El presente es lo único que tenemos y debemos disfrutarlo

Una adversidad seria puede ser una experiencia transformadora que dé un nuevo sentido a nuestra vida y nos ayude a dejar atrás nuestros miedos y preocupación por el futuro y a concentrarnos en lo importante: los afectos y el momento presente. ¡Aunque no hace falta que nos llegue una tragedia para vivir en plenitud!

La protagonista, Sofía, está dedicada intensamente a su vida profesional, hasta que un día sufre un desmayo y debe ser ingresada un hospital, donde tras una serie de pruebas médicas le dan una mala noticia. A partir de ese momento, una vez superada la conmoción inicial y a través de sus conversaciones con su sabia y dulce compañera de habitación, esta mujer de mediana edad inicia un camino de transformación y renovación personal. Lo que en un principio percibe como una noticia trágica se convierte en una lección de vida. Para comunicar lo que esta experiencia le está enseñando, ella organiza una fiesta de despedida para sus amigos. Su temor por el futuro desaparece y el presente se le revela como la única fuente de plenitud. “El presente es lo único que tenemos pero, a veces, nuestros miedos y expectativas nos impiden disfrutarlo”, explica el especialista y conferenciante en transformación personal Javier Iriondo, quien narra la historia de Sofía en su última novela “La vida te está esperando”. Un título que trasmite un mensaje de optimismo y renovación reforzado por la foto de la que portada: “un amanecer que es el despertar de la vida” y una playa donde un reloj, sobre la arena, marca el paso de las horas, recordando que la más importante es la actual, y evocando la perenne locución latina “Tempus Fugit, carpe diem” (El tiempo vuela, vive el momento).

“Recibir una noticia trágica como la que recibe Sofía, nos enseña que, a veces, la cercanía o la posibilidad de la muerte nos despierta a la vida”, señala Iriondo en una entrevista. Iriondo fue deportista de élite en EU, donde comenzó su andadura profesional. Actualmente es un conferenciante internacional, que ofrece cursos y programas de transformación personal, desarrollo directivo e intervención estratégica. “Cuando ves que esto se puede acabar, dejas de preocuparte por todas esas cuestiones sobre el futuro que tanto nos persiguen a todos y, de pronto, te das cuenta de lo que realmente importa: las relaciones personales, lo conexión humana”,  señala el autor. Asegura que “entonces vemos que hemos estado viviendo para el futuro, para otro momento, aplazando la vida, como si la existencia fuera una lista interminable de tareas, a la que siempre se agrega algo más que hacer,  conseguir, sumado a las mil y una emergencias que van surgiendo. Una situación de este tipo puede hacerte más valiente, porque comienzas a tomar decisiones que habías dejado para más adelante, y te ayuda ordenar tus prioridades”, señala.

EL PRIMER PASO DE LA RENOVACIÓN VITAL

“A veces es triste que tenga que ocurrir algo trágico  para descubrir que la vida se nos está pasando, se nos está escapando, pero ante una noticia trágica como la que recibe Sofía,  ocurre un despertar de la vida y de la vida”, señala.  A Iriondo le ocurrió que en el mismo momento que estaba describiendo cómo a ella se le despierta la vida después de ese primer día trágico, sobre esa sensación de ¿por qué a mí?, le detectaron un tumor, “unas manchas, y ahora mismo tampoco sé muy bien qué va a pasar con mi vida. Sentí tal y como yo había imaginado que se iba a sentir el personaje y, de pronto, me encontré escribiendo en primera persona, pensando “esto se puede acabar, ¡corre!”, recuerda. “Fueron los momentos de mayor paz en mi vida, de una presencia absoluta en el aquí y el ahora”, según Iriondo quien recalca haber tenido “la suerte” de haber recibido esa lección “para poner todo en orden y centrarme en lo que realmente importa”. Y lo más importante es el presente: porque uno quizá descubra, como Sofía, que se pasó toda la vida buscando la seguridad, debido a la educación que recibió en casa, del entorno, de la cultura, consistente en conseguir un trabajo para “ganarse la vida que dure mucho tiempo y de seguridad, estabilidad”, señala. “Con la mejor intención, porque quieren protegernos, ayudarnos y que seamos responsables, nuestros padres pueden inculcarnos ese miedo al futuro y luego, sin darnos cuenta, hacemos de la búsqueda de la seguridad nuestro principal objetivo”, puntualiza. “Debido a esa programación, ocurre que a pesar de tener una vida correcta y un buen trabajo, a veces somos incapaces de disfrutar del presente, y tenemos la sensación de que no podemos ser felices hasta que tengamos lo que ahora no tenemos”, según Iriondo.

SITUACIONES LÍMITE QUE NOS DESPIERTAN

“Entonces ante una situación límite nos damos cuenta que hemos estado aplazando la vida para otro momento, que no existe un futuro seguro y que, paradójicamente, la búsqueda de la seguridad nos provoca un montón de inseguridades, al carecer de aquello que supuestamente nos haría felices”, explica. La seguridad viene de la confianza en nosotros mismos y de saber que los problemas van a llegar, pero podremos enfrentarlos y sacar lecciones de ellos, y que en muchas ocasiones son oportunidades disfrazadas, de acuerdo a este autor. Añade que “no necesitamos esperar a que nos suceda algo terrible para vivir en plenitud, pero no solemos reaccionar hasta que la vida nos da un susto.  Lo que sí necesitamos es pararnos para reflexionar en silencio,  sobre qué es importante para nosotros”. Algunas de las reflexiones obligatorias que tenemos que hacer parten de preguntas como ¿hacia dónde voy? ¿Estoy a gusto con la dirección que lleva mi vida, o necesito darle un cambio? ¿Si sigo igual que ahora estaré satisfecho dentro de cinco años?, según Iriondo.

“Si estamos satisfechos con nuestra vida ¡enhorabuena!, pero lo que no es sano es estar quejándose continuamente, sin estar dispuesto a cambiar, echándole la culpa de nuestra situación a todo el mundo menos a nosotros mismos y caer en el victimismo sintiendo que no podemos hacer nada para cambiar”, apunta. “A partir de haberlo reflexionado, es imprescindible que tomemos la decisión radical, visceral, que nazca del corazón, de ¡quiero otra cosa, quiero algo más, quiero mejorar!”, sugiere. “Es hora de decidir hacia dónde queremos ir, qué queremos hacer o intentar, independientemente de que lo logremos. Al intentarlo tendremos la victoria moral de saber que hemos dado lo mejor de nosotros,  hemos sacado nuestra mejor versión y nos hemos convertido en mejores personas en ese proceso”, señala. Según Iriondo “tenemos que estar siempre aprendiendo, evolucionando y tomando esas decisiones para poder ir a donde queramos llegar”.  Reportaje/Imágenes: Efe

Por: Omar Goncebat

Javier Iriondo, el conferenciante y especialista en transformación personal
A veces es triste que tenga que ocurrir algo trágico para descubrir que la vida ‘se nos está escapando’
La seguridad viene de la confianza en nosotros mismos

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