Pensar positivamente no consiste en ver la pandemia “color de rosa” o repetirse que todo marcha bien a pesar del coronavirus, sino en adoptar una perspectiva de los sucesos y circunstancias que nos permita esperar un resultado favorable, así como hallar soluciones a los problemas y sacar algo provechoso de la experiencia.

“Piensa en positivo” se ha convertido casi en un eslogan, pero ponerlo en práctica es mucho más difícil que enunciarlo, sobre todo bajo los embates de la COVID-19.
“Si cambias tu modo de pensar, puedes cambiar tu vida”, señala la escritora y orientadora psicológica Gill Hasson (www.gillhasson.co.uk), quien trabaja como profesora para la Universidad de Sussex y otras organizaciones, impartiendo formaciones de desarrollo personal y profesional para adultos.
Para comprender qué es el pensamiento positivo Hasson recurre al “estilo explicativo” o modo en que cada uno explica las situaciones y los sucesos, y le da sentido y significado a cómo y por qué suceden las cosas.


“Cuando interpretamos de manera positiva, adoptamos una perspectiva favorable del pasado, el presente y el futuro. Lo más probable es que esperemos lo mejor de los demás, y nos veamos a nosotros mismos y nuestras capacidades bajo una luz positiva”, señala la autora de ‘Practica el pensamiento positivo’.
“Somos optimistas y esperamos un resultado propicio para acontecimientos del porvenir, pero eso no significa que dejemos de ser realistas: somos conscientes de que las cosas no siempre salen bien, pero si surgen problemas, en vez de regodearnos en ellos, seremos más propensos a buscarles soluciones positivas”, añade.
“Cuando pensamos de manera positiva, intentamos también sacar algo provechoso de la experiencia, reconociendo que las situaciones complicadas y difíciles, a menudo, tienen algún aspecto positivo, y nos sentiremos capaces de dominar la situación con éxito”, argumenta.
“Cada día nos asaltan multitud de pensamientos. Algunos pueden ser constructivos, otros neutros, y otros negativos. Esos pensamiento, nuestro diálogo interior, dirigen nuestra acciones y comportamiento, pero raramente somos conscientes o los controlamos, aceptando simplemente lo que nuestra mente “nos dice” y nos cuenta, y respondiendo en consecuencia”, asegura Hasson.
Para “cambiarse al Pensamiento Positivo”, Hasson recomienda la terapia de “Aceptación y Compromiso” que consiste en ser consciente de los pensamientos negativos, sin cuestionarlos, aceptarlos y dejarlos ir para así comprometernos a buscar formas más positivas de pensar, de responder y de comportarnos.


“Por ejemplo, pensamos “el camarero me está ignorando a propósito”, en lugar de ponernos a analizar si esa idea es correcta o en que se sustenta. En lugar de eso, hay que buscar un pensamiento más útil que nos ayude a encontrar soluciones, como hallar un modo más efectivo de llamar la atención del profesional”, señala.
“Cuando aceptamos y soltamos los pensamientos negativos y poco útiles, nos liberamos de los aspectos emocionales a lo que se asocian y que nos hacen sentir mal, como el miedo, la culpa, la preocupación, la ansiedad… De ese modo permitimos que la parte lógica y racional de nuestra mente empiece a pensar de manera más positiva y útil”, indica.
“Es fácil ser positivo cuando a uno le van bien las cosas; el verdadero desafío se plantea cuando surgen problemas que nos complican la existencia, como aquellos relacionados con la salud o la economía”, añade la experta.
“No es fácil hacerlo, pero mientras te permites perder tiempo rumiando sobre lo que pasó o no pasó te impides avanzar y pensar con lógica y claridad. ¡Esto es pensar en positivo”, señala Hasson, quien aporta algunas reflexiones útiles para afrontar algunas situaciones y sucesos, como el de este “año del coronavirus”.
CRECIMENTO POSTRAUMÁTICO.
“Cuando acabas de pasar por una experiencia que te destroza la vida y la conmoción y el dolor te desbordan, ya sea la pérdida de la salud, de un ser querido, el trabajo o la seguridad económica, en lo último que piensas es en ser positivo y te preguntas ¿Cómo puede haber un lado positivo?”, reconoce Hasson.
“Pero encontrar algo positivo no significa negar que la situación es demoledora, pero podemos y debemos evitar que nos desborde!, señala.
“Primero tendremos que darnos un tiempo para reflexionar sobre lo sucedido y asimilarlo. Luego, aceptar que no hay vuelta atrás, y que nada ni nadie puede cambiar lo acontecido”, puntualiza.

“Después, centrarnos en quién o qué nos ha dado apoyo y ayuda. Este aspecto puede encaminar nuestra mente en una dirección positiva”, apunta.
Destaca también que los estudios académicos en este campo de la psicología demuestran que el trauma puede ser un poderoso impulsor del cambio positivo.
En la década de 1980, Richard G. Tedeschi y Lawrence G. Calhoun, descubrieron que más de la mitad de los supervivientes de un trauma afirmaban que su vida había cambiado para mejor tras la tragedia, en lo que estos dos psicólogos estadounidenses describieron como “crecimiento postraumático”.
Los participantes de ese estudio referían que se habían vuelto más sabios, fuertes, empáticos y tolerantes con los demás.
Además este grupo incidía en que sus relaciones eran más cercanas y que sentían más compasión por otras personas.
Muchos habían reevaluado sus prioridades, apreciaban más lo que tenían, había identificado nuevas posibilidades y se habían vuelto más espirituales, según Hasson.
CÓMO MANEJAR EL CAMBIO.
El mismo filósofo griego que dijo “el cambio es la única constante en la vida” ilustró esta idea, afirmando que “ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque no es el mismo río y él no es el mismo hombre”, según la psicóloga.
“En continuo cambio están, desde el tiempo, la hora y el menú, hasta los partidos en el poder y los programas de TV, pero no significa que los cambios nos gusten o nos acostumbremos a ellos, y la perspectiva de que sean serios, pueden hacer que nos sintamos amenazados y vulnerables”, según Hasson.
“Ante la perspectiva de enfrentarse a un futuro incierto, nos preocupa si seremos capaces de adaptarnos y lidiar con el cabio de circunstancias, y si las cosas saldrán bien”, asevera esta especialista.
“El cambio puede ser estresante, pero también lo es resistirse, puesto que es como nadar a contracorriente: mina nuestra energía. Una energía que emplearíamos mejor para avanzar”, concluye.
Por María Jesús Ribas.
EFE/REPORTAJES

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