Sede central del Grupo Renault en Boulogne Billancourt, cerca de Paris.

Renault abandona la estrategia de primar el crecimiento, que le ha puesto en una situación financiera delicada, y se aprieta el cinturón con un programa de reducción del 20 % de sus costes fijos que supondrá 15.000 empleos menos, un 8 % de su plantilla mundial.

La firma ha descartado el cierre de sus plantas en España, donde cuenta con factorías en Valladolid (dos), Palencia y Sevilla y emplea a unas 14.000 personas.

La rebaja de los efectivos afectará en primer lugar a Francia, con un recorte de 4.600 efectivos, el cierre de una planta (Choisi le Roi) y otras dos (Dieppe y Les Fonderies de Bretagne) cuyo futuro está en entredicho.

Sobre los 10.000 puestos restantes, ni el presidente del consejo, Jean-Dominique Senard, ni la consejera delegada interina, Clotilde Delbos, quisieron precisar en la presentación del plan de recortes este viernes cuáles serán los países afectados ni en qué medida.

Senard se limitó a subrayar que no habrá despidos, ni “sufrimiento social” y que no van a dejar a “nadie en la cuneta”.

Pero en paralelo, puso el acento en que la empresa no puede soportar los gastos actuales, para justificar que Renault busque un ahorro anual de unos 2.150 millones de costes de estructura de aquí a tres años.

Delbos señaló que el grupo automovilístico francés “paga el precio” de una política dirigida a vender más y más coches, sobre todo en los países emergentes, que le llevó a terminar en 2019 con pérdidas (141 millones de euros) por primera vez en diez años: fue una crítica sin ambages al antiguo “número uno” Carlos Ghosn.

El cambio va a ser radical: en lugar de los cinco millones de coches que se había previsto fabricar en 2022, se reducirán las capacidades de producción de cuatro millones en 2019 a 3,3 millones en 2024.

El ajuste, que le costará unos 1.200 millones de euros a la empresa, se realizará en tres años, en primer lugar con una racionalización y disminución de los costes de ingeniería, de las que se espera un ahorro de 800 millones de euros, por ejemplo utilizando menos componentes en cada vehículo.

Eso, en cualquier caso, no se hará en detrimento del lanzamiento de nuevos vehículos (están programados 22 hasta 2022).

También habrá una “optimización” de los gastos generales y de mercadotecnia (700 millones de euros menos), así como de las capacidades productivas (650 millones).

Renault suspende los proyectos para ampliar las instalaciones en Marruecos y Rumanía, ajustará las de Rusia, Turquía, China (allí transferirá el grueso del negocio a su socio Dongfeng), Corea del Sur y sobre todo, en Francia, donde funcionan globalmente a un 60 % de sus capacidades.

Delbos indicó que no se verán afectadas las factorías españolas, y tampoco las de los cuatro países latinoamericanos en los que está implantada la compañía (Brasil, Argentina, Colombia y Chile).

En Francia, Douai y Maubeuge, en el norte del país, conformarán un “centro de excelencia”: la primera a partir de 2021 se especializará en el ensamblaje de vehículos eléctricos, y la segunda continuará dedicada a las furgonetas.

La factoría de Flins, de cuyas cadenas de montaje salen ahora el modelo eléctrico Zoe y el Micra de su socio Nissan, dejará de fabricar coches y se convertirá en un “ecosistema de economía circular” con un contenido por ahora poco definido.

Delbos destacó: “Queremos hacer de Francia el centro de nuestra ingeniería” y concentrar allí “todas las tecnologías punteras y de fuerte valor añadido”. Un primer paso es el traslado a ese país de la producción de un motor de 100 kilovatios, que inicialmente estaba programada en China.

Renault está a la espera de recibir una garantía del Estado francés para el 90 % de un préstamo de 5.000 millones de euros, que el Gobierno se resiste a firmar en espera de las negociaciones que la dirección se ha comprometido a lanzar a partir del lunes con los representantes de los trabajadores en Francia.

Senard quitó importancia a esa presión al señalar que la firma es solo “una cuestión de tiempo”, y además insistió en que no hay urgencia porque la empresa por ahora no necesita ese dinero.

También descartó la hipótesis de una recapitalización de la empresa, consciente que el equilibrio de su accionariado es muy delicado, por la presencia del Estado francés con un 15 %, equivalente a la de su socio Nissan.

Reportaje e imágenes: EFE

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