Los jardines terapéuticos conforman hermosos paseos que ofrecen la posibilidad de hacer terapias para avivar los sentidos a través de las flores, los árboles y el agua y, para la sueca Karin Palmlof, experta y creadora de estos espacios son, sobre todo, una forma de retrasar el envejecimiento y mejorar la calidad de vida de nuestros mayores.

Karin Palmlof es ingeniera agrónoma y socia de la empresa Jardines Terapéuticos Palmlof que, inspirada en las creaciones de otros países escandinavos, ha instalado un jardín terapéutico en la localidad española de Coslada (Comunidad de Madrid). “En proyecto se encuentra otro para un parque público de Alcobendas, (también en la Comunidad de Madrid) y en Bilbao (norte de España) el Jardín Terapéutico es de la Diputación Gufe ifas, que se encuentra dentro de una institución pública. En residencias, hechos por nosotros, hay cuatro”, indica la empresaria. Estos jardines terapéuticos pueden servir para muchos colectivos diferentes, según comenta la experta. El de Coslada, (donde la población tiene un 23% de personas mayores) y el que se encuentra en fase de construcción en Alcobendas, están dirigidos para personas mayores o con diversas discapacidades funcionales, pero pueden acudir a ellos también gente joven o familiares.

SER INDEPENDIENTES EL MAYOR TIEMPO POSIBLE

“El objetivo es retrasar la entrada de las personas mayores en residencias o en dependencia con sus familiares, para que puedan ser independientes el mayor tiempo posible y una forma hacerlo es trabajar en el rendimiento activo para poder revertir o retrasar algunas enfermedades”, explica Palmlof. “Una de las propiedades de estos jardines terapéuticos es que están diseñados para motivar y apoyar diferentes actividades y terapias y, la primera de ellas y creo que la más importante, es el entorno, porque éste puede influir en nuestro bienestar, así como la luz exterior”, añade. “Hay dos propiedades más que yo creo que son importantes: saber que ese jardín forma parte de la cultura y memoria de ese lugar para que sea reconocible, que las plantas, las flores, los árboles, es decir, la naturaleza haya formado siempre parte de su paisaje. Un jardín terapéutico en Andalucía no es igual que el que se encuentre en Madrid o el de Bilbao”, matiza Palmlof. “Luego está la autonomía que ofrece ese jardín ya que, independientemente de las capacidades físicas o cognitivas del usuario, éste puede participar en las actividades que se ofrecen, gracias a que hay instalados bancos donde sentarse cada 50 metros y barandillas donde poder sujetarse si se necesita y, lo más importante, un método y profesionales trabajando en ese entorno para ayudar en cualquier momento”, precisa la experta. Aunque el Ayuntamiento de Coslada ofrece servicios a diferentes colectivos para que puedan participar en estos jardines, “la idea inicial es hacerlo para personas que tienen más de 55 años, a partir de cuya edad se puede prevenir un envejecimiento prematuro”, subraya la ingeniera agrónoma. Según la empresaria, “nosotros funcionamos como parque público en zonas licitadas por Ayuntamientos o dentro de residencias. En las residencias, la labor terapéutica está limitada por la propia gestión de la empresa geriátrica. Es decir damos metodología, formación, pero luego son ellos los que lo eligen. En cambio, en el parque público es diferente, tenemos más libertad y las terapias que ofrecemos se pueden desplegar en cualquiera de ellos. Lo más importante para establecer un jardín terapéutico dentro de un pueblo o en la ciudad es que se encuentre cerca de la población, porque queremos dirigirnos a los mayores, para que el que esté dando un paseo tenga un acceso cercano a este lugar”, puntualiza. Según comenta, el diseño del jardín y su implantación en la ciudad tiene el objetivo de crear una interacción intergeneracional, un encuentro entre los mayores y otras generaciones, y que todos ellos puedan tener su lugar e integración en la ciudad.

UN DISEÑO QUE PROCEDE DE LOS PAÍSES ESCANDINAVOS

Karin Palmlof explica que el “diseño procede en gran manera de los países escandinavos, e incluso en Suecia hay una universidad, desde hace más de 40 años, donde se enseña cómo diseñar jardines para diferentes colectivos con problemas de salud o discapacidades. El diseño y la implantación del parque público procede de esos países, pero la metodología en el uso de las terapias, como la horticultura terapéutica, procede básicamente de Estados Unidos, sobre todo, después de la II Guerra Mundial, cuando los soldados llegaron a sus casas con problemas psíquicos y traumáticos y se comprobó que la metodología que mejor funcionaba era precisamente la terapia de la horticultura”, indica la especialista sueca. A partir de aquí ha ido progresando y, en la actualidad, ya hay licenciaturas universitarias de horticultura en EU, y también en Corea, Japón y otros países asiáticos. Pero no sólo se avanza en la horticultura, también se avanza mucho en los métodos de relajación con la ayuda de la naturaleza, según indica la experta. En cuanto al tamaño del jardín, Palmlof considera que no debe ser demasiado grande, porque cuando se trabaja dentro de un jardín terapéutico es interesante para el profesional poder tener control y capacidad con el grupo, y que la gente pueda estar a gusto pero, al mismo tiempo, también que los usuarios tengan la sensación de estar protegidos.

“Si el jardín es muy grande esta sensación de protección se pierde. Hay un tamaño que pensamos que es el ideal y está entre los 1,000 y 1,500 metros cuadrados”, dice Palmlof. “Con este tipo de terapias se llegan a ocupar menos camas en las residencias, se reducen las consultas al ambulatorio, así como el uso de los medicamentos, cosas que suponen un gasto enorme para la sociedad”, puntualiza. Hay un aspecto que ha sorprendido a Karin y es que muchas de las personas que vienen con la idea de hacer algún ejercicio o actividad, “detectamos que tienen problemas sicológicos de sueño, depresión o soledad”. Karin Palmlof concluye que “sé por experiencia que hay muchas personas que, aunque no tengan terapia ese día, vienen porque es un punto de encuentro donde van a tener compañía. Además, no les cuesta dinero, porque los ayuntamientos en los que trabajamos lo ofrecen como un servicio gratuito para sus mayores al que nosotros accedemos por concurso público de libre competencia”, concluye. Reportaje/Imágenes: Efe

Por: Isabel Martínez Pita

 

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