El viaje del papa Francisco a Chile y Perú ha dejado “una huella imborrable en mi corazón”, en palabras del pontífice,  e importante mensajes dirigidos,  en especial, a los jóvenes, a los indígenas y a los políticos de estos dos países.

En su sexto viaje a América Latina, el papa Francisco ha recorrido buena parte del territorio chileno y peruano, dos países en los que ha encontrado mucho calor y del que ha manifestado que les ha dejado “una huella imborrable en mi corazón”.

Así lo reconocía el pontífice al finalizar la misa multitudinaria que ofició en La base Aérea de Las Palmas, en Lima, uno de sus últimos actos en suelo peruano.

En su despedida, Jorge Bergoglio instó a los jóvenes peruanos a que “que descubran en la sabiduría de sus abuelos, de sus ancianos, el ADN que guió a sus grandes santos”.

“No se desarraiguen”, insistió, y a los abuelos y ancianos les exhortó a “transmitir a las jóvenes generaciones las raíces de su pueblo y la sabiduría del camino para llegar al cielo”.

En Perú, el prelado denunció la corrupción en Latinoamérica, y aseguró que la política en muchos países de la región “está muy enferma”. Citó el caso de la constructora brasileña Odebrecht, en la que han estado implicado gobiernos de varios país de América Latina y aseguró que “es solo una parte chiquita”.

“No descuidemos porque si caemos en manos de personas que sólo entienden el lenguaje de la corrupción, estamos fritos”, advirtió.

En su estancia en Perú, el papa visitó la ciudad amazónica de Puerto Maldonado,  donde se reunió con representantes de pueblos indígenas y mandó un mensaje a sus jóvenes.

“No renuncien al legado de sus abuelos, no renuncien a su vida ni a sus sueños. Me gustaría estimularlos a que estudien; prepárense, aprovechen la oportunidad que tienen para formarse”.

Otra de las ciudades visitadas por el papa fue la norteña Trujillo, donde  participó en la coronación de la Virgen de la Puerta de Otuzco, en la plaza de armas de esta localidad.

En ese acto, Francisco invocó a luchar “contra una plaga que afecta a nuestro continente americano: los numerosos casos de feminicidio”.

“Son muchas las situaciones de violencia que quedan silenciadas detrás de tantas paredes. Los invito a luchar contra esta fuente de sufrimiento pidiendo que se promueva una legislación y una cultura de repudio a toda forma de violencia”, afirmó.

LA CONTRASEÑA DE CHILE.

En Chile, el papa visitó su capital, Santiago, y las ciudades de Temuco, en la región de la Araucanía, y la norteña Iquique, símbolo del incremento del fenómeno migratorio interno en Latinoamérica.

Fue en esta ciudad, en la playa de Lobito, frente a las grandes dunas de un escenario desértico, donde el pontífice lanzó uno de sus mensajes más aclamados: “Dar hospitalidad para los inmigrantes”.

Francisco explicó que “Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida” y que dejan su tierra “porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir”.

El papa recordó que los inmigrantes “son icono de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida” e hizo un llamamiento ante las decenas de miles de personas congregadas para que esta tierra “siga siendo también tierra de hospitalidad”.

En Temuco, el papa quiso estar cerca del pueblo mapuche, uno de los más pobres y reivindicativos de Chile. “La defensa de la cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse con base en la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas”, expresó el pontífice en su homilía.

Francisco destacó la necesidad de que cada pueblo aporte sus riquezas y deje de lado “la lógica de creer que existen culturas superiores o inferiores”.

La juventud chilena también fue protagonista en la visita del papa a este país. En un encuentro en Santiago de Chile, Francisco dio a los jóvenes su particular “contraseña” para sus celulares y les animó a apuntarla: “‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’. En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying”.

“Es la contraseña, la batería para encender nuestro corazón, encender la fe y la chispa en los ojos” y les instó a usarla continuamente para no olvidarla.

“¿Cuál es la contraseña?”, les interpeló en varias ocasiones durante el acto Jorge Bergoglio y los jóvenes respondieron en coro: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”.

A los jóvenes chilenos les dijo que tienen que querer a su país y dar lo mejor, “ser patriotas, pero no patrioteros”. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Antonio Tomás

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