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Patagonia se nos antoja lejos y lo está. Pero la lejanía se nos sugiere más por ser un territorio poco habitado en los confines de un continente que va a concluir en, lo que popularmente se conoce, como el Fin de Mundo. Abrir sus puertas y adentrarse por ahí tiene su magia, historia y aventura.

Entramos de lleno en la Patagonia llegando a península Valdés donde, por instinto natural fueron buscando refugio distintas especies. El tesoro de animales de Valdés es el resultado de la colisión de dos corrientes oceánicas, aguas ricas en nutrientes que crean el hábitat natural de las ballenas.

Puerto Pirámides, contemplando la ballena franca austral.

Ballena franca austral. Foto. Eugenia Malea.

La península está flanqueada por dos bahías, el golfo de San José al norte y el Golfo Nuevo al sur, que suponen un hábitat natural para la reproducción de la ballena franca austral, lobos y elefantes marinos y gran diversidad de aves.

En el istmo Carlos Ameghino que une la península al continente, y punto más alto de la zona, han establecido un centro de Interpretación y museo en el que se detalla el ciclo biológico de las especies que abundan en la zona.

Ya en la península llegamos a Puerto Pirámides, donde excursiones organizadas llevan al visitante a ver las ballenas que han buscado refugio en sus aguas. La ballena franca austral tiene un ciclo que, aunque su vida transcurre en el hemisferio Sur, cerca del Polo, durante el invierno acuden a aguas cálidas para aparearse y dónde regresan para tener a sus crías. También se pueden ver lobos marinos y, acercándonos a Caleta Valdés, elefantes marinos con su harén.

Imagen del glaciar Perito Moreno. Foto: Eugenia Malea.

Un poco más al sur de Península Valdés está el Área Protegida Marina de Punta Tombo, una reserva de fauna donde se ubica una de las principales y más numerosas colonias continentales de pingüinos de Magallanes.

Loberías del sur, fiordos y glaciares en el hemisferio austral.

Cruzando el continente de derecha a izquierda pasando por el espectacular San Carlos de Bariloche y atravesando los Andes, se llega a la frontera para alcanzar las localidades chilenas de Puerto Montt y Balmaceda con destino a Loberías del Sur.

La región de Aysén fue durante mucho tiempo un enclave de loberías, refugios de lobos marinos que iban a aparearse y a reproducirse, pero la creación a mediados del siglo pasado de salmoneras, que se han convertido en el motor económico de la región, los ha desplazado.

Torres del Paine y cataratas del río Paine. Foto Eugenia Malea.

La compañía chilena Naviera Detroit S.A. cuyo campo de actividad tenía su núcleo en los astilleros en Puerto Montt, diversificó su actividad erigiéndose como promotora del turismo de la región al establecer el hotel Loberías del Sur en la localidad de Chacabuco desde el que acceder a los distintos atractivos de la región.

La excursión estrella es, sin duda, la visita a la laguna San Rafael, una laguna salobre formada por agua marina del fiordo en la que se vierte agua dulce procedente de un glaciar que se forma en el monte San Valentín.

La otra gran excursión, de las muchas que propone Loberías del Sur, son las Capillas de Mármol, unas formaciones rocosas de carbonato de calcio que, con los años, han sido erosionadas por las aguas del Lago General Carrera, creando unos islotes llenos de túneles y cuevas, que forman caprichosas figuras.

Navegando entre témpanos y glaciares.

Iceberg en el Lago Argentino. Foto Eugenia Malea.

Volviendo nuevamente hacia Argentina bordeamos el Lago General Carrera para visitar los dos lugares más emblemáticos de la zona: la ciudad de El Chaltén, paraíso de montañeros y amantes del “trekking” y El Calafate, punto de partida para visitar el Parque Nacional de los Glaciares.

La localidad de El Chaltén, junto al lago Viedma, es la capital nacional del senderismo con innumerables rutas y senderos que recorrer, como el que llega al Mirador de los Cóndores, al Mirador de las Águilas, el sendero de la Laguna Capri, el del Chorrillo del Salto, el de la Laguna Torre, Mirador del Torre, Piedra del Fraile,… sin olvidar que El Chaltén se encuentra a los pies de la mítica montaña del Fitz Roy, reto continuo para los alpinistas, pues aunque no es tan alta como otras cumbres andinas, la climatología es tan adversa que la dificultad de su escalada se multiplica exponencialmente.

El Calafate es el punto de partida para visitar el Perito Moreno, que no es el glaciar más grande ni quizá el más espectacular, pero sí es el más accesible y eso le abre las puertas al mundo.

Capillas de mármol (Chile). Foto. Patricia Rudilla.

Se trata de una gruesa masa de hielo situada en el Parque Nacional de los Glaciares que, en su descenso, llega hasta el Lago Argentino, el más grande de los lagos patagónicos de Argentina y el más austral del territorio continental, aflorando sobre el agua con una altura de 60 metros.

Debido a su continuo avance forma un estancamiento del agua del Lago Rico y la presión que ejerce esta masa líquida produce filtraciones que crean un túnel hasta horadar la pared de hielo que, de vez en cuando, se derrumba produciendo un inusual espectáculo natural.
Llegar el día que se cae o no, no está en el programa de nadie. Para ver en profundidad el Perito Moreno y disfrutar de todas sus posibilidades hay que recurrir a alguna de las empresas especializadas como Hielo y Aventura que ofrece varias excursiones para visitar el Glaciar con distintos niveles de dificultad.

El Perito está en el lado sur del Lago Argentino, pero los grandes glaciares se encuentran en el brazo norte y no es posible verlos si no es navegando por sus aguas. La empresa Solo Patagonia lidera la navegación por la orilla norte del Lago Argentino y permite navegar entre témpanos atravesando la Boca del Infierno o Boca del Diablo, para dirigirse al glaciar Upsala, para continuar hasta el glaciar Spegazzini, situado en la Bahía de los Glaciares, que tiene al Glaciar Seco, al Glaciar Heim Sur y al Glaciar Peineta, subsidiaros que lo convierten en una maravilla natural, con una altura de su pared frontal de 135 metros.

San Carlos de Bariloche. Foto, Patricia Rudilla.

Torres del Paine y estrecho de Magallanes.

Acercándonos al final de la ruta volvemos a cruzar a Chile para llegar a Torres del Paine. Bajo esta denominación se identifica la cordillera del Paine y su famoso macizo que incluye los tres fascinantes picos graníticos que le dan nombre.

Decir que Torres del Paine es una de las áreas más asombrosas de Chile es, sin duda, quedarse corto. Este Parque Natural fue incorporado como reserva de la biosfera por la UNESCO en 1978 y seleccionado como la octava maravilla del mundo según un concurso realizado por el sitio Virtual Tourist en 2013.

Un circuito en forma de W nos va a ir conduciendo por los diferentes miradores desde los que disfrutar de uno de los entornos más privilegiados de toda la Patagonia, con rutas para todos los niveles de dificultad, pudiendo recorrer senderos, navegar lagos, hacer senderismo y, por supuesto, escalar si las condiciones físicas lo permiten.

Pingüino de Magallanes. Foto. Eugenia Malea.

No menos de tres días serían necesarios para darse una idea de la magnitud del Parque, pero una vuelta completa requeriría al menos diez. Sin olvidar que los cambios climatológicos pueden interrumpir la visita durante un tiempo indeterminado. Se dice que en Patagonia se viven las cuatro estaciones del año en un solo día.

Enfilamos ya la última etapa del viaje para llegar a la punta más punta del sur, a Punta Arenas, una ciudad cautiva; se trata de la gran metrópoli del sur, en el estrecho de Magallanes y punto de partida de todas las expediciones que se realizan hacia la Antártida, ya sean de tipo científico o meramente turístico.
Por Susana Ávila.
Fotos: Pilar Rudilla/Eugenia Malea.
EFE/REPORTAJES

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