Tamaño de texto-+=
Compartir:
Frida Kahlo y Diego Rivera. Foto facilitada por Editorial Almuzara.

abc lo largo de los siglos, algunos de los personajes más famosos y fascinantes del arte, la cultura, la política, la nobleza, la ciencia e incluso de la delincuencia, han protagonizado grandes episodios de amor, que ya sean reales o en parte míticos, demuestran que el amor es parte intrínseca de la Historia, según una investigadora.

— Las parejas formadas por los delincuentes Bonnie Parker y Clyde Barrow, y los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera; la unión casi mística entre el literato W. B. Yeats y la política Maud Gonne, o el amor a escondidas del poeta Antonio Machado y la poetisa Pilar de Valderrama, son algunos amores de leyenda.

— Tras investigar las grandes historias de amor del pasado y plasmarlas en un libro, la historiadora María Pilar Queralt Del Hierro, llegó a la conclusión “de que no hay dos parejas iguales. Cada una tiene sus propias circunstancias y, en consecuencia, utiliza sus propios códigos”, según declara a EFE.

— “No hay reglas escritas para vivir un amor en plenitud, solo cuenta el respeto mutuo y la generosidad. A partir de ahí, cada pareja debe encontrar su propio camino, olvidando todo convencionalismo o criterio ajeno”, señala esta reconocida historiadora especializada en el género biográfico.

“El amor también es parte intrínseca de la Historia”, afirma María Pilar Queralt del Hierro, que ha investigado minuciosamente las historias de amor que han vivido algunos de los personajes más fascinantes de los siglos recientes, pertenecientes a distintos ámbitos, desde la literatura y las artes, hasta la ciencias, la política y la realeza, pasando por la delincuencia.

Queralt del Hierro es licenciada en Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia Moderna y Contemporánea, tiene una larga trayectoria en el mundo editorial, está especializada en el género biográfico, que ha abordado en numerosos libros, y está considerada como una de las más destacadas escritoras españolas de novela histórica.

Reales o en parte legendarias, las “históricas” historias amorosas que Queralt ha volcado en su último libro “Amores de leyenda”, son a menudo desconcertantes y desconocidas, en muchos casos complejas, y en alguna ocasión incluso pueden decepcionar.

Muchas de las historias de amor que describe son emocionantes, y otras desvelan ciertas realidades que derriban mitos y rompen el imaginario de lo que siempre se ha creído.
Dos de las preguntas en que se inspiró su trabajo fueron: ¿Es verdad todo lo que se ha contado sobre las grandes historias de amor? ¿Qué se esconde detrás de algunos de los grandes mitos de la Historia? Las respuestas a estos interrogantes, que descubrió al investigar, son siempre llamativas.

W.B. YEATS Y MAUD GONNE.

W.B. Yeats y Maud Gonne. Foto facilitada por Editorial Almuzara.

Es prácticamente imposible para todo aquel que viaja a Irlanda no toparse con el recuerdo a W. B. Yeats (1865-1939), Premio Nobel de Literatura en 1923, y el poeta irlandés nacional por excelencia. De él se dice que solo tuvo dos pasiones: Irlanda y la literatura, explica María Pilar Queralt Del Hierro.

Hubo una tercera pasión que marcó su vida: la que sintió por Maud Gonne (1866-1953), la actriz, sufragista y política irlandesa que le inspiró alguno de sus mejores poemas.

En Londres, tras una serie de amores de juventud sin demasiada importancia, Yeats conoció a una joven irlandesa. Se llamaba Maud Gonne; era una mujer bellísima, alta, de abundante cabellera rojiza y unos enormes ojos garzos, que le impresionó por su determinación y la pasión con la que hablaba de una Irlanda libre.

Rápidamente el poeta inició el acercamiento, pero su pasión no fue correspondida más que con una profunda amistad. Ante el evidente desconsuelo del poeta, Maud le propuso una alternativa muy peculiar: mantendrían una amistad especial, casi una unión mística.
Así quedó definida una peculiar relación sentimental que marcaría profundamente la vida de ambos y que solo se rompería a la muerte de Yeats.

Desde ese momento, juntos compartieron su pasión por el esoterismo, las viejas leyendas celtas y la búsqueda de símbolos ancestrales siempre en función de conseguir la independencia de su amada Irlanda, señala Queralt.

ANTONIO MACHADO Y PILAR DE VALDERRAMA.

Antonio Machado y Pilar de Valderrama. Foto facilitada por Editorial Almuzara.

Durante años se ignoró quién se escondía tras el nombre de Guiomar, la misteriosa mujer que inspiró a un maduro Antonio Machado (1875-1939) encendidas cartas de amor y diversos poemas, señala la autora de ‘Amores de leyenda’.

En 1981 se desveló la identidad de aquella que hizo escribir al poeta «el corazón me salta en el pecho, realmente loco, y no hallo manera de sujetarlo».

Se trataba de la poetisa y comediógrafa Pilar de Valderrama (1889-1979). Antonio Machado conoció a Pilar en 1928, en Segovia (España), cuando ella buscaba algo de sosiego después de saber que su esposo le había sido infiel.

Su presencia elegante y refinada y, sobre todo, su condición de mujer inteligente y culta deslumbraron al maduro poeta.

Iniciaron una relación clandestina que ella impuso casta —pese a los continuos reproches que Machado le dirigió en cartas y poemas— dado que era una mujer casada.

Solo se veían en Madrid una vez a la semana. El resto de los días se comunicaban por carta o mediante una ilusoria comunión espiritual que consistía en dedicarse un mutuo pensamiento cada día a las doce en punto de la noche.

Fue un amor intenso, pero breve. Sus citas debieron suspenderse cuando, en 1936, el esposo de Pilar decidió que la familia debía exiliarse a Estoril (Portugal).

Les quedaron las cartas. En una de ellas, Machado confiesa: «Mis otros amores solo han sido sueños a través de los cuales vislumbraba yo la mujer real, la diosa —como siempre llamó a Pilar—, explica Queralt.

FRIDA KAHLO Y DIEGO RIVERA.

Frida Kahlo y Diego Rivera. Foto facilitada por Editorial Almuzara.

En 1923, el pintor Diego Rivera (1886-1957) trabajaba en un inmenso mural en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México cuando se le acercó una joven adolescente, solicitando su permiso para contemplar la realización de su obra, describe la historiadora.
Aquella muchacha menuda y morena que cojeaba ligeramente por culpa de la poliomielitis se llamaba Carmen Frida Kahlo (1907-1954).

Lo que el pintor ignoraba era que aquella adolescente iba a convertirse anos después en la mujer de su vida.

Habían pasado cinco años de aquel primer encuentro, cuando Frida y su admirado Diego Rivera, se reencontraron, en una reunión política.

Diego se sintió subyugado tanto por la firmeza con que Frida exponía su pensamiento revolucionario como por su mirada profunda y oscura.

Deseando conocerla mejor, no dudó en interesarse por su pintura.

Tras un primer encuentro con el pretexto de que el artista consagrado valorara las condiciones de la joven pintora, no volvieron a separarse, y en 1929 contrajeron matrimonio, en Coyoacán (México) .

En 1933, la singularidad del matrimonio quedó reflejada en el edificio donde instalaron su residencia: dos casas unidas por un puente. Una de ellas, con la fachada rosada, pertenecía a Diego. La otra, azul, a Frida, quien tenía la potestad de cerrar el acceso al puente que las unía.

En 1955 Rivera confesó a la escritora Elena Poniatowska: «Tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido. Ella fue la poesía misma y el genio mismo». Evidentemente, se refería a Frida, señala Queralt.

BONNIE PARKER Y CLYDE BARROW.

Bonnie apunta en broma a Clyde con una escopeta. Foto facilitada por Editorial Almuzara.

En 1967, una película daba a conocer al gran público la trágica historia de Bonnie Parker (1910-1934) y Clyde Barrow (1909-1934), la pareja de delincuentes que, en los años 30 del siglo XX, fueron entronizados por buena parte de los Estados Unidos como unos peculiares Robin Hood modernos, explica Queralt.

En plena Gran Depresión, parte del pueblo norteamericano veía a los jóvenes enamorados y a su banda como unos rebeldes que atacaban a las entidades bancarias que parecían indiferentes ante la escasez de recursos de la gran mayoría de la población.

Todo había comenzado en 1930, cuando Bonnie Parker, una joven de Texas, nacida en una familia de clase media, conoció, cuando trabajaba de camarera, a Clyde Barrow, un exconvicto también tejano, de orígenes humildes, escasa formación e indiscutible carisma.
Sin recursos materiales ni trabajo, pero profundamente enamorados, en 1932, Clyde y Bonnie comenzaron una carrera criminal que ya no abandonarían.

Formaron una banda y dieron una serie de golpes delictivos que les condujeron a primera página de la crónica negra de Estados Unidos.

En 1933, Bonnie y Clyde iniciaron un largo periplo en solitario, que concluyó en Louisiana, donde, en 1934, fueron acribillaron a balazos, en su coche, por las fuerzas del orden, sin darles opción alguna a rendirse o a defenderse.

Sobre la lápida de Bonnie hay un fragmento de uno de los poemas que escribió durante su estancia en prisión y que dedicó a Clyde: “Tal como las flores resplandecen gracias al sol y al rocío este mundo es más brillante porque existen personas como tú”, explica Queralt.
Ricardo Segura.
EFE Reportajes

Fuente: EFE

Compartir:

Comentarios

Comentarios