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Desde los típicos vestidos ceñidos al cuerpo hasta un pantalón informal, la clave radica en elegir un estilismo acorde con el tipo de fiesta y el marco elegido. Todo vale en Navidad.

Vestidos de noche creados por Alvarno, ideales para una velada en palacio

Sí, en Navidad cualquier estilismo vale, siempre y cuando se cumpla con el “dress code” que se exige en la invitación o bien está acorde con las personas, el lugar y el espacio en el que se celebre.

No es lo mismo vestirse para cenar en familia en una casa en la montaña en Aspen, que en un cortijo de Andalucía, en un apartamento en Roma o una mansión con vista al Mar Caribe.

EN UNA ESTACIÓN DE ESQUÍ.

Una vez que se ha decidido el sitio, es el momento de elegir el “look”. Una cabaña de madera filandesa en la ladera de la montaña con vistas al valle, el calor de una chimenea, la luz de las velas y su suave manta de mohair sobre el brazo del sofá, así es la decoración de una Navidad en una estación de esquí, un escenario que requiere una doble maleta.

Para subir a pistas, sencillo, equipación completa. Si se prefiere dar un paseo en trineo o salir a tomar un vino por la estación, se puede apostar por un chaquetón de piel de zorro, combinado con leggings térmicos y botas de “après-ski”.

Vestido de Teresa Helbig para una navidad en la playa.

Otra opción es una chaqueta de aire folk, gorro de pelo, pitillos blancos y un modelo de botas Ugg o Mo, también están en consonancia los abrigos “oversize” de piel, los plumíferos largos, los jerséis de cuello alto y unas Moon Boots, botas que muchas famosas lucen en Aspen.

Es importante cubrir la cabeza con gorros de lana adornados con pelo o, mejor aún, un gorro de visón y apostar por un jersey de lana con colores y estampados que evoquen la tierra de Papa Noel, como estrellas de nieve, renos, hojas de arce.

Esta temporada vuelven los cuellos de piel, los guantes, orejeras y bufandas supercalentitas.

Para el momento de la cena, se puede optar por un pantalón de cuadros escoceses en rojo y azul marino conjuntado con una camisa blanca, y botines de ante o, si se prefiere, falda, un modelo príncipe de gales con largo midi, combinada con jersey negro y blusa de lazada.

VESTIDA PARA IR A PALACIO.

Conjunto azul celeste firmado por Elie Saab, una apuesta para una Navidad en una casa de campo.

Si el lugar elegido es un palacete o un piso señorial y en la invitación se indica que se asista con traje largo, Teresa Helbig apuesta por “el lujo, el exceso y la ostentación”, con vestidos cortos, confeccionados en tejidos tan delicados como el tul, la seda y el terciopelo, realzados con suntuosos bordados, plumas, lentejuelas o pedrería.

“Otra opción –añade Helbig- es un traje de chaqueta realizado con pieles exóticas, como el pitón o la anguila, o un vestido largo con mangas larga cuajado de lentejuelas doradas, un “no va más”, que si se juega con grandes aperturas puede resultar una estética divertida y sexy para brindar con la familia y amigos”.

Cuando se trata de una reunión en una casa de campo, tejidos como el terciopelo, la pata de gallo o tweed resultan idóneos para crear estilismos cálidos y de gran confort para alargar la velada, con una buena charla que puede finalizar cantando y bailando.

Con estos materiales se pueden confeccionar vistosos pantalones adornados con borlas coloreadas en oro viejo o bronce, monos con sugerentes escotes que invitan a abrir el joyero y escoger piezas especiales, así como chaquetas y levitas con las solapas en raso, que se adornen con motivos que recrean el folclore español.

DE CAMPO Y PLAYA.

Si la celebración en el campo requiere etiqueta de gala, elige un vestido de noche, largo, con un poco de cola con formas barrocas, voluminosos volantes y marcados escotes en forma de “uve”, o bien de manga asimétrica con un aire ochentero. Disfrutar las Navidades en una fabulosa playa requiere prendas frescas, cómodas y algo bohemias, pero no se debe obviar que es Navidad y, por ello, es necesario añadir al estilismo notas de luz, pasión y esencia de lujo.

Vestidos ligeros, de siluetas despegadas y sutiles escotes. También resultan oportunos los minivestidos, bien confeccionados con tejidos metalizados, o también los modelos de tirantes con volantes en cascadas por encima de la rodilla.

Una propuesta interesante son las prendas poéticas de tul y organza, aderezadas con plumas y terciopelo en tonos violetas, azules y granates.

También puedes apostar por vestidos cortos que toman vuelo y volumen mediantes volantes, que se pueden acompañar con minicapas de lentejuelas bordadas, una prenda importante cuando corre la brisa del mar.

Para rejuvenecer el estilismo, botas altas con efecto ‘legging’ y pantalones fluidos se combinan con americanas y chaquetas cortas en tono negro.

Por Carmen Martín. EFE/REPORTAJES

Reportaje e  imágenes: Efe

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