito que se sienta el orgullo mexicano y es una festividad muy bonita”.

La finalidad de la Tercera Edición de la Feria del Toro y del Caballo fue recaudar suficientes fondos para la Escuela Taurina local y así 37 niños (de los 6 a los 13 años) serán los beneficiados por las entradas de los asistentes.

Ezequiel Hernández, organizador del evento, comentó respecto a la celebración: “Este es el tercer evento que se realiza. Este festival es benéfico y en esta ocasión fue para la Escuela Taurina de León ya que los niños de la escuela necesitan dinero para los capotes, para las muletas, para los trajes que usan en los encuentros taurinos. La finalidad es seguir fomentando (la tauromaquia) y en esta ocasión hicimos algo diferente, un evento de tres días; ahora se llama Festival del Toro y Caballo”.

Al filo de las 4:30, el redondel de la Plaza de Toros comenzaba a llenarse. El cartelón, inmejorable. Destacaban los matadores Fermín Rivera, Finito de Córdoba y Juan Pablo Sánchez. Además tuvieron su presentación estelar los aficionados Patricio Pons y el rejoneador Sebastián Torre.

Alrededor de las 5 de la tarde, ya comenzaban a asomarse los cojines para sentarse sobre las butacas de cemento, a $100 cada uno para evitar la dureza del suelo. Cerveza o shot de tequila en mano, e incluso con una botella de tequila a un costado, gente mayor, señores conocedores que nunca pueden faltar a la cita, damas, jovencitas y jóvenes entusiastas en esta fría tarde de sábado recibieron con aplausos a los primeros rejoneadores y matadores de la tarde.

 

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