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Cuando perdemos a una persona cercana por una causa tan difícil de interpretar, a veces, como es el suicidio, se vienen a la cabeza muchas variables.Foto de Stefan Spassov en Unsplash

“Vivimos con una exigencia como si de verdad pudiéramos llegar a ser perfectos, como si fuésemos máquinas, como si la mente no pudiese fallar y no somos así”. Esta es una de las reflexiones que adelanta en entrevista con EFE la periodista y monologuista Carmen Romero, autora de `Esto no está pasando´, un libro donde expone sus pensamientos y sentimientos tras perder a un hermano de forma trágica, un relato con un componente muy curioso: el humor.

Cuando perdemos a una persona cercana por una causa tan difícil de interpretar, a veces, como es el suicidio, se vienen a la cabeza muchas variables, pero a Carmen Romero, humorista, periodista, joven de poco más de 20 años y gran luchadora, se le ocurrió dar cauce al fallecimiento por esa causa de su hermano Miguel, escribiendo un libro en el que cuenta sus pensamientos, consejos y sentimientos sobre este crudo tema utilizando el humor. Una vertiente curiosa para algo tan duro, donde invita al lector a reflexionar, pero también es capaz de extraerle más de una sonrisa.

“Cada persona somos un mundo, somos diferentes, entonces no creo que se puedan poner unos patrones fijos a todos los casos”, comenta Carmen Romero en entrevista con EFE. Foto de Anthony Tran en Unsplash

La autora colabora también en programas radiofónicos, lleva asimismo un podcast junto a Bianca Kovacs, con su humor fresco y tiene un monólogo de moda, pero las páginas de su obra `Esto no está pasando´ son, según confiesa en entrevista con EFE, “las que más me han costado elaborar”.

“Siempre quise que el relato estuviera en clave positiva”, comenta, para agregar que “en muchas ocasiones en la vida, como es esta del suicidio, que parece un tema tabú, salen las voces de los especialistas en enfermedades mentales, pero no aparecen casi nunca las de los coprotagonistas, las personas que lo han vivido: su hermana, su hija o su padre, y considero que es muy importante conocerlas también”.

Un proceso largo.

— De alguna manera esos parientes o amigos también los convierte en “expertos” en sufrir las consecuencias de ese hecho…

— Efectivamente. Los médicos están en su papel y saben mucho, pero estos temas tienen tanto de psicológico, de emocional… Cada persona somos un mundo, somos diferentes, entonces no creo que se puedan poner unos patrones fijos a todos los casos.
— ¿Qué punto destacarías de la experiencia de convivir con alguien que tiene una enfermedad mental, provocada o genética?.

— En mi caso noté profundamente, antes del hecho, el cambio brutal que supuso para él una variación que había tenido en su trabajo, que le hizo cambiar como persona.
–¿Cuál sería el factor común entre allegados tras el impacto del fallecimiento de su ser querido?.

La monologuista Carmen Romero con el libro que ha hecho sobre sus reflexiones por la muerte de su hermano “Esto no está pasando”. Autor: Javier Ocaña

— La necesidad de hablarlo. La necesidad de contar lo que tienes dentro y que nos reprimimos. Cuando alguien muere parece que es un día, que se le entierra y ya está. Y no es así, se trata de un proceso muy largo en el que hay que hablar de esa persona, también de lo que pasó y de expresarte cómo te sientes, que es algo incómodo.

— ¿Qué supone la aceptación, en este proceso de duelo?.
— Aceptación para mí es llegar a una paz emocional conmigo misma de decir: “vale, Miguel en esta vida ya no va a estar y mi vida no va a ser como era antes”. Desde luego aceptación no es ver la nueva situación como si no hubiera pasado nada. Se trata de adaptarse y aceptar todo el cambio de vida que ha supuesto. Lo que pensabas que iba a ser en el futuro ya no va a ser. En definitiva, se trata de llegar a la paz con todo ese cambio.
— ¿Qué puedes contar sobre el “tsunami emocional” que se produce al vivir esa situación?.
— Para mí fue, de estar disociada y no sentir nada, a comenzar a sentirlo todo. Fue algo inabarcable, no podía hacerme cargo, me superaba.

Necesidad de ayudas y terapias.

— ¿Qué importancia le das a solicitar ayuda y las terapias que se deriven?.
— Son fundamentales. Me parecen importantísimas en numerosos casos mucho menores en importancia, y pasar por uno así considero que podría ser imposible o casi, vivirlo sin ayuda de algunas terapias.

— En el libro se lee también: “Qué infravalorada tenemos la mente y qué pocos respiros le damos. No se puede poner mala, no puede fallar”.

— Aún me sorprende cuando las personas se equivocan y no lo reconocen. ¡Es humano equivocarte! Vivimos con una exigencia como si de verdad pudiéramos llegar a ser perfectos. Parece que no podemos reconocer que estoy mal, que la cabeza me está fallando y me tengo que tomar un respiro. Pero no nos lo permitimos y deberíamos hacerlo todos.

Carmen Romero en un momento de la entrevista. Autor: Javier Ocaña

— ¿Qué ha supuesto para ti ese golpe tan duro, aunque el libro donde lo cuentas es también reflexivo y, de alguna manera, desafiante?.
— Fue el hecho que me cambió la existencia por completo. Como si me sacaran de mi vida y mis proyectos a futuro y me metieran en otra completamente distinta. Tengo el mismo cuerpo, tengo la misma familia, vivo en el mismo lugar, pero es otro contexto y otra película completamente distinta.
— Un proceso que viven con intensidad, pero cada uno a su manera, las otras personas que se relacionaban con tu hermano… .
— Sí, cuando me paraba a analizar mi vida y veía que esto no solo me ha pasado a mí, que a mi hermana se le ha muerto el hermano, que a mis padres se les ha ido un hijo… Siempre hay que tenerlo en cuenta, porque son piezas básicas en el contexto de la nueva situación y forma de vida que tenemos delante.
Chistes, como terapia personal.
— En el libro comentas “Estamos aquí por algo, no podemos irnos, nos toca seguir…” ¿Cómo lo debemos interpretar?.

 

— Sí, eso me lo dijo mi madre, que ha sido la persona que más ha tirado de mi hermana y de mí. Es una frase que nos repetía. No sé en sus momentos de intimidad lo que pensará, pero el mensaje siempre ha sido muy alentador.

— También has comentado que, como humorista, los chistes te han salvado… .
— Sí, totalmente. Desde el minuto cero en que disocié y no entendía nada, me dediqué a hacer chistes como respuesta y fueron mi forma de salvación. Han sido como un flotador en mitad del océano.

A modo de ejemplo, Romero comenta en sus páginas que cuando ocurrió estaba en la cocina, y reflexiona: “No entiendo nada, yo solo estaba haciendo la merienda y en un segundo se había tirado por la ventana. No pensé que las tortitas estuvieran tan malas”.
— Monologista, llevas también el podcast irónico llamado “Odio a la gente”, ahora también escritora… ¿cómo ves tu futuro profesional?.

— Me gustaría que fuera todo compatible. La comedia es algo que me llena plenamente y me sale de forma natural, pero haber conseguido escribir un libro con el fondo de comedia, ha sido maravilloso. Pero sigo con giras haciendo monólogos, también me gusta la televisión, aunque es un lugar en el que tengo poca experiencia y también me apetece saltar a la interpretación.

— En algunos medios se te ha “catalogado” como “un icono del humor negro” ¿Qué te parece esa definición?.

— No me veo reflejada con ese “título”. Es verdad que hago humor y a veces es negro, pero también hago chistes de otro tipo. No me limito específicamente a un tipo de humor concreto. Solo digo lo que se me pasa por la cabeza y lo que me parece gracioso.
Por Antonio Dopacio.
EFE/REPORTAJES

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