Muebles, piezas y espacios muy latinos están presentes en la ciudad india de Calcuta a través Patricia Fernández Ortiz, economista y licenciada en Marketing que llegó allí como cooperante, se enamoró de un hombre y su ciudad, y ha creado una firma de lujo en crecimiento constante.

Patricia Fernández Ortiz recibe a Efe en su casa del elegante barrio de Alipore, un edificio construido tras la independencia de la India en 1947, que ocupa la planta baja de un antiguo bungaló de altos techos, grandiosas estancias en madera de teca y suelos de mármol en blanco y negro, que asemejan un tablero de ajedrez.

Todo lo que allí encontramos, o ha sido diseñado por ella, o lo ha adquirido en subastas y selectos mercados internacionales de antigüedades.

Rodea su vivienda una zona ajardinada donde aún puede apreciarse el esplendor de la Calcuta victoriana del siglo XIX y en la que se hallan gran parte de los consulados europeos.

Educada en el seno de una familia de diplomáticos españoles, esta economista de 38 años y licenciada en Dirección de Marketing, se vio  inmersa en una crisis personal y dio un giro a su vida en 2007, al dejar a su marido belga con quien llevaba siete años casada.

Abandonó entonces su trabajo en multinacionales francesas para viajar a esta ciudad india como voluntaria, con la intención de permanecer allí unos meses para ayudar a los más necesitados.

Estos meses derivaron en una estancia que dura hasta la actualidad, tras conocer a Surajit, con quien acabaría casándose. “Lo que empezó como un amor de vacaciones -cuenta a Efe Patricia- se convirtió en una relación de 10 años casados y con mellizos de 3 años y medio”.

CONCEPTO PERSONAL DE LAS ENERGÍAS.

Patricia jamás abandonó el espíritu humanitario que la llevó a esta ciudad, dado que colabora con la ONG  “Colores de Calcuta”, dirigida por Antonio Mesas, que atiende a cuarenta niñas y a sus familias.

“Tras ese año en Sabera -señala a Efe Patricia- decidí acompañar a mi marido en el negocio familiar, dedicado desde hace cinco décadas a la exportación de marisco de la India, hasta que nacieron mis mellizos”.

Año y medio después y para “no volverse loca” -según narra- en “esta ciudad de película, decidí establecer mi propio estudio enfocado, a planificar espacios, al diseño de muebles y objetos, a la arquitectura de interiores pero, sobre todo, a crear conceptos”. Así nació su firma: Sibarita Life (http://sibaritalife.com).

Su marca, según indica, se inspira en la doctrina filosófica del hedonismo, que sitúa el placer como el bien supremo, y se identifica con el modo de vida de los pobladores de Sibaris, donde se acuñó el término sibarita referido a los gustos refinados y a los amantes de la buena vida.

Su primera colección de diseño de muebles y objetos elaborados con materiales nobles y artesanales procedentes de Calcuta, ocupa ahora las diferentes estancias de su bungaló, como si de un museo se tratara, mezclada con piezas “vintages” y antigüedades que ha adquirido a lo largo de sus viajes.

Viajera infatigable y “una exploradora ante todo, con más de 40 países explorados, y no me canso”, apunta, acaba de regresar de China.

Después, sus proyectos se centraron en el diseño de áreas residenciales de lujo y comerciales, hoteles, restaurantes, oficinas y otros espacios en Calcuta que es, en definitiva, de lo que actualmente se ocupa.

Su estilo de decoración es, según sus palabras, “muy ecléctico”, procurando conciliar piezas y arte contemporáneo con  modelos clásicos y antigüedades. “La fusión es mi especialidad”, indica.

“Me baso en mi propio concepto de energías, que es muy importante, pues supone incorporar en mis proyectos la luz solar, y los materiales nobles. También se conjuga la naturaleza, con plantas y jardines verticales provistos con espacios de agua”, agrega.

“Además, me gustan las obras de arte y los accesorios con una energía muy intensa y muy fuerte. Una mirada en un retrato, desnudos en los “coffee table books” que escandalicen, mis muñecos que hacen sonar y transportan a un mundo de fantasía… Artísticos e intensos con sus miradas y una energía muy profunda. Creo que soy capaz de equilibrar todas esas energías y crear algo muy potente, que despierta todos los sentidos y te hace sentir vivo”.

Patricia Fernández utiliza la técnica artesanal, que acompaña con materiales naturales seleccionados procedentes de la India. “Dependiendo de la pieza que voy a diseñar escojo entre madera de teca (que es la que más resiste en el clima tropical) o caoba local”, indica.

RECUADRO 1.

LA CIUDAD DE LAS MIL CALCUTAS.

En cuanto a los tejidos, el yute 100 % es su preferido  que elige Patricia para sus cojines “Sibarita Cushions” y “Queen of hearts”.  Los cueros proceden de pelo de vaca y búfalo de Calcuta, ya que existe un gran sector de exportación de cuero en Bengala.

El bronce o  el acero para cerrajes y visagras son los metales que más aplica en sus obras y el único material importado es el ónice, debido a que la calidad de los mármoles y piedras en la India es inferior a la de los países mediterráneos.

A Patricia le llevó casi un año seleccionar a los mejores artesanos de Calcuta, en su mayoría pertenecientes a la comunidad musulmana bengalí y añade que “estoy presente en los talleres o fábricas para inspeccionar la calidad y ver la evolución”.

En 1690 la compañía Británica de las Indias Orientales, la corporación más importante establecida por los ingleses para gestionar el comercio en Asia y desarrollar sus expediciones coloniales, trasladó su sede comercial al territorio donde se ubicaba la aldea de “Kalikata”, y allí fundó la ciudad de lo que hoy día es Calcuta.

En el siglo XIX floreció como la capital de la “India Británica”, y allí se construyó la primera universidad de la India, lo que convirtió a la urbe en el epicentro del arte y la cultura.

En 1911 se trasladó la capital a Delhi, momento en el que comenzó la decadencia de la ciudad y la antaño esplendorosa primera ciudad de la India, tanto en el ámbito cultural como en el económico, es hoy un crisol de contrastes que ha dado lugar a famosas novelas y alumbró a personalidades como Rabindranath Tagore, premio Nobel de Literatura en 1913.

Es la “Ciudad de la Alegría”, como tituló Domique Lapierre su novela inspirada en la labor humanitaria de la Madre Teresa; es la ciudad populosa y contaminada; la que ocupó durante 200 años la capitalidad de la India; la ciudad donde nacieron y vivieron grandes místicos hinduistas como Ramakrishna y su discípulo Vivekananda, quien fundó a finales del siglo XIX la Orden Ramakrishna, y el primero en exportar el yoga y el vedanta (uno de los sistemas filosóficos más importantes de la India) a Occidente.

Es la ciudad de elegantes mansiones y palacios coloniales de la etapa victoriana, ya venidos a menos, y donde subyacen por doquier numerosos edificios Art Decó y modernistas.

RECUADRO 2.

FESTIVAL  DURGA PUJA EN CALCUTA.

Una casa palacio de tres pisos de principios del siglo pasado (haveli) construida por mercaderes y propiedad de la familia del marido de Patricia, alberga cada otoño, desde hace generaciones, uno de los rituales más sagrados de Bengala, el denominado Durga Puja (adoración) en honor a esta diosa hindú.

El Durga Puja marca la batalla de nueve días entre la bella diosa contra el demonio Majishasura, personificado en un búfalo, que simboliza el mal y las fuerzas ciegas de la naturaleza, a quien derrotó en el décimo día de la luna menguante.

Diosa de la fortaleza, la fertilidad y la victoria, Durga, avatar de Parvati, es la esposa de Shiva quien, junto a Vishnu y Brahma, son los tres dioses (Trimurti) más importantes de la mitología hinduista.

Un sacerdote, con un reloj y una brújula, aguarda frente al altar el momento propicio para la alineación de los astros….. y es en ese instante culminante, con el máximo número de velas votivas, cuando la figura de la diosa es tapada durante unos minutos sagrados en los que no puede ser vista.

La adoración a Durga en esta populosa región aúna la esfera pública y la privada. Tras el ritual, los invitados se acomodan en las numerosas estancias y galerías del haveli para compartir una cena de lo que puede asemejarse a nuestra Navidad.

Coloristas y engalanadas con sus saris blancos y rojos, especiales para esta ceremonias, las mujeres portan velas y ofrendas con flores para dedicarlas a la diosa, mientras se escuchan los cánticos que preceden al rito en el altar principal.

En definitiva se conjuga la celebración de la vida, en una fiesta íntima y colectiva, familiar y popular, mientras la veneración a la diosa se suspende en el tiempo, como un canto hindú a la victoria del bien sobre el mal y de lo divino sobre lo infernal.

Por: Marga Sánchez Pacheco

 

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