La búsqueda de un tratamiento eficaz para la enfermedad del nuevo coronavirus ha llevado a los investigadores a encontrar un aliado natural insospechado: la llama, camélido de los Andes suramericanos, cuyos anticuerpos tienen la capacidad de neutralizar el virus SARS-CoV-2 en ensayos de laboratorio.

Su nombre es Winter, es de color chocolate,  tiene cuatro años e igual cantidad de patas. Su cuello es largo, su pelaje lanoso, sus orejas algo torcidas y sus pestañas muy llamativas. El hábitat natural de este mamífero está en la cordillera de los Andes, pero este ejemplar vive en una granja del campo de Bélgica, en el centro de Europa.

Winter es una llama, un pariente suramericano del camello que carece de joroba. Estos animales fuertes y resistentes que fueron domesticados y son utilizados en la región andina para transportar cargas y como fuente de lana y carne, podrían prestar un servicio mucho más valioso a la Humanidad: ser una pieza clave de la lucha contra el nuevo coronavirus.

Dos equipos de investigadores independientes, uno de Estados Unidos y Bélgica, y el otro de Argentina, trabajan con un tipo especial de anticuerpos, sustancia segregada en la sangre para combatir una infección, que producen estos animales, para desarrollar tratamientos para la COVID-19.

Los científicos de Universidad de Texas en Austin (UTexas) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), en EEUU y de la Universidad de Gante (Ugent) en Bélgica, vincularon dos copias de un anticuerpo de las llamas denominado ‘nanoanticuerpo’, para crear un nuevo anticuerpo que se une estrechamente a una proteína clave del nuevo coronavirus.

Esta proteína, denominada ‘proteína de espiga’, permite que el virus rompa las células huésped  (células que pueden alojarlo) y las infecte. Las pruebas iniciales indican que este nuevo anticuerpo bloquea los virus que presentan esta proteína de espiga en los cultivos de células de laboratorio, informa UTexas.

Este es uno de los primeros anticuerpos conocidos capaces  de neutralizar el virus SARS-CoV-2, según Jason McLellan, profesor asociado de Biociencias Moleculares en UTexas Austin y coautor principal de la investigación.

EN BÚSQUEDA DE UN TRATAMIENTO PROTECTOR.

El equipo se prepara ahora para efectuar estudios preclínicos en hámsters o primates, con la esperanza de realizar las próximas pruebas en humanos. El objetivo es desarrollar un tratamiento con anticuerpos que proteja a las personas poco después de que se hayan infectado, o que disminuya la gravedad de la COVID-19 en quienes ya han enfermado.

Cuando el sistema inmunológico de las llamas detectan invasores como los virus, estos animales producen dos tipos de anticuerpos: uno similar a los anticuerpos humanos y otro mucho más pequeño, llamado ‘nanoanticuerpo’ o ‘nanobody’, que se pueden nebulizar y usar en un inhalador, según los autores.

Eso los hace interesantes como fármaco para un patógeno respiratorio, porque se  puede directamente llevar al sitio de la infección, según Daniel Wrapp, estudiante graduado que trabaja con McLellan y es coautor del artículo.

La llama Winter vive, junto con otras 130 llamas y alpacas en una granja operada por la Ugent, y participó, en 2016, en los estudios de dos coronavirus anteriores, el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV.

En un proceso similar al de los humanos que reciben vacunas para inmunizarlos contra un virus, a Winter se le inyectaron ‘proteínas de espiga’ estabilizadas de esos dos virus.

Después se le extrajo una muestra de sangre y se aislaron aquellos anticuerpos que se unían a las proteínas de espiga, uno de los cuales demostró ser prometedor para neutralizar los coronavirus, según la UTexas.

“Los anticuerpos de las llamas se han utilizado en el pasado para tratar de encontrar terapias contra una serie de virus, incluidos los de la gripe y el VIH”, explica Daniel Wrapp a Efe.

Puntualiza que Winter produjo estos anticuerpos en respuesta a la inmunización con proteínas de los coronavirus que causan el SARS y el MERS.

“Estos anticuerpos no surgieron espontáneamente, sino que fueron provocados en respuesta a la vacunación”, indica.

‘NANOBODIES’, LAS MOLÉCULAS MÁS PEQUEÑAS.

Por su parte, un equipo argentino, integrado por investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto de Ciencia y Tecnología Dr. Cesar Milstein y la Universidad de Buenos Aires (UBA), avanza en la obtención de ‘nanoanticuerpos’ (‘nanobodies’) derivados de llama, para  diagnosticar y tratar la COVID-19.

En este estudio también participan  los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses.

“Los ‘nanobodies’ son unas moléculas muy pequeñas derivadas de los anticuerpos  que poseen las diferentes clases de camélidos: camellos, llamas, alpacas, vicuñas y guanacos”, señala la doctora Viviana Parreño, responsable del Laboratorio de Virus Gastroentéricos del Instituto de Virología del INTA, y que trabaja con ‘nanobodies’ derivados de llamas.

Explica que son las moléculas más pequeñas que existen en la naturaleza y que poseen la capacidad de reconocer a otra y de neutralizarla. “Por su pequeñez y capacidad de escabullirse, son capaces de reconocer la parte interna del virus”, señala Parreño.

La especialista del INTA y su equipo han utilizado ‘nanobodies’ de llama para diagnosticar y combatir variantes del rotavirus (causante de la diarrea) y del norovirus (causante de la gastroenteritis) en humanos y animales, y estaban enfocados en utilizarlos para un tipo de influenza y de la rabia “cuando nos sorprendió la pandemia de COVID-19”, asegura esta prestigiosa viróloga.

Parreño está convencida de que los ‘nanobodies’, por su cualidades, pueden ser una de las alternativas más prometedoras y estrategias más rápidas, para enfrentar a la pandemia de coronavirus, tanto con fines de diagnóstico como para desarrollar una terapia contra la enfermedad. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Ricardo Segura.

El equipo de investigadores del INTA trabajan desde hace más de una década en el desarrollo de nanoanticuerpos monoclonales
El equipo de investigadores del INTA
En 2005 Parreño y su equipo iniciaron en el INTA la línea de investigación en nanobodies, unas moléculas muy pequeñas derivadas de los anticuerpos de cadena pesada que poseen las diferentes clases de camélidos.
Jason S. McLellan, profesor asociado de Biociencias Moleculares (izquierda), y el estudiante de posgrado Daniel Wrapp (derecha) trabajan en el Laboratorio McLellan de la Universidad de Texas en Austin.
La llama Winter, en una granja del campo belga operada por el Instituto Vlaams de Biotecnología de la Universidad de Gante.
La llama Winter, en una granja del campo belga operada por el Instituto Vlaams de Biotecnología de la Universidad de Gante.
La llama Winter, junto a otros de los 130 camélidos de la granja del Instituto Vlaams de Biotecnología de la Universidad de Gante.
Nianshuang Wang, investigador asociado (derecha), y Daniel Wrapp, estudiante graduado (izquierda), revisan imágenes en el Laboratorio de Biología Estructural The Sauer en la Universidad de Texas en Austin.

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