Estambul es a la vez oriente y occidente, tradición y modernidad, pasado y futuro. Disfrutar de un auténtico baño turco, pasar una mañana de compras en el Gran Bazar o adentrarse en sus mezquitas y palacios son sólo algunos de los placeres que ofrece esta gran urbe.

Con un brazo en Asia y otro en Europa, Estambul es la única ciudad del mundo asentada sobre dos continentes.

El estrecho del Bósforo es la línea divisoria que separa Europa y Asia y que divide Estambul en dos partes.

Los principales atractivos turísticos como Santa Sofía, el Palacio de Topkapi o la Mezquita Azul se encuentran en el lado europeo.

La Estambul europea está, asimismo, dividida por el Cuerno de Oro, un brazo de mar que se adentra en la ciudad y que está unido al estrecho del Bósforo.

Interior de Santa Sofía

El mayor tesoro de la ciudad es su gran patrimonio histórico y artístico. En el lugar sobre el que hoy se asienta fue fundada la antigua ciudad griega de Bizancio en el año 667 A.C. que, con el transcurrir de los siglos, pasó a formar parte del Imperio romano.

En el año 330 d.C. el emperador Constantino I erigió aquí Constantinopla, una majestuosa urbe que llegaría a ser la capital del Imperio Romano de Oriente, también llamado Imperio Bizantino, y una de las ciudades más importantes de toda la cristiandad.

El 29 de mayo de 1453, las tropas otomanas al mando del sultán Mehmet II conquistaron Constantinopla. Este hecho y esta fecha marcan el final de la Edad Media. A partir de entonces la ciudad dejaría de ser cristiana para transformarse en musulmana y el imperio otomano también la convertiría en su capital.

Curiosamente la capital de la actual Turquía donde se asienta es la ciudad de Ankara, mientras que Estambul se alza como un referente cultural y turístico que cada año atrae a alrededor de 13 millones de visitantes internacionales.

Con sus vestigios romanos, su arte bizantino y su influjo otomano, ofrece al viajero todo un mundo que explorar.

“Quienes visiten Estambul por primera vez no pueden dejar de ir al Palacio Topkapi, residencia de sultanes y epicentro del imperio otomano; a Santa Sofía, que alberga impresionantes ejemplos de arte bizantino; ni al Museo de Kariye (Iglesia de Chora), otro monumento bizantino famoso por sus soberbios frescos”, recomiendan desde la Oficina de Turismo de Turquía en Madrid. Asimismo, aconsejan visitar el Museo Arqueológico, la Mezquita Azul, la Basílica Cisterna, el Gran Bazar, con sus más de 4000 tiendas, y el Bazar de las Especias.

Entrada al Palacio de Topkapi

TOPKAPI Y LAS MEZQUITAS

El palacio de Topkapi es uno de los principales atractivos turísticos de esta gran urbe. Ha sido residencia de sultanes durante casi 400 años, desde que Mehmet II construyó allí el primer palacio tras conquistar la ciudad y hasta bien entrado el siglo XIX.

El complejo consta de cuatro grandes patios alrededor de los cuales se distribuyen las cocinas, salas de audiencias y el resto de estancias.

Una de las zonas más reseñables es el harén, donde se encontraban los aposentos privados de la familia real. Allí vivían el sultán, su madre, sus esposas, sus concubinas y sus hijos, en un inmenso laberinto de pasillos, patios y habitaciones ricamente decoradas.

Muy cerca del palacio de Topkapi se alza la majestuosa Santa Sofía, la iglesia de la divina sabiduría, (llamada Sancta Sophia en latín, Hagia Sophia en griego y Aya Sofya en turco).

Se construyó en el siglo VI d.C. y durante cientos de años estuvo considerada como la mayor de toda la cristiandad.

Tras la conquista de la ciudad en 1453 fue convertida en mezquita. Hoy ya no es un lugar de culto sino un museo que cada día visitan miles de personas. En su interior impresionan la gran nave central y sus magníficos mosaicos.

Una de las salas interiores del Palacio de Topkapi

Frente a Santa Sofía encontramos otro imponente coloso, la Mezquita Azul, llamada así por el color de los azulejos que recubren sus muros interiores.

A su lado se extiende una gran explanada adoquinada en el lugar en el que un día estuvo el hipódromo construido por los romanos, donde se llevaban a cabo las carreras de carros.

En su centro se conserva parte de la columna serpentina, erigida para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en la batalla de Platea y que el emperador Constantino hizo llevar allí desde la ciudad griega de Delfos.

Junto a ella resiste el paso del tiempo un obelisco egipcio de más de 3.000 años de antigüedad.

En las inmediaciones también se halla la Basílica Cisterna, un enorme depósito de agua que data del año 532 d. C., sustentado por un bosque de columnas y arcos.

Dos de sus 336 columnas se levantan sobre dos bloques tallados con la forma de la cabeza de Medusa, el ser mitológico con cuerpo de mujer y serpientes por cabellos que convertía en piedra a quienes se atrevieran a mirarla directamente.

MOSAICOS Y FRESCOS

Para visitar la Iglesia de Chora es necesario alejarse de la zona de Sultanahmet (donde se halla Santa Sofía) pero el trayecto hasta este monumento es una oportunidad para contemplar las murallas de la antigua Constantinopla, ya que la Iglesia de Chora se encuentra muy cerca de la Puerta de Adrianópolis, una de las entradas al recinto amurallado.

La Iglesia de San Salvador de Chora, hoy convertida en museo, es un magnífico ejemplo de arte bizantino, con mosaicos y frescos que representan a Jesucristo, a la Virgen María, a diversos santos y a distintos personajes de la Biblia.

Mosaicos en el interior de Santa Sofía

A medio camino entre Santa Sofía y San Salvador de Chora encontramos la Mezquita de Solimán, construida en el siglo XVI por Solimán el Magnífico, el más poderoso de los sultanes otomanos.

El cementerio que hay junto a la mezquita alberga las tumbas de Solimán y de su esposa. Además, es muy recomendable aprovechar la visita a este lugar para contemplar las impresionantes vistas del Cuerno de Oro desde la parte posterior de la mezquita.

Un paseo de unos 10 minutos separa la Mezquita de Solimán del Gran Bazar, una de las paradas imprescindibles para cualquier viajero que llegue a Estambul.

Interior de la Mezquita de Solimán

Entre sus más de 4.000 tiendas se pueden encontrar joyas de oro, alfombras, lámparas, prendas de piel, pañuelos, cerámica y todo tipo de recuerdos de Turquía. Es el lugar ideal para poner en práctica el arte del regateo.

Otro mercado emblemático de Estambul es el Bazar de las Especias, donde es obligado sumergirse en un exótico ambiente de aromas y colores.

Desde allí, el visitante puede encaminarse al cercano Cuerno de Oro y cruzarlo dando un paseo sobre el Puente Gálata, desde el que se afanan numerosos pescadores.

Torre Gálata

Caminando un poco más, llegará a la Torre Gálata, cuyo mirador ofrece una de las mejores vistas de la ciudad turca.

Aunque ya haya recorrido los lugares más emblemáticos de la ciudad, ningún viajero debería marcharse sin haber tomado un verdadero baño turco.

“Se empieza por entrar en la cabina, desvestirse y ponerse el pestemal o pareo. Luego, hay que pasar a la sala de vapor, donde también se puede disfrutar de un masaje con exfoliación. La experiencia termina degustando una bebida”, detallan desde la Oficina de Turismo de Turquía.

“Existen muchos baños repartidos por la ciudad. Los más clásicos son Çağaloğlu Hamamı, Çemberlitaş Hamamı, Galatasaray Hamamı y Süleymaniye Hamamı”, añaden.

Asimismo, señalan que la estancia en Estambul “no será perfecta sin la tradicional e inolvidable excursión en barco por el Bósforo, el estrecho que separa Europa y Asia”. Por Purificación León. Reportaje: Agencia EFE Imágenes: EFE/Purificación León

¡Ni te imaginas lo que aparece en estas ligas!

HAZ CLICK EN: http://www.revistaQ.mx/

VIDEOS EN: https://www.youtube.com/user/QMexicoTV

PINTEREST: https://www.pinterest.com.mx/espectaculosrevistaq

TWITTER: https://twitter.com/QQueMexico

FACEBOOK: https://www.facebook.com/RevistaQQueMexico/

INSTAGRAM: https://www.instagram.com/larevistaq/

Compartir esto:

Comentarios

Comentarios