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Registro aéreo de la región de Recife de Fora, donde investigadores del “Proyecto Coral Vivo” buscan proteger sus corales, cerca de la ciudad de Arraial D’Ajuda (costa sur de Bahía, Brasil). EFE/Andre Coelho

abcn paraíso de arrecifes de coral en Porto Seguro, uno de los destinos más apetecidos de Brasil, lucha por mantenerse en pie frente a las amenazas que llegan a diario con el turismo, el principal motor económico de la ciudad.

Localizada en el estado de Bahía, al noreste del país, esta urbe atrae cada año a miles de turistas por las blancas arenas que se extienden por cerca de sus 85 kilómetros de playas, varias de ellas consideradas las más bellas del país.

El espectáculo coralino que las circunda y las piscinas naturales que se forman entre los arrecifes y la arena cuando baja la marea, es otra de las atracciones del municipio.
Sin embargo, para muchos, estos ecosistemas que son esenciales para la biodiversidad de los océanos y que además son extremadamente vulnerables, según los expertos, no pasan de ser unas simples rocas.

Ese desconocimiento, junto con otros factores como el cambio climático, la pesca depredadora, la urbanización, los sedimentos y los cientos de toneladas de plásticos y basuras que son arrojadas cada año al mar, amenazan su desaparición.

“Todos los daños que sufren los corales terminan afectando al hombre”, señaló a EFE Flávia Guebert, coordinadora general del Projecto Coral Vivo.

Investigadores del “Proyecto Coral Vivo” fueron registrados al bucear para revisar el estado de los corales, en la región de Recife de Fora, cerca de la ciudad de Arraial D’Ajuda (costa sur de Bahía, Brasil). EFE/Andre Coelho

La iniciativa, financiada por la estatal petrolera Petrobras, busca la preservación de los arrecifes de coral mediante acciones que impulsen el turismo sostenible y el monitoreo de las variables ambientales de estos ecosistemas marinos, en un trabajo continuo de investigación.

NO SON ROCAS

Y es que aunque no parezca, los arrecifes de coral son estructuras vivas y de ellas dependen diversidad de peces, algas y otros organismos.

Su sistema está formado por la acumulación de esqueletos de animales y plantas y su construcción requiere la acción conjunta de una infinidad de seres.

Los corales son animales marinos y los de tipo pétreo (rocoso) son la base de los arrecifes y permanecen fijos en el mismo lugar hasta el final de sus vidas.

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Los únicos corales de este tipo en el Atlántico Sur están en Brasil y varias de sus especies son endémicas, pues sólo existen en el país.

Tal es el caso del “Coral cerebro” (Mussismilia harttii), muy común en los arrecifes de Porto Seguro y que según el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), está en peligro de extinción.

En total, en el gigante suramericano existen 66 especies de corales -entre pétreos, hidrocorales, blandos y negros-, de las cuales 24 son únicas en el mundo, según Coral Vivo.

FUENTE DE RENTA

La enorme y variada diversidad que se alberga en los arrecifes de coral también es importante para el hombre que vive de ellos a través de la pesca y el turismo.
Adicionalmente, protegen la costa de tempestades y erosiones y son importantes fuentes de materia prima utilizada en medicamentos.

Sólo en Brasil, más de 18 millones de personas dependen directa e indirectamente de los corales.

En Porto Seguro predomina el turismo náutico, que incluye paseos a los arrecifes, buceo guiado y caminatas, actividades que pueden ser mortales para estos ambientes marinos si se desconoce su importancia.

“(…) entonces un buzo sale por primera vez, mueve sus aletas y le pega a los corales o se agarra de ellos y no sabe que los está matando porque ignora que se trata de animales vivos. Eso, desafortunadamente, es muy común”, explica la experta.

Por eso la organización da prioridad a la capacitación de guías turísticos y conductores de buceo, para que con una formación específica tengan una conducta más consciente y entiendan que no está bien pisarlos, ni maltratarlos y que sus esqueletos no son objetos de decoración para llevar a las casas.

Investigadores del “Proyecto Coral Vivo” fueron registrados al bucear para revisar el estado de los corales, en la región de Recife de Fora, cerca de la ciudad de Arraial D’Ajuda (costa sur de Bahía, Brasil). EFE/Andre Coelho

CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Y ANCESTRAL

Los arrecifes de coral, propios de aguas tropicales, tardan miles de años en crecer. Como necesitan de la luz del sol para ello, la gran mayoría se ubica en aguas rasas cercanas a la superficie, aunque también existen en las profundidades del mar.

En los viveros que tiene Coral Vivo en Arraial d’ Ajuda, uno de los distritos de Porto Seguro, hay corales de más de 10 años que no parece que tuvieran toda esa edad por su tamaño.
También influye el lugar, pues en Brasil crecen más lento que en Australia, pero los de allá son menos resistentes porque sus aguas son más transparentes y con menos plancton marino, como explicó a EFE Carlos Henrique Lacerda, coordinador regional de investigaciones de Coral Vivo.

En las investigaciones que adelanta el proyecto participan profesionales expertos y gente de la comunidad que posee conocimientos empíricos y ancestrales, que complementan los científicos.

Tal es el caso de Edmilson Conceição do Carmo, más conocido como Beach (playa), un pescador indígena pataxó, hijo de pescadores y quien lleva 17 años con Coral Vivo.
“Aquí hago de todo un poco. Hago parte del trabajo de investigación con el monitoreo (de los corales) y también estoy en la parte educativa explicando cómo funciona el vivero a los visitantes”, dijo a EFE Beach.

María Angélica Troncoso

Fuente : EFE

 

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