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El Concurso Municipal de los Patios de la ciudad española de Córdoba cumple 100 años, un motivo más para descubrir esta histórica y bella localidad andaluza en la que el arte y la estética se pueden ver recogidos en los patios de sus viviendas.

Turistas visitan un patio de San Basilio en Córdoba.

eclarado por la Unesco, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el Concurso o Fiesta de los patios cordobeses comenzó oficialmente a celebrarse en 1921 aunque la costumbre de mostrarlos se remonta a 1918.

La fiesta vive su apogeo en la primera quincena de mayo, pero algunos de los patios es posible visitarlos durante todo el año.  La ciudad andaluza de Córdoba, con algo más de 300.000 habitantes, es una de las capitales españolas con el legado histórico y cultural más antiguo, como lo demuestran sus cuatro títulos de Patrimonio de la Humanidad declarados por la Unesco, la ciudad del mundo que ostenta el mayor número de títulos de esta categoría .

En 1984 fue declarada por primera vez por su Mezquita-Catedral; diez años después se sumó todo el centro histórico de la ciudad; en diciembre de 2012 fue la Fiesta de los Patios Cordobeses nombrada Patrimonio Inmaterial de La Humanidad y, en 2018, se sumó la cercana ciudad palatina romana de Medina Azahara.

LA FIESTA DE LAS FLORES Y PLANTAS.

Por espacio de doce días, a principios de mayo, se celebra en la ciudad la Fiesta de los patios.   Las casas de patio son un tipo de viviendas colectivas habitadas por varias familias, o grupos de viviendas individuales, con un patio en común, situadas en el barrio viejo de Córdoba.

 

En la Fiesta se promueve la función del patio original “como lugar de encuentro y fomenta un modo de vida colectivo basado en el establecimiento de vínculos sociales e intercambios entre vecinos, estimulando al mismo tiempo el respeto y el deleite hacia la naturaleza”, indican desde su Ayuntamiento.

El patio cordobés se caracterizaba por la construcción de fachadas pintadas de cal blancas orientadas hacia su interior, careciendo de relevancia su aspecto exterior, en el que se ve un simple muro ciego como mejor aislante del calor. A ello ayuda su ornamentación, a base de un rico muestrario de plantas de múltiples variedades, cuidadosa y estéticamente dispuestas.

El concurso valora y premia, en sus distintas categorías, la ornamentación vegetal y floral, las rejas y balcones y el estado de la arquitectura de los patios participantes, que permanecen abiertos para el deleite del público hasta la celebración de la Feria de Córdoba a finales de mayo.

UNA COSTUMBRE QUE SE REMONTA A 1918.

La costumbre de abrir las puertas de los patios a los vecinos se remonta a 1918 pero el concurso de los patios fue una iniciativa del alcalde Francisco Fernández de Mesa quien, en 1921, convocó el primer Concurso de Patios, Balcones y Escaparates, según explica fuentes del Ayuntamiento cordobés.

Varias personas visitan un patio de la calle Tinte de Córdoba.

Pese a que aquella primera edición contaba con tres atractivos premios (100, 75 y 50 pesetas), poca fue la participación, por lo que el consistorio lo dejó de convocar hasta 1933.

Sin embargo, durante estos años se recuperó una antigua tradición cordobesa: la instalación de cruces en los patios y, tras el nuevo parón que supuso la Guerra Civil Española (1936-1939), el concurso volvió a retomarse en los años cuarenta.

Desde entonces, durante la primera quincena de mayo, se celebra el Concurso de Patios, en el que los propietarios de estos engalanan sus viviendas con más esmero que de costumbre, con una multitud de flores en arriates o macetas, que cuelgan de las paredes o sobre el típico pavimento de ‘chino’ cordobés (piedras al estilo árabe), con el fin de conseguir el galardón del consistorio.

Paralelamente se celebra en Córdoba todo un programa de festejos con actuaciones folclóricas donde se dan cita los mejores cantaores y bailaores andaluces. Todo esto acompañado de las tapas tradicionales andaluzas, regado  todo con el vino de denominación Montilla-Moriles o  con el vino fino de la tierra.

DEL “ATRIUM” ROMANO AL PATIO CORDOBÉS.

Un patio es un espacio al descubierto en el centro de la vivienda que sirve como iluminación y ventilación a todas las dependencias, un lugar donde confluyen todas sus estancias y, por tanto, el centro de la vida familiar o lugar de convivencia vecinal.

Debido a las altas temperaturas, sus habitantes adaptaron la tipología de casa popular a las necesidades, centrando la vivienda en torno a un patio, normalmente con una fuente o un pozo en el centro que recogía el agua de lluvia.

El origen proviene de que la casa (domus) romana se alzaba alrededor de un “atrium” o patio interior; los musulmanes readaptaron este esquema dando entrada a la vivienda desde la calle, a través de un zaguán y colocando vegetación abundante para aumentar la sensación de frescor.

En una tierra calurosa y seca que en verano suele registrar temperaturas extremas, la ornamentación se orienta hacia el interior, se simplifican las fachadas y se embellecen los patios con azulejos, celosías y suelos de ladrillo o empedrado.

También destacaron la relevancia del agua. Así, proliferan las fuentes y acequias que permitieron el desarrollo de plantas, flores y árboles frutales.

Tras la recuperación cristiana de la ciudad por Fernando III (1236), el esquema de vivienda cambia poco y lo mudéjar permaneció hasta el Renacimiento que solo añade elementos decorativos.

Fue en el siglo XVII cuando se aportaron las mayores modificaciones en las casas cordobesas: “en el Barroco se realzaron las fachadas y se crearon patios de planta cuadrada con pórticos en la planta baja, mientras que en la superior se construyeron galerías cegadas con balcones”, nos explican desde el Consistorio cordobés.

Patio Parras 6 de Córdoba, con sus adornos florales en 2018.

Ya en el siglo XX surgen las casas de vecinos sobre antiguos palacios desocupados o en edificios remodelados para albergar a la población sin recursos, que llega a la ciudad procedente en su mayor parte del campo.

Ahora, nuevamente,  el patio cobra protagonismo como centro organizador o lugar de reunión de sus habitantes, con cocinas, aseos y lavaderos comunes; todos adornados con macetas, flores y árboles frutales. Aquel lugar de encuentro de la gente humilde, corriente, se ha convertido hoy en  todo un Patrimonio de la Humanidad.

ALGUNOS MONUMENTALES.

Cada patio cordobés presenta una arquitectura singular, fruto de esa evolución histórica y además de los que compiten al concurso se encuentran los patios monumentales, que son  patios de los antiguos palacios de la aristocracia local, señorial o religiosa, como el Patio de los Naranjos, el de la Sinagoga o el santuario de la Fuensanta.

Destaca de entre los señoriales el Palacio de Viana, una edificación de unos 6.500 metros cuadrados, cuyas estancias se desarrollan en torno a doce magníficos patios de distintos estilos y un bellísimo jardín. Por ello es conocido popularmente como el ‘Museo de los Patios’ y, aunque ha sufrido reformas a lo largo de los siglos, no ha perdido su austeridad y belleza.

El barrio más típico es el del Alcázar Viejo, ubicado entre el Alcázar y la iglesia de San Basilio, aunque también los encontramos por el barrio de Santa Marina, alrededor de San Lorenzo y La Magdalena.

En el entorno de la Mezquita-Catedral y del barrio de la judería existen también ejemplos de patios de gran belleza y antigüedad.  Por su puesto a todos ellos se puede llegar  caminando, pisando el pavimento de guijarros típicos de esta milenaria ciudad, fundada por los romanos.

Por Amaia Osuna.

Reportaje/Imágenes: EFE.

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