Armenia fue el primer país que adoptó el cristianismo como religión de Estado en el año 301 y, en ese momento, todos los lugares de culto paganos en su territorio fueron destruidos. Todos, salvo el templo de Garni, conocido también como el Partenón armenio.

Garni, un majestuoso ejemplo de arquitectura helenística, fue construido en el siglo I de nuestra era bajo la soberanía del rey Tiridates I para venerar al dios del Sol Mitra, la principal divinidad del panteón persa.

Con este gesto, el monarca armenio desplegó sus dotes diplomáticas en un intento de llevarse bien con las dos grandes potencias que tenía por vecinos, el Imperio Romano y el Parto.

Los veinticuatro pilares que sostienen el techo del templo, hecho íntegramente de basalto, simbolizan las 24 horas que tiene el día y su decorado cuenta con muestras del ornamento antiguo armenio, como imágenes de flores, frutos de granada y racimos de uva.

Los nueve escalones que llevan al templo fueron construidos de tal forma que los visitantes del santuario subieran sin prisa, inclinando la cabeza antes de poder dar una nueva zancada.

ARMENIA, EL PRIMER PAÍS CRISTIANO.

Cuando Armenia abrazó la fe cristiana, lo hizo adelantándose incluso a Roma y convirtiéndose así en el primer país del mundo donde el cristianismo obtuvo el rango de religión oficial.

El rey Tiridates III estaba decidido a hacer historia: la nueva religión debía echar raíces en sus dominios costase lo que costase.

Para acelerar el cambio, los templos donde durante siglos acudían los súbditos armenios para rendir culto a los dioses paganos fueron echados abajo uno por uno y, en sus lugares, no tardaban en levantarse iglesias cristianas.

Sin embargo, Garni esquivó la demolición y se ganó las simpatías de los reyes reconvertidos que mantuvieron allí también su residencia de verano en forma de fortaleza.

El afecto que le procesaban los monarcas a la localidad se debía principalmente a su lugar estratégico, en medio de un profundo desfiladero y con un único acceso, fortificado con una muralla.

Además, el buen clima de la zona, en el centro de la Armenia actual, hizo que los gobernantes armenios pasaran aquí largas temporadas durante sus respectivos reinados.

Según una de las versiones, Garni evitó la suerte de otros santuarios paganos por ser uno de los lugares preferidos de la hermana del primer rey cristiano de Armenia.

El monarca – dice la leyenda – atendió el ruego de la princesa y ordenó que el templo no fuera derribado, aunque eso sí, la estatua del dios de Sol tenía que ser retirada de su interior.

RENACIENDO DE LOS ESCOMBROS.

Los expertos en la historia de Armenia sostienen que esta versión quedó corroborada por un testimonio real hallado en Garni a mediados del siglo pasado y que prueba que Tiridates III accedió a mantener el templo, privándolo de su estatus religioso, tras conocer las simpatías que le profesaba su hermana.

Otra creencia sugiere que el templo de Garni evitó la suerte de otros santuarios paganos por estar dedicado al dios del Sol, cuyo legado echó profundas raíces en la vida espiritual del pueblo armenio, influenciado también los primeros pasos del joven Estado cristiano.

Fuese como fuese, el Partenón armenio permaneció intacto hasta 1679, cuando Armenia sufrió un fuerte terremoto que lo dejó prácticamente en ruinas.

Durante siglos solo unos imponentes escombros recordaban el pasado glorioso del lugar, hasta que en los años 70 del siglo pasado, cuando Armenia formaba parte de la Unión Soviética, el Gobierno central dio la luz verde para devolver a la joya de Garni el aspecto del que gozaba antes del sismo.

El reconstruido templo, erigido con el 80 por ciento de piezas originales, según fuentes armenias, enseguida se convirtió en una de las mayores atracciones turísticas del país caucasiano, tanto durante los últimos años de la URSS, como después de que Armenia recobrara la independencia en 1991.

Veinte años después, en 2011, Garni recibió el Premio Internacional Melina Mercouri de la UNESCO por su lucha para preservar el lugar y abrirlo para visitantes de todo el mundo.

Hoy día Garni es visita obligada para los turistas y delegaciones oficiales que llegan al país y cuyo número, según las estadísticas, ha ido creciendo en los últimos años.

Tras su exitosa reconstrucción, que se logró gracias, en primer lugar, al esfuerzo del arquitecto Alexandr Sainián y su equipo, el templo acaparó la mayoría de las tarjetas postales de Armenia, junto al bíblico monte de Ararat, su representación más icónica, actualmente en territorio turco.

Cerca del templo, hasta hoy día se pueden admirar también las ruinas de la fortaleza que durante siglos sirvió como residencia veraniega de los reyes armenios.

El antiguo templo romano es también uno de los lugares favoritos de peregrinación para los fotógrafos profesionales y amantes de selfis, que dan vueltas a su alrededor en busca del mejor ángulo para un “autorretrato helenístico”. Reportaje e imágenes: EFE

Desfiladero de Garni
El templo romano de Garni, en Armenia.
Impresionante templo romano de Garni
Los veinticuatro pilares que sostienen el techo del templo, simbolizan las 24 horas que tiene el día.
Otra vista del Partenón de Garni que recibió el Premio Internacional Melina Mercouri de la UNESCO
Turistas se hacen una foto ante el templo romano de Garni, en Armenia.

Comentarios

Comentarios