De corte sirena, ultra romántico, con toques bohemios o con alma minimal son algunas de las propuestas para celebrar el amor. Bordados y encajes artesanales dan forman a los detalles más personales.

La novia millennials busca un vestido que hable su mismo lenguaje, que se ciña a su figura como una segunda piel y que le permita disfrutar de su boda al máximo. Quiere su vestido soñado.

Si en décadas anteriores, en la moda nupcial reinaba la opulencia, ahora se impone la naturalidad sofisticada, la elegancia sensual.

El diseñador de origen venezolano Hannibal Laguna propone una colección para una novia romántica que huye del exceso, pero no de la elegancia y a la que cubre con motivos ornamentales de flores, plumas y cristal, con vestidos vaporosos y bordados en alta definición.

Con más de treinta años de profesión, Laguna sabe cómo ha cambiado el universo de las novias, sin embargo, hay una tradición que permanece, el secreto mejor guardado en todas las bodas: “el vestido de la novia”, y ese “Divine Secret”, da nombre a una colección confeccionada con gasa, crepé y organzas

Líneas sueltas y cinturas entalladas que reciben atrevidos escotes en V, que lucen recatados unidos por un tul casi invisible. “Hay un equilibrio entre la sensualidad y el romanticismo”, ha explicado el diseñador, que en algunos vestidos cubre los brazos con mangas de gasa para dejar, en otros, la espalda al descubierto.

Pensando en una mujer que prefiere “un clasicismo roquero muy alejado de la ñoñería”, Rafael Urquizar ha presentado una colección con tejidos de red y cinturones con tachuelas, una imagen también que se refleja en la posición de las diademas, que no sitúa a modo de corona sino de cresta sobre el cabello.

Urquizar ha creado vestidos abrigo para novias que prefieren el invierno, camisolas con pantalón, blusas y faldas largas para mujeres que apuestan por  un dos piezas y que piensan en la posibilidad de una “una segunda puesta”.

Teniendo en cuenta el sentido más práctico de la novia actual, Raquel López ha diseñado vestidos de novia que se “ponen más días que el de la boda”, una razón por lo que se ha diseñado vestidos de líneas limpias y tejidos fluidos.

Antonia Serena vuelve a hacer de la artesanía de su costura, su puesta en valor para vestir a una novia “versátil, con carácter propio y diseños  atemporales”, en la que no faltan tampoco pantalones y monos.

El binomio blanco y negro es el que utiliza Eliz Smis, “los dos representan la pureza”, ha explicado la diseñadora, quien presenta una novia con minifalda y deja que una inocente bata de cristianar inspire uno de sus diseños.

El dúo creativo, Amarca, formado por Sergio López e Itahisa García, dibuja a una novia con mucho volumen en tul de seda, con mangas abullonadas, bordados artesanales y “sutiles transparencias”.

Mujeres protagonistas de la Historia son las inspiran a Raquel Ferreiro, que ha presentado vestidos que potencian la silueta femenina.

Matilde Cano tiene en sus hijas, Olga y Marisa, dos dignas sucesoras, quienes  han presentado una colección de invitadas llena de luz y una gran riqueza de bordados, que acompañan con ricas tiaras y pecheras de la firma El Ropero de Pi.

EL BLANCO SÍ, PERO TAMBIEN…

Blanco sí, pero también otros tonos que impriman carácter al vestido soñado. El blanco sigue siendo el color del vestido nupcial, aunque cada vez más se amplía la gama cromática, que va más allá de los blancos y beiges y se incluye los rosas empolvados, el nude, los grises, azules de baja intensidad, malva, verdes, amarillos y negros.

Las novias no quieren ser princesas, quieren ser ellas mismas. Prefieren piezas minimalistas, etéreas, románticas, desenfadadas o, bohemias, pero aderezados con detalles artesanos como bordados, encajes o puntillas.

Con esa idea, Damián Rodríguez propone una colección a “millennials” que buscan “líneas fluidas y vaporosas” para momentos determinados, donde la feminidad y la delicadeza envuelven a una mujer fuerte, atrevida y con personalidades.

Cristina Piña propone diseños exquisitos con siluetas delicadas, de gran personalidad, rescatas de los años 30. “Presto mucho interés a la hechura y el patronaje”, explicó a Efe esta diseñadora que se deleita bordando organzas.

Santos Costura se recrea escondiendo encajes entre los tules.  “El tul es el tejido principal de esta nueva colección”, explica Costura, quien desvela que en muchas de las faldas de los vestidos tienen casi setenta metros de tul.

Plumas y flores conviven con dulzura en los tocados y la sombrerería,  complementos que adquieren mayor protagonismo. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Carmen Martín/Inmaculada Tapia

Diseño nupcial de Hannibal Laguna
La novia millennials busca un vestido que hable su mismo lenguaje
Vestido de Santos Costura

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