Cuando un virus entra en nuestro cuerpo, se ponen en marcha distintos mecanismos para identificarlo y eliminarlo. Si tuviéramos contacto con el coronavirus, esto es lo que haría nuestro sistema inmunitario para combatirlo.

Personal médico en trajes protectores atiende a los pacientes del hospital improvisado de Wuhan Fang Cang en Wuhan, provincia de Hubei (China).

“Se están realizando continuas investigaciones y todavía no se ha identificado con seguridad la fuente primaria de este coronavirus pero, por los datos filogenéticos, el origen más probable es el murciélago”, apunta el doctor en Investigación Biomédica, Francisco Gallardo Chamizo.

Una pasajera chino lleva una máscara protectora en el aeropuerto internacional de Sheremetyevo en Moscú, Rusia, el 19 de febrero de 2020.

El facultativo explica que cuando un virus entra en el organismo, lo que hace es invadir las células para sobrevivir y replicarse, escondiéndose así del sistema inmune, de nuestras defensas. Pero nuestras células utilizan señales para comunicar al exterior lo que está ocurriendo dentro de ellas.

Personal de prevención toma la temperatura a una ciudadana en las calles de Guangzhou, China. EFEEPAALEX PLAVEVSKI

Normalmente, cuando un virus produce una infección, nuestro organismo lo recuerda gracias a una acción conjunta entre los linfocitos B y T, de modo que si, en el futuro, se produjese una nueva exposición a ese virus, lo combatiría de una manera más rápida y eficaz.

“Los coronavirus son una amplia familia de virus que se pueden encontrar tanto ‎en animales como en humanos”)”, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Desde este organismo también indican que algunos infectan al ser humano y se ‎sabe que pueden causar diversas afecciones, “desde el resfriado común ‎hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de ‎Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS)”, aseveran.

Personal de prevención desinfecta las instalaciones de una residencia de estudiantes chinos en la Universidad Chosun en Gwangju, en Corea del Sur EFEEPACITY OF GWANGJU

LOS LINFOCITOS “B” Y “T”.

El nuevo coronavirus, denominado como SARS-CoV-2, 2019-nCoV o coronavirus de Wuhan, ocasionó las primeras infecciones en humanos a finales de 2019.

Concretamente, el día 8 de diciembre se registraron por primera vez síntomas en un paciente en Wuhan, la capital de la provincia china de Hubei.

Desde entonces se recopilaron otros 27 casos relacionados con dicha causa, de los que informó la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan el día 31 de diciembre.

“Todos estos casos se relacionaron con un mercado de pescado, marisco y animales vivos en esta ciudad, del que parece haber emanado dicho virus”, detalla Francisco Gallardo Chamizo, doctor en Investigación Biomédica perteneciente al Cuerpo Militar de Sanidad de las Fuerzas Armadas Españolas.

El especialista aclara que el coronavirus de Wuhan es una enfermedad zoonótica, es decir, que puede transmitirse de los animales a los humanos.

“Se están realizando continuas investigaciones y todavía no se ha identificado con seguridad la fuente primaria de este coronavirus pero, por los datos filogenéticos, el origen más probable es el murciélago”, apunta.

Asimismo, indica que el contagio entre humanos podría producirse a través de las secreciones respiratorias de una persona infectada cuando entran en contacto con las mucosas de la boca y la nariz de otra persona.

“Las pequeñas gotas que se expulsan, por ejemplo, al toser o estornudar pueden impregnar objetos o las propias manos, de modo que el virus podría transmitirse con un apretón de manos o al tocar objetos contaminados como picaportes, teléfonos móviles, etc”, indica el especialista.

“Aunque, por el momento, sólo disponemos de datos preliminares, parece que el periodo de incubación, es decir, el tiempo que transcurre entre el contagio y la aparición de síntomas, es de unos 5 días, si bien puede oscilar entre 2 y 14 días”, puntualiza.

Pero, ¿qué ocurre en nuestro cuerpo cuando el virus consigue entrar en él?.

El doctor Gallardo explica que, cuando un virus entra en el organismo, “lo que hace es invadir las células para sobrevivir y replicarse, escondiéndose así del sistema inmune, de nuestras defensas”.

Sin embargo, “nuestras células utilizan señales para comunicar al exterior lo que está ocurriendo dentro de ellas. Estas señales se transmiten mediante unas moléculas denominadas MHC (complejos mayores de histocompatibilidad)”, indica el doctor.

También añade que los MHC “se encuentran en la superficie celular y, a través de ellos, es posible mostrar fragmentos de virus a células de nuestro sistema inmune, como los linfocitos T, que circulan por todo el organismo en busca de agentes causantes de enfermedades”, expone.

El doctor Gallardo señala que cuando los linfocitos T reconocen a una célula infectada a través de los MHC, son capaces de destruirla gracias a una serie de mecanismos de citotoxicidad.

“Además, los linfocitos T producen una señal de alerta de infección para todo el cuerpo, que se propaga y hace posible la eliminación del virus”, afirma.

EDAD Y ENFERMEDADES CRÓNICAS.

Normalmente, cuando un virus produce una infección, nuestro organismo lo recuerda gracias a una acción conjunta entre los linfocitos B y T, de modo que si, en el futuro, se produjese una nueva exposición a ese patógeno, lo combatiría de una manera más rápida y eficaz. Esto se conoce como memoria inmunológica.

“Sin embargo, todavía no ha dado tiempo a concluir si existe dicha memoria para el coronavirus de Wuhan y si, en caso de existir, sería de corto o de largo plazo”, manifiesta.

El pronóstico de la infección por el coronavirus de Wuhan depende de varios factores que todavía están siendo estudiados.

“Algunos de los más importantes son la edad y la coexistencia de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, párkinson o enfermedades de las arterias coronarias, que se han relacionado con una mayor tasa de mortalidad”, describe.

Además, el doctor Gallardo comenta que la acción de nuestro sistema inmune puede verse reforzada a través del ingreso y tratamiento de los pacientes infectados.

“Aunque no existe un tratamiento específico contra el coronavirus de Wuhan, actualmente se están implementando diferentes antivirales, mediante los que se ha conseguido una mejoría en el pronóstico de los infectados. Asimismo, los tratamientos para el control de los síntomas también han producido una mejora significativa en la tasa de curación”, afirma.

Aparte de los tratamientos proporcionados a los afectados, “existe esperanza en diferentes vacunas que se están probando en la actualidad desde el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades y fomentando a través de la Coalición para la Innovación en la Preparación de Epidemias (CEPI)”,  concluye el facultativo.

Por Purificación León.

EFE/REPORTAJES

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