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El fantasma de un niño es lo más antinatural que existe, porque no hay nada racional que explique la razón de que la vida de un pequeño tenga que llegar a su fin. Foto cedida por Denis Zavhorodnil

El recuerdo de historias de apariciones es habitual en todas las latitudes y, en función del momento o el lugar, nos puede llenar de congoja el espíritu; pero si existe un relato ante el cual a todos se nos eriza el vello, esos son los fantasmas de niños, que se han relatado desde la antigua Roma hasta la actualidad. En el libro “Inmaturi” (Los inocentes), del investigador Javier Pérez Campos, se cuentan múltiples historias donde los pequeños son los protagonistas….

Se sintió periodista desde la adolescencia y lleva mucho tiempo buscando enigmas e historias ocultas desde su puesto de reportero en el programa que conduce Iker Jiménez, muy popular en España y América, denominado “Cuarto Milenio”.

Antes de “Inmaturi” (Los Inocentes), Javier Pérez Campos (Ciudad Real, España 1989) ha escrito otros libros, entre ellos: “En busca de lo imposible” (2012), “Los Otros” (2016), “Los Guardianes” (2019) o “Los Intrusos” (2021).

La vida del investigador cambió cuando fue padre de dos hijos prematuros. Algo le marcó para que hiciera este libro sobre fantasmas de niños. Foto Javier Ocaña, cedida por la editorial Planeta

“Para todas las culturas a lo largo de la historia, incluida la nuestra, el fantasma del niño es, sin duda, el más temido”, comenta este escritor e investigador en el epílogo de “Inmaturi”, donde relata una serie de sucesos que no se explican racionalmente, con un denominador común: la muerte de un niño o niña de corta edad y el espíritu (o lo que sea) que dejan y las formas que tiene este de llegar hasta los vivos.

 

EL PAVOR A LA PÉRDIDA.

Según relata, todo comenzó en el momento que dio a luz la pareja del escritor, en 2020, con un parto difícil, ya que fueron mellizos y además se adelantaron un par de meses al momento que deberían haber nacido. Comenta que en aquellos momentos sintió que “todo lo que ha pasado en mi vida me ha conducido hacia vosotros”.

— ¿Y eso le ha llevado a elegir esta temática? ¿Fue esta la razón principal para desarrollar este tema tan concreto?, preguntamos al autor.

— Sí, es cuando comienza realmente este viaje, porque siempre me han interesado los temas de apariciones y las de niños creo que son especialmente relevantes e icónicas. Pero, además, mi mundo ya no es el mismo, porque me acerco a estos hechos desde la paternidad y de esos miedos que se generan cuando eres padre, en los que tienes una perspectiva diferente.

El investigador Javier Pérez Campos en la habitación 205 del Parador Nacional de Mérida (Extremadura) donde ha habido múltiples apariciones del fantasma de un niño pequeño. Foto Javier Ocaña, cedida por la editorial Planeta

— ¿En qué sentido?.

— Porque ya no tiene que ver con el miedo en sí hacia lo sobrenatural, sino con el pavor a la pérdida; el miedo a lo más antinatural que puede haber, que es la muerte de un niño, y con ese apego tan especial que se genera.

Además, en esas fechas posteriores al nacimiento de sus retoños, hace tres años, una serie de casualidades en las que dice “no creo demasiado”, pusieron al escritor en contacto con historias de apariciones que protagonizaban pequeños.

— Efectivamente, haciendo una investigación en la ciudad de Mérida (Extremadura, oeste de España) me llega al primer relato de un niño fantasma en España. Se trata de la historia del “Niño Augusto”, que se produjo en el siglo VI y que además descubro estando con mi hijo, recién nacido, en los brazos. Todo un presagio… .

— De todos los casos que relata en el libro, ¿cuál es el que le ha causado mayor impresión?.

— El del “Niño Blanco”, un espíritu a quien en ocasiones se le ve cerca de las puertas del cementerio de la localidad de Aceitunilla (Cáceres, Oeste de España). Se trata de la aparición de un recién nacido que hizo estremecer a aguerridos cazadores cuando se describió por primera vez en las crónicas del siglo XVIII. Una aparición que ha seguido repitiéndose hasta el día de hoy, según me han contado testigos. Que no es de extrañar que no esté dentro del recinto, porque antiguamente a los niños que no habían sido bautizados se les enterraba a las puertas de los camposantos y no en su interior.

El investigador en el exterior del Parador Nacional de Mérida con su libro, donde ocurre uno de los relatos de su obra. Foto Javier Ocaña, cedida por la editorial Planeta

“EL FANTASMA DE UN NIÑO ES LO MÁS ANTINATURAL QUE EXISTE”.

— Usted ha vivido en primera persona algún contacto con alguno de los personajes o estancias que relata en su obra “Inmaturi”?.

— Lo cierto es que no. Yo buscaba quedarme solo en los lugares donde se han producido el tipo de hechos que relato. Por ejemplo, consigo el permiso para hacerlo en Aceitunilla; también en el Palacio de Justicia de la ciudad de Vitoria, donde dicen que aparece otro niño a quien han denominado “Andresito”, pero en ninguno he percibido señales.
— ¿Pero no ha sentido nada?.

— Bueno, para ser exactos, en el Palacio de Justicia vitoriano sentí un miedo sin justificación, quizás sugestionado, hasta el punto que tuve que abandonar el edificio. Pero, curiosamente, el compañero cámara de “Cuarto Milenio” que estaba rodando un pasillo del lugar, bastante escéptico él, se da cuenta que, al fondo hay una puerta que, sin viento ni corrientes, se va cerrando poco a poco, hasta que da un golpe estrepitoso y se cierra. Nos comentó después que se había pegado el mayor susto de su vida y aún lo recuerda impresionado.

— ¿Por qué cree que el ser humano se acongoja especialmente en estos casos?.
— Creo que este tipo de fantasma son los más temidos de la Historia. A nivel cultural tenemos las gemelas del filme “El resplandor” (The Shining ,1980); la niña del pozo en “La señal” (The ring, 2002); el niño que tira la pelota de “Al final de la escalera” (The Changeling, 1980). Los niños se convierten en iconos del terror, porque ya venían siendo prototipos del miedo en todas las culturas.

— ¿También porque la muerte de un infante es un poco incomprensible?.

— Hay que reconocer que el fantasma de un niño es lo más antinatural que existe, porque no hay nada racional que explique la razón de que la vida de un pequeño tenga que llegar a su fin, y también porque el fantasma de un niño es como un espejo donde se refleja nuestra propia fugacidad. El fantasma del niño viene a decirnos, con su cuerpecito pálido, que él ha muerto a deshora y, por tanto, tampoco existe la certeza de un mañana para nosotros.

— ¿Cómo concluiría que percibimos este tipo de fantasmas?.

— Quizás el fantasma del niño, en el fondo, es ese recuerdo que no dejamos irse del todo, que nos acompaña porque, cuando muere alguien cercano muy joven, no permitimos que se vaya del todo, y ese amor tiene tal fuerza, tal poder, que puede casi manifestarse.

CASOS DE NIÑOS DESDE LA ÉPOCA DE LOS ROMANOS.

— ¿Cree realmente que las personas a quienes afecta alguno de estos casos deberían sentir más miedo que respeto o a lo contrario, más respeto que miedo?

— Esto me lleva a una historia que reflejo en el libro que la escribió Quintiliano, en la antigua Roma, de unos padres que pierden a su hijo de corta edad y empieza a manifestarse en la casa. Según cuenta este relato, a la madre le causa mucho amor ver y sentir la presencia del niño fallecido y al padre, por el contrario, le da cierto pavor. Al final el padre, por su cuenta, decide hacer un ritual para alejar al fantasma de su hijo. Es interesante porque se ven en él las dos perspectivas, las dos posibilidades. O acercarse con cariño y afecto, como la madre, y por otro lado el terror del padre. En definitiva, todo tiene que ver con la relación que haya tenido el testigo con el fantasma.

— ¿Qué opina de aquellos que son capaces de hacer juegos nocturnos en algún cementerio o lugar sagrado, les daría algún consejo?.

— Me parece curioso, porque muchos de estos casos han dado lugar a episodios e historias como la denominada “mano del cementerio”, en el que un grupo de jóvenes se adentran en el camposanto, después les entra miedo y salen corriendo. Uno de ellos chilla y sale como una exhalación diciendo que una mano le ha sujetado y le ha quitado la chaqueta. Al día siguiente se acercan y comprueban que se había enredado en una zarza y allí estaba su prenda. Una historia que se repite en muchas localidades.

— Ahora, próximos a celebrar el Día de Halloween, tiene algún consejo o pauta que dar a esas personas que se ríen de todo.

— La festividad de Halloween es celebrar nuestro vínculo con el otro mundo, que se ha hecho siempre, porque tiene vínculos celtas. Se dice que es americano pero, en realidad, nos viene de vuelta, porque fuimos los europeos quienes los llevamos a Estados Unidos y ahora ha regresado ya transformado. Es lo bonito de una fiesta que tiene vida propia y se va modificando. Creo que es bueno e interesante que se celebren estas cosas. En definitiva, lo bello es que estas historias nos siguen interesando y nos siguen provocando emociones.
Por Antonio Dopacio.
EFE/REPORTAJES

 

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