Un compuesto químico que se encuentra en la cáscara del anacardo promueve la reparación de la mielina, una cubierta protectora que rodea los nervios, cuyo daño provoca esclerosis múltiple y otras enfermedades degenerativas.

Las semillas del anacardo, reconocidas por su característica forma arriñonada, son consumidas crudas o tostadas, saladas o aderezadas, y resultan muy apreciadas como aperitivo o ingrediente culinario, debido a su delicioso y suave sabor, su consistencia tierna y sus propiedades nutricionales.
Ahora acaba de descubrirse que la cáscara de la nuez que las protege también podría ser muy valorada en el futuro, aunque por razones medicinales.
Un compuesto químico de la cáscara de este fruto, denominado ácido anacárdico (anacardic acid) parece reparar los nervios dañados, en concreto la capa aislante que los recubre denominada mielina, según han descubierto en experimentos de laboratorio, un equipo del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt (VUMC), en Nashville (Tennessee, Estados Unidos).


El anacardo, un árbol emparentado botánicamente con el pistacho y el mango, es nativo del noreste de Brasil, después introducido en la India y actualmente cultivado en regiones tropicales de África, Sudamérica, el sudeste asiático y Australia, según la organización de productores Global Cashew Council (GCC).
Su semilla se desarrolla dentro de una nuez dura suspendida de un falso fruto blando y comestible llamado ‘manzana de anacardo’. Está conformada por una cáscara que contiene aceite fenólico no comestible de uso industrial, entre otros compuestos.
Esta semilla, el auténtico ‘tesoro’ comestible del anacardo, se consume en todo el mundo como aperitivo, en preparaciones culinarias y postres, como ingrediente en chocolates, galletas, helados y bebidas sustitutivas de la leche, según el GCC. (www.cashews.org/en) .
Pero el hallazgo del equipo dirigido por el doctor Subramaniam Sriram, profesor de Neurología y jefe de Neuroinmunología de la VUMC, no se ha centrado en esta deliciosa semilla, rica en minerales y nutrientes saludables, y escaso contenido graso, sino en la cáscara de la nuez donde se aloja, dura, con forma de riñón, gris en su parte inferior y de unos 3-5 centímetros.
UN COMPUESTO QUE AYUDA A REPARAR LA MIELINA.
La mielina es una vaina protectora que recubre los nervios. El daño a esta cubierta, la desmielinización, es un sello distintivo de la esclerosis múltiple (M) y otras enfermedades relacionadas del sistema nervioso central, informa la VUMC (www.vumc.org).
El doctor Sriram, autor principal, considera a esta investigación como “un hallazgo emocionante, ya que sugiere una nueva vía en la búsqueda de terapias para corregir los estragos de la EM y otras enfermedades desmielinizantes”.
Un trabajo anterior dirigido por Sriram mostró que una proteína llamada interleucina 33, o IL-33, inducía la formación de mielina.


La esclerosis múltiple es un trastorno autoinmune en el cual el sistema inmunitario de una persona ataca y destruye tejido corporal sano por error, y la IL-33 es, entre otras cosas, un regulador de la respuesta inmunitaria, es decir de las defensas orgánicas, según la VUMC.
ENZIMA QUE REGULA LA RESPUESTA INMUNE.
Sriram y su equipo se interesaron en el compuesto de cáscara de anacardo llamado ácido anacárdico, porque se sabe que esta sustancia química inhibe una enzima llamada histona acetiltransferasa, o HAT, y el equipo había descubierto que cualquier cosa que inhiba la HAT induce la producción de IL-33.
El informe incluye una serie de hallazgos recientes ‘in vitro’ y animales de laboratorio, que muestran el efecto formador de mielina de la IL-33, y apuntan al posible uso terapéutico del ácido anacárdico para las dolencias desmielinizantes.
“Son resultados sorprendentes que claramente instan a realizar más estudios sobre el ácido anarcárdico para este tipo de enfermedades”, manifiesta Sriram.


Este investigador reconoce que estos estudios son solo un primer paso y que el proceso requerirá más investigaciones. Señala que ahora mismo no puede saberse cuánto tiempo podría tardar un posible fármaco de este tipo en llegar a hospitales y farmacias.
“Dado que el ácido anacárdico es un compuesto natural, no hay mucho interés en la industria farmacéutica para realizar estudios para incorporarlo a la terapéutica clínica. Estos compuestos no se pueden patentar”, explica a Efe el profesor Sriram.
“El siguiente paso consistirá en gestionar que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) estadounidense apruebe al ácido anacárdico como un compuesto seguro, y establecer cuáles serían las dosis que probablemente sean efectivas para poder efectuar estudios clínicos en seres humanos”, señala.
“Aún no está claro que cantidad de esta sustancia tendría que recibir una persona para obtener un efecto terapéutico”, concluye.
Por Ricardo Goncebat.
EFE/REPORTAJES

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