Se conoce como oniomanía y presenta rasgos parecidos a los de cualquier otra adicción. Afecta a un 6% de la población, porcentaje que aumenta entre los adolescentes. Los llamados compradores compulsivos sufren la necesidad continua de gastar, incluso lo que no tienen…

Cuando nos sentimos tristes o aburridos es frecuente ir de compras porque ello genera un refuerzo inmediato, un placer a corto plazo que permite modificar el estado de ánimo; pero esto supone un problema cuando constituye un hábito frecuente y es la única manera para aliviar cualquier malestar. Cualquiera puede tener episodios de compra compulsiva pero la diferencia radica en saber autolimitarse. Candela Molina Gutiérrez es psicóloga y coordinadora del Centro Cepsim en la capital de España y asegura que “ir de compras para estar bien, sólo consigue un bienestar inmediato y breve porque el malestar que intentamos tapar regresa al poco tiempo. Es decir, no lo soluciona porque no mejora la autoestima”. Amaia, no es su nombre real porque prefiere mantener el anonimato, ha sido compradora compulsiva durante muchos años. Si no compraba algo, tenía que regresar al día siguiente a la tienda. Cuanto más ganaba, más gastaba y siempre pagaba con tarjeta de crédito. Compraba para calmar las penas, por aburrimiento, por adicción.  Llegó a pedir créditos para continuar con su ritmo de consumo. Después vendrían los ataques de ansiedad. Para Amaia esa vorágine era el modo de distanciarse de los problemas y la rutina.  Ahora se siente recuperada de este trastorno calificado dentro de las enfermedades depresivas, pero para ello necesitó de ayuda profesional. “Compraba para sentirme bien, pero eso duraba unos instantes, y pronto necesitaba comprar de nuevo. La solución estaba en aprender a estar bien conmigo misma y no en gastar sin necesidad”, confiesa. Esta joven de treinta y cinco años tuvo conciencia de ello y decidió ponerse en manos de los profesionales. La terapia de apoyo le ayudó a sentirse bien consigo misma, sin arruinar su bolsillo ni mentir a los demás. “La terapia psicológica parte de una evaluación inicial que permite determinar el inicio y mantenimiento de la adicción. Es importante la información sobre la persona y su familia, motivar al paciente al cambio y enseñarle estrategias para controlar la conducta lo más rápido posible”, determina la experta Molina Gutiérrez.

GASTO, LUEGO EXISTO

Según indica, uno de los modelos de terapia es la cognito-conductual basada en el control de los estímulos asociados al consumo y la modificación de expectativas sobre las compras. También son eficaces las técnicas de relajación e, incluso, la  hipnosis para aliviar la angustia. “Un tratamiento profundo debe  también trabajar los mecanismos internos y las emociones que impulsan al deseo, porque si solo trabajamos a nivel conductual, la persona deja de comprar pero no baja su deseo y puede producir recaídas o cambiar una adicción por otra”, añade la psicóloga. Las compras se vuelven compulsivas cuando se adquieren artículos de manera constante, invirtiendo gran cantidad de dinero que puede causar daños en la economía familiar o personal. Tras ese placer inmediato suele aparecen un sentimiento de culpa que impulsa nuevamente a comprar para aliviar ese malestar. Según Candela Molina, “responde a un proceso de adicción por el que cualquier comportamiento normal que resulte placentero, es susceptible de convertirse en adictivo cuando se hace un uso anormal o excesivo. Algunas investigaciones señalan que un 25% de las personas con este problema también suelen presentarlo con el juego, la adicción al sexo o el alcohol”. La experta segura que para reconocerse como comprador compulsivo es importante responder a una serie de preguntas tales como: ¿compras cuando te sientes triste y te aburres?; ¿compras a crédito porque se te ha acabado el dinero y no puedes dejar de hacerlo?; ¿tienes varias tarjetas y te cuesta hacer planes que no incluyan ir de compras?; ¿te sientes bien en el momento de adquirir algún producto y mal después?; ¿mientes a tu familia o esas compras suponen discusiones o problemas?; ¿dejas otras tareas para ir de compras?… Amaia las cumplía todas, “he comprado cosas que no necesitaba, que ya tenía parecidas o ropa que no me he puesto nunca. Es un hábito obsesivo muy difícil de controlar y, si no compraba, pensaba siempre en comprar. No podía ir sólo a mirar”, asegura. Como ella, quienes padecen este problema tienen ansiedad, baja autoestima y son personas muy perfeccionistas. Ya lo decía el filósofo Serge Latouche (Francia, 1940), criticando la afición o necesidad por el consumismo: se desea lo que no tenemos y no necesitamos, y el no conseguirlo genera frustración. Amaia reconoce que “al principio de la terapia me daba miedo pasar frente a los escaparates, pero poco a poco lo superé. Ahora puedo planificar, incluso ahorrar. Para divertirme no es necesario gastar, es como el que en casa sólo sabe ver la tele cuando puedes hacer mil cosas más, si quieres, puedes escribir, dibujar, bailar o tocar un instrumento musical, por ejemplo”. En contra de su pasado austero, la sociedad disfruta con una competencia basada en lo material, frente al proverbio de que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

PUBLICIDAD E INTERNET

La publicidad intrusiva a gran escala, las campañas de marketing, celebraciones como el “Black Friday”, las rebajas de invierno, las de otoño, verano; la publicidad masiva en televisión, radio, prensa, internet y las redes sociales no hacen más que crear la falsa necesidad del hábito de consumir. Pero si hay un nuevo elemento que se incorpora desde hace unos años al aumento de ese comportamiento compulsivo en algunas personas son los “youtubers” e “influencers” que, jóvenes o adultos, realizan videos de compras recomendando determinados productos. También colabora la venta por internet, un negocio que mueve miles de millones todos los años, que no cierra a ninguna hora y que puede hacerse desde casa. Ya no es necesario moverse del sillón para gastar. Cualquier consumidor está preparado para comprar en cualquier momento y lugar. Aunque en realidad las compras no entienden de edades, los jóvenes urbanitas son más susceptibles al estar expuestos a una mayor manipulación mediante el acceso a internet. Amaia ha aprendido a que eso no le afecte y ahora maneja a la perfección las herramientas que lo evitan. “Dejo la tarjeta de crédito en casa y solo salgo con dinero en efectivo. Si voy de compras suelo ir acompañada y evito ver vídeos de youtube de ese tipo. He aprendido a tener más ocio que el consumista, como es salir a hacer fotos, patinar, viajar con mis animales, ir a museos y exposiciones gratuitas o hacer senderismo en grupo. Aunque también pueda salir a tomar un café, la naturaleza es lo mejor. A mí me da mucha paz y también diversión”. Reportaje/Imágenes: Efe

Por: Rosi Legido

 

Compraba para sentirme bien, pero pronto necesitaba comprar de nuevo, confesaba una enferma
Existe mucha publicidad para que los que tienen oniomanía, recaigan
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Puesto de ventas de Lotería de Navidad, un juego muy popular en España
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