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Anna Fargas, especialista en crecimiento personal. Foto: PLANETA.

El minimalismo emocional, una filosofía que se centra en enfocarse en lo que realmente importa, priorizar lo esencial y eliminar lo superfluo en nuestro mundo interior, es una potente herramienta para expulsar el sufrimiento de nuestra vida y darle la bienvenida a la felicidad, según una impulsora de este enfoque.

“Los pilares fundamentales del minimalismo, la filosofía del ¡menos es más¡, aplicados a nuestro mundo emocional, incluyen la búsqueda de la simplicidad, la intencionalidad en la toma de decisiones y la liberación de la necesidad de acumular posesiones innecesarias”, según explica Anna Fargas, impulsora de esta innovadora filosofía de vida.

La visión minimalista se enfoca en simplificar y centrarse en lo que realmente importa, reduciendo aquello que sobra y eliminando lo superfluo, así como en buscar una vida más significativa, priorizar lo esencial y atender el momento presente, según esta especialista en crecimiento personal y aprendizaje continuo (www.instagram.com/annafargas).   Fargas compara el proceso de sufrir con cargar sobre nuestras espaldas una pesada mochila llena de “piedras” (factores negativos) que limitan nuestra vida y alimentan el sufrimiento, como por ejemplo “cargas mentales innecesarias, patrones tóxicos o hábitos que no nos aportan nada”.

Asegura que al simplificar nuestra vida e identificar y eliminar el exceso de pensamientos, emociones o hábitos negativos, que no aportan ningún beneficio a nuestro mundo emocional, podemos conseguir reducir el sufrimiento, experimentar paz interior, ganar claridad mental y tomar mejores decisiones.

Nuestra mochila emocional, una pesada carga. Foto: mdjaff/Freepik.

Piedras en nuestra ‘mochila emocional’.

La mayoría de las veces, las piedras que llevamos en nuestra “mochila” y” pueden pasar fácilmente desapercibidas porque parecen pequeñas o insignificantes, según Fargas. Pone como ejemplo, “la piedra de la pereza”, que, en primera instancia, “podría parecer inofensiva o incluso justificada como una manera de descansar”, pero que tiene “una naturaleza acumulativa y unas consecuencias, que pueden generar un impacto negativo en nuestras vidas”.

“Cuando caemos en patrones de pereza, tendemos a postergar tareas y responsabilidades, lo cual no solo provoca retrasos y una acumulación de tareas pendientes, sino que también puede erosionar nuestra autoimagen y confianza”, según Fargas.

“Al ir posponiendo las cosas, es probable que comencemos a vernos a nosotr@s mism@s como menos capaces o dign@s de éxito, lo que puede llevar a una espiral de procrastinación (“dejar para mañana”) y baja autoestima”, advierte.

“Al aligerar la carga de tu ‘mochila’, quitando piedras como la pereza, tu sufrimiento irá desapareciendo, sentirás que alcanzas un nuevo estado de libertad emocional”, destaca. 

“Comprobarás como tus decisiones, pensamientos, emociones y acciones se alinean con un nuevo camino acorde a lo que verdaderamente valoras y deseas, alejándote del estancamiento y abriéndote a oportunidades que no imaginabas”.

“¿Te imaginas despertar cada día con energía y vitalidad, emocionándote al darte cuenta de que el sufrimiento va desapareciendo de tu vida?” Este es el resultado natural de aplicar el minimalismo emocional en nuestra vida, según Fargas,

“A medida que avanzas en este proceso, la toma de conciencia y la comprensión de aquello que causa tu sufrimiento te permitirá tomar decisiones más conscientes sobre lo que deseas conservar y lo que quieres eliminar de tu ‘mochila’”, señala.

“El concepto que propongo en mi libro ‘Minimalismo emocional’, se fundamenta en que, a menudo, somos nosotr@s mism@s quienes perpetuamos nuestro propio sufrimiento por medio de las elecciones inconscientes que hacemos sobre aquello que conservamos en nuestra vida”, explica Fargas.

“Esto incluye pensamientos, patrones de conducta, emociones y hábitos que pueden convertirse en una carga emocional pesada, representada metafóricamente como una “mochila” que arrastramos y nos hace más pesado el camino” puntualiza.

La clave para dejar de sufrir reside en “identificar las piedras en nuestra mochila que nos generan dolor, ansiedad o insatisfacción, y soltarlas deliberadamente, es decir reside en nuestra habilidad para discernir y desligarnos de lo que nos daña”, resume.

Este camino no es fácil y requiere un compromiso auténtico con un@ mism@, y valentía para enfrentar y aceptar nuestras vulnerabilidades, pero al despojarnos de estas cargas, no solo mitigamos nuestro sufrimiento, sino que también hacemos espacio para acoger nuevas experiencias, relaciones y emociones que enriquecen nuestro ser” enfatiza Fargas.

Dejar de sufrir y recuperar la alegría de vivir. Foto: Juan Mendez/Pexels.

Un caso, paso a paso.

En opinión de Fargas, “muchas personas no eliminan aquello que les lastima, debido a una mezcla de factores, como el temor a lo desconocido y al cambio; el miedo a la incomodidad de enfrentarse a nuevos desafíos; e incluso a la percepción errónea de que no se desea cambiar, se merece sufrir o que el dolor es una parte integral de su identidad”, añade.

Sin embargo, muchas veces el sufrimiento se mantiene por no saber cómo eliminarlo, debido a la falta de recursos o herramientas adecuadas para “quitar las piedras de la mochila”, de manera efectiva, según sostiene.

Para dar una idea de cómo funciona el proceso que propone el minimalismo emocional, Fargas señala que una piedra habitual, que a menudo observa en mujeres, es la autoexigencia exagerada, esa “tendencia a imponernos constantemente demandas y expectativas elevadas, lo cual puede llevarnos a un estado de insatisfacción crónica y agotamiento emocional”.

“Para eliminar deliberadamente la autoexigencia, el primer paso es reconocer cómo se manifiesta en nuestra vida y cómo nos afecta. En ese sentido, es importante preguntarnos por qué creemos necesario exigirnos tanto y qué estamos tratando de lograr o compensar al autoexigirnos”, explica.

Una vez identificada la ‘piedra’, el segundo y crucial paso consiste en desafiar la validez de dicha autoexigencia, apunta.

“Esto implica entender que no es necesario mantener siempre un alto nivel de exigencia para valorarnos o para ser valorados por los demás. Aceptar que es posible cometer errores y que estos son oportunidades de aprendizaje puede ser liberador”, enfatiza.

“En este proceso es esencial practicar la autocompasión sana”, que según Fargas, incluye ”ser amables con nosotr@s mism@s, permitirnos espacio para el crecimiento y la imperfección, y reconocer nuestros esfuerzos y logros, por pequeños que sean”.

“Esto ayuda a aliviar la presión que nos imponemos”, recalca.

“Al abordar la autoexigencia de esta manera, no solo aliviamos directamente esta carga, sino que también prevenimos que origine otras ‘piedras emocionales’, creando así un ciclo más saludable y positivo en nuestra vida emocional” concluye. Por: Ricardo Segura.  EFE – Reportajes

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