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Un camino arduo pero estimulante. Foto: Alex Azabache-Unsplash.

Disfrutar del mayor bienestar material posible es una meta atractiva y una aspiración compartida por muchas personas, pero el exceso de confort puede ser una trampa, ya que nos hace más frágiles e infelices, afirma un investigador que propone introducir en nuestra vida diaria unas dosis de “saludable incomodidad”.

¿A veces puede ser necesario complicarse un poco la vida para superarnos a nosotros mismos y dar un cambio positivo a nuestra existencia?

Michael Easter (https://eastermichael.com), profesor de la Universidad de Nevada (Las Vegas, EE. UU.), periodista e investigador, considera que la respuesta es un rotundo ‘si’, ya que una vida sin comodidades puede sanarnos física y emocionalmente, según asegura.
Easter ha viajado por el mundo, recorriendo desde zonas de guerra hasta el Ártico y la selva boliviana, para descubrir ideas prácticas que ayuden a las personas a vivir vidas más saludables, felices y extraordinarias.

A grandes esfuerzos, grandes resultados. Foto: Vlad Che?an-Pexels.

Para sus investigaciones ha entrevistado a miles de expertos, desde premios Nobel hasta atletas de talla mundial, y ha examinado infinidad de estudios para encontrar las mejores tácticas para optimizar nuestra vida respaldadas por la ciencia.

Easter sostiene categóricamente qué una vida cómoda nos hace más frágiles e infelices, y que por el contrario, una vida sin comodidades puede sanarnos física y emocionalmente.
Ha ido desarrollando este concepto a lo largo de sus viajes e investigaciones, pero esta idea se convirtió en certeza, a raíz de la apasionante aventura que vivió en el corazón de Alaska (Estados Unidos), una de las zonas más salvajes del planeta, donde experimentó innumerables incomodidades que lo fortalecieron como persona y describe en su libro ‘La trampa del confort’.

Las decisiones difíciles nos obligan a pensar más. Foto: Zinkevych-Freepik.

Revelaciones en un viaje a Alaska.

Durante este viaje, en solitario y de 33 días de duración, por el interior del Ártico alaskeño, un paraje considerado por muchos como el más solitario, remoto y hostil del planeta, Easter se cruzó con ermitaños, aventureros, monjes y científicos, que le desvelaron una de las paradojas que rige nuestras vidas: alejarnos del confort material nos acerca al bienestar físico y mental.

Su experiencia personal se ve respaldada por las numerosas evidencias de esta paradoja que recopiló Easter en los últimos años, desde el estudio de las prácticas ancestrales japonesas que utilizan los atletas de élite hasta los ritos iniciáticos de las tribus más aisladas del mundo, pasando por los últimos avances de la neurociencia sobre el cansancio y la ansiedad.

Portada de ‘La trampa del confort’. Foto: Grupo Planeta.

Ciencia, evidencia y experiencia coinciden en apuntar a que “el gran secreto de nuestro bienestar es la incomodidad”, recalca Easter.

“En lo más recóndito de Alaska, uno no puede decidir que tiene frío o hambre y desviarse del camino tres kilómetros para llegar a una vía pública, donde puede pedir un Uber que le lleve al restaurante de carretera más cercano, para tomar una taza de café caliente y tortitas dulces”, ironiza.

“En Alaska hay pocos senderos, y a veces ni existen. La carretera, la aldea, la antena telefónica o el hospital más cercanos, pueden estar a cientos de kilómetros. Todo esto se aleja mucho de una vida cómoda y apacible en el hogar. ¡Pero de eso se trata: de verse inmerso en la incomodidad”, apunta Easter.

Señala que “hoy la gente casi nunca sale de su zona de confort. Vivimos una vida cada vez más recluida, esterilizada y climatizada; comemos en exceso; no corremos ningún riesgo y tenemos una red de seguridad. Y, como dijo la poetisa Mary Oliver, todo eso está afectando el grado en que experimentamos nuestra “única, salvaje y preciosa vida”.

Según Easter, “hay indicios nuevos que rompen todos los esquemas y apuntan a que los humanos alcanzamos nuestro máximo esplendor físico, mental y anímico tras experimentar las vicisitudes que sufrían diariamente nuestros ancestros de la Prehistoria”.

“La ciencia ha descubierto que determinadas incomodidades funcionan como ‘vacunas’ contra problemas físicos y fisiológicos como la obesidad, las cardiopatías, el cáncer, la diabetes, la depresión o la ansiedad, y contra aspectos fundamentales, como no encontrar el sentido y el propósito de la vida”, enfatiza.

A grandes esfuerzos, grandes resultados. Foto: Vlad Che?an-Pexels.

El periplo de Easter por Alaska “ representa el grado extremo de una receta que, según investigadores de diversas disciplinas, deberíamos incorporar a nuestra vida y cuyos beneficios se notan en todo. Consiste en volver a un estado más natural y reordenar nuestras prioridades”, según explica.

Según este investigador no hace falta aventurarse en el Ártico para “sacar provecho del malestar”, ya que hay muchas maneras menos radicales de sacar partido de la incomodidad, que uno podría incluir en su rutina diaria para mejorar mente, cuerpo y espíritu, como las que Easter describe a continuación.

Incomodidades que nos fortalecen.

Se trata de incorporar a nuestra vida actividades o rutinas que nos expongan a cierto grado de dificultad, complicación o incomodidad, pero “sin morir en el intento”, según afirma Easter con un toque de humor e ironía.

1.- Cargue su mochila. “Los seres humanos estamos diseñados para soportar peso. Es una de las mejores cosas que uno puede hacer por su salud y estado físico. Simplemente meta algunos kilos de carga en su mochila y camine con ella”, recomienda.

2.- Pase tiempo en silencio. “Las investigaciones científicas muestran que el silencio mejora nuestra productividad, creatividad y salud mental”, según Easter.

3.- Salga 20 minutos cada día. Una “dosis diaria de naturaleza”, incluso dando un paseo por un parque de la ciudad, reduce el estrés y mejora la felicidad, según los estudios científicos.

4.- Pruebe cosas nuevas. Desarrollar actividades que no habíamos probado y vivir nuevas experiencias, nos obliga a entrar en el momento presente e incluso puede ralentizar nuestro sensación de paso del tiempo, de acuerdo a Easter.

5.- Pase un poco de hambre. Easter también sugiere probar el ayuno, el cual “no es una receta mágica para bajar de peso, pero puede ayudar a las personas a darse cuenta de que un poco de hambre no es una emergencia. Esto es importante, dado que un elevado porcentaje de las comidas que tomamos a lo largo del día, se deben a razones distintas al hambre real”, según afirma.

Una posición complicada, pero gratificante. Foto: Konstantin Mishchenko-Pexels.

6.- Redescubra el aburrimiento. Aburrirse durante unos minutos, unas horas o incluso unos días, no es ni bueno ni malo. El aburrimiento simplemente nos dice que “hagamos algo”, pero el problema es que actualmente “ese algo” suele ser ver la televisión o mirar nuestro teléfono móvil, señala Easter.

Este investigador recomienda tomarse un tiempo para desconectarse por completo de todos los medios digitales, sentarse preferiblemente en el exterior y aburrirse, para ver a qué lugares nuevos e interesantes nos lleva el aburrimiento.

7.- Piense cada día en su propia muerte. Pensar en el inevitable momento en que moriremos es “lo más incómodo que se pueda imaginar”, pero según Easter. se ha demostrado que “mejora nuestra felicidad y empatía a largo plazo”. Pensar en nuestra muerte nos invita a valorar y aprovechar el momento presente y cada instante de la vida, que es único, fugaz e irrecuperable.
Daniel Galilea.
EFE – Reportajes

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