La Organización Mundial de la Salud sostiene que la carencia de yodo es la principal causa prevenible en el mundo de lesión cerebral del feto y del lactante, así como del retraso del desarrollo psicomotor en los niños pequeños.

 

Si hiciera falta sólo una buena razón para cuidarse de recibir una suficiente cantidad de yodo a través de la dieta o suplementos, esta es que la deficiencia de este compuesto es la principal causa evitable de retrasos mentales en los niños y puede causar lesiones y diversos grados de retardo en el desarrollo del feto y del bebé.

Siete sociedades científicas españolas acaban de solicitar que se añadan suplementos dietéticos con yodo a la dieta de las mujeres durante el embarazo y la lactancia, y que se elaboren medidas urgentes para prevenir los trastornos por déficit de yodo.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que la carencia de yodo es la principal causa prevenible en el mundo de lesión cerebral del feto y del lactante, así como del retraso del desarrollo psicomotor en los niños pequeños.

“También se asocia a este problema con muchos casos de cretinismo, enanismo, sordomudez, abortos y malformaciones congénitas, retraso del crecimiento o deterioro intelectual”, señala a EFE-Reportajes el médico nutricionista Gregorio Mariscal Bueno, director de la clínica homónima, de Madrid.

El problema es importante porque el 29 por ciento de la población mundial, más de 1.500 millones de personas, vive en zonas expuestas a la carencia de yodo. Aunque una alimentación equilibrada cubre las necesidades orgánicas de yodo, su carencia sigue siendo un problema en muchos países.

CLAVE EN LA GESTACIÓN.

Según el doctor Mariscal Bueno, “los requerimientos de yodo no son especialmente elevados con respecto a la mujer no gestante, pero esta sustancia es imprescindible para el correcto funcionamiento de las hormonas tiroideas que a su vez intervienen en el crecimiento del feto, el desarrollo de su cerebro y en la regulación de otras funciones metabólicas, como el mantenimiento de la temperatura corporal”.
Por tanto, su déficit conduce a un daño fetal de tal magnitud que el neonato presentará minusvalía física e intelectual.
Pero esta no es la única consecuencia del déficit de este compuesto presente en pescados y mariscos y en algunos vegetales, así como en la sal marina enriquecida con este mineral: cuando falta en los adultos, puede ocasionarles un hipotiroidismo que desacelera la actividad celular y en casos severos bocio.

“La fatiga, la apatía o el estado depresivo, así como la reducción de la libido, el apetito y el ritmo cardíaco, pueden ser consecuencias del déficit moderado de este mineral minoritario, pero indispensable, al igual que la sequedad del cabello e incluso una cierta pérdida de la audición”, señala Mariscal Bueno.

Cuando el consumo de yodo es insuficiente, la tiroides intenta mantener sus reservas para conseguir una producción adecuada de hormonas, extrayendo más mineral de la sangre.

Si la carencia crece, las reservas de yodo del tiroides se reducen y se produce una falta de hormonas tiroideas o hipotiroidismo, que puede conducir al desarrollo del bocio, un agrandamiento de esta glándula, situada en el cuello, a ambos lados de la tráquea.

El yodo cumple un papel fundamental en la síntesis de las hormonas tiroideas, relacionadas con la producción de energía en las células, el crecimiento de los órganos y el desarrollo cerebral.

El yodo es, junto con el calcio y el hierro, uno de los escasos elementos de los que pueden producirse carencias y esto sucede con las dietas basadas en determinados alimentos que no los contienen o que los contienen en una forma no asimilable

RIESGO DE CARENCIAS.

Algunas personas pueden necesitar suplementos de yodo porque son alérgicas a los pescados y mariscos, o presentan necesidades especiales del mineral, deben tomarlos bajo control médico.

La heterogeneidad de la distribución de este elemento en la superficie terrestre, hace que los alimentos producidos en las regiones alejadas de las costas o en valles cerrados en terrenos antiguos, donde es más escaso, sean deficientes en éste.

Si la gente de estas zonas basa su dieta de forma casi exclusiva en su producción alimenticia, pueden producirse deficiencias, las cuales se evitan si la procedencia de los alimentos es diversa.

Las carencias de yodo siguen siendo un problema en España y otros países europeos, sobre todo los del Este, excepto casos como los de Suiza y Austria, donde la industria agroalimentaria emplea sal yodada en la elaboración de los alimentos y el consumo de la población ronda las dosis recomendadas.

“Si una persona sana come pescados de agua salada o mariscos 2 ó 3 veces a la semana y usa sal yodada en lugar de refinada en las comidas, se cubren las dosis diarias recomendadas, pero sin aumentar el consumo total de sal, cuyo exceso puede ser negativo para la salud”, señala el doctor Mariscal Bueno.

Algunas personas pueden necesitar suplementos de yodo porque son alérgicas a los pescados y mariscos, o presentan necesidades especiales del mineral, deben tomarlos bajo control médico.
“Pero si está tomando suplementos minerales o preparados adelgazantes sin control médico, puede estar incorporando masivamente yodo a su organismo sin saberlo, con lo que puede estar poniendo en peligro su salud”, advierten los especialistas.

El yodo es bastante inestable, por lo que es aconsejable conservarlo en un lugar seco y fresco. Si se adquiere en forma de líquido, hay que guardarlo en la nevera una vez abierto. Además, como el yodo de las sales puede perderse con el tiempo, conviene consumirlas en las fechas próximas a las del envasado.

La sal no pierde el yodo al calentarla con los guisos, pero es mejor añadirla poco antes de terminar la preparación, para que el mineral no se diluya tanto en las salsas.

El pescado aporta yodo, pero el aporte varía de acuerdo a su preparación: si se lo cuece, parte del mineral pasa al agua, la cual conviene aprovechar para salsas o sopas; si se lo asa o fríe, el yodo permanece en la carne.

ATENCIÓN A LOS EXCESOS.

No se conocen casos de intoxicación, por consumo excesivo procedente fuentes naturales

Un aporte suficiente de yodo disminuye el riesgo de cáncer de tiroides, pero el exceso de este mineral puede ser perjudicial.
Ingerir demasiado yodo a través de la alimentación no suele ser nocivo, porque el organismo permite que ingrese a la tiroides sólo la cantidad que necesita la glándula y elimina el resto a través de la orina. Pero si este mecanismo de autorregulación no funciona bien y se parte de un estado carencial de yodo, un exceso de mineral puede ocasionar tanto hipo o hipertiroidismo.

No se conocen casos de intoxicación, por consumo excesivo procedente fuentes naturales, salvo como consecuencia de vivir cerca del mar, pero sí de yodo preparado como fármaco, que en dosis excesivas puede causar desde hipertiroidismo, hasta vómitos, sabor metálico, dolores abdominales y diarrea, e incluso un fallo renal, por lo que debe tomarse bajo control médico.

Según los expertos, el mejor remedio para prevenir o corregir las carencias de yodo es consumir los alimentos que lo contienen en mayor cantidad

El exceso de yodo también puede llegar a bloquear la producción de hormonas tiroideas y ocasionar hipotiroidismo pasajero.
También puede afectar a quienes ya tienen trastornos en la tiroides, induciendo la formación de nódulos autónomos, lo cual es un indicio de hipertiroidismo: una enfermedad que se manifiesta con aumento del ritmo cardíaco, hipertensión, insomnio, sudoración excesiva, nerviosismo creciente.

Los adelgazantes con yodo pueden traer problemas para alguien con hipertiroidismo con nódulos, los cuales podrían activarse; el riesgo aumenta si se ingiere mucho yodo en poco tiempo.
Además, el yodo puede ser mal tolerado, dando manifestaciones de yodismo que se caracterizan por coriza, vértigos, dolores de cabeza e inflamación de la glándulas submaxilares.

Según los expertos, el mejor remedio para prevenir o corregir las carencias de yodo es consumir los alimentos que lo contienen en mayor cantidad: sardinas y atún en aceite, mejillones, centollos y nécoras, así como la piña fresca, el ajo, las acelgas, los nabos, los espárragos, las cebollas, los puerros y las zanahorias.

Otras fuentes considerables de mineral son el hígado de res, los huevos, el pan integral, los productos lácteos y las algas marinas.

Reportaje e imágenes: EFE

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