Los vestigios de su pasado romano, su imponente catedral gótica y su apego al arte convierten a Colonia en una de las ciudades más atractivas de Alemania. Además, aquí nació el agua más famosa del mundo.

Al oeste de Alemania, en el Estado de Renania del Norte-Westfalia, se alza Colonia. Esta ajetreada ciudad se encuentra a unos 40 kilómetros de Düsseldorf, a unos 30 de Bonn, capital de la antigua República Federal de Alemania, a 210 de Bruselas y a unos 265 de Ámsterdam.

Nada más llegar, impresiona la imagen de la catedral, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Este templo, cuya construcción duró más de 600 años, llegó a ser el edificio más alto del mundo en 1880, cuando finalizaron los trabajos. Pero el récord no le duró mucho tiempo pues, cuatro años más tarde, el monumento a Washington, en Estados Unidos, superó su altura.

DE PEREGRINOS A TURISTAS.

En el lugar donde hoy está la catedral hubo una iglesia que fue consagrada en el año 870. En 1164, el arzobispo Rainald de Dassel trajo, supuestamente, las reliquias de los tres Reyes Magos desde Milán hasta esta iglesia, que se convirtió en un importante centro de peregrinación.

Así, en 1248 se decidió levantar una catedral en este enclave. El nuevo edificio no siguió los parámetros de la arquitectura románica alemana sino  del entonces moderno estilo gótico de las catedrales francesas.

En la actualidad, la catedral de Colonia sigue albergando los restos de los Reyes Magos. El propio relicario es una gran obra de orfebrería del siglo XIII, adornado con piedras preciosas y relieves que narran escenas bíblicas. Miles de personas continúan llegando para contemplarlo, aunque los peregrinos de antaño hoy son mayoritariamente turistas.

La catedral fue consagrada en 1322 y, a partir de esta fecha, la velocidad de las obras se aminoró, hasta que en 1560 se pararon del todo, si bien parte del templo se podía usar. No fue hasta 1842 cuando Federico Guillermo IV de Prusia puso la primera piedra de la continuación de la obra que concluyó, por fin, en 1880.

La catedral de Colonia continuó en pie pese a los bombardeos de la II Guerra Mundial, que arrasaron la ciudad casi por completo. De hecho, muchos de los edificios emblemáticos de Colonia han tenido que ser parcial o totalmente reconstruidos.

CIUDAD NATAL DE LA ESPOSA DE CLAUDIO.

Durante la contienda, mientras se excavaba en las inmediaciones de la catedral para construir un búnker, se produjo un hallazgo espectacular. Apareció un mosaico romano dedicado al dios Dioniso en un excelente estado de conservación. En ese mismo lugar, que un día albergó una rica villa romana, hoy se halla el Museo Romano-Germánico de Colonia.

En su interior se puede contemplar otro mosaico romano cuya decoración geométrica llama poderosamente la atención pues recuerda a la cruz gamada, figura que más tarde los nazis adoptarían como símbolo.

Asimismo, el museo alberga la imponente tumba del legionario Lucio Poblicio, gran cantidad de estatuas, columnas, aras funerarias, ánforas y una impresionante colección de objetos de cristal de la época romana.

Los orígenes de colonia se hallan en un campamento militar romano que albergaba a las legiones del Rin. Allí nació Agripina la Menor, que llegó a convertirse en esposa del emperador Claudio. Posteriormente, este asentamiento militar obtuvo el rango de ciudad romana bajo el nombre de Colonia Claudia Ara Agrippinensium.

Son muchos los vestigios de la época romana que quedan en Colonia, entre ellos están el pretorio y parte de la cloaca máxima. Además, la iglesia de Santa María del Capitolio está construida sobre los cimientos del templo romano dedicado a la triada capitolina, es decir, a los dioses Júpiter, Juno y Minerva.

Aparte de visitar la catedral, la iglesia de Santa María del Capitolio y recorrer las calles del casco antiguo, merece la pena “pasar por el puente Hohenzollern, al otro lado del Rin, para hacer una foto del templo desde allí”, aconseja Frank Bausback, miembro de la Oficina Nacional Alemana de Turismo. (http://www.germany.travel/es/index.html).

El puente Hohenzollern es el lugar elegido por muchas parejas para colgar sus candados del amor. Cientos de ellos adornan las barandillas de este puente ferroviario que sostiene el incesante ir y venir de paseantes y trenes sobre las aguas del Rin. Este puente, edificado a principios del siglo XX, tuvo que ser reconstruido tras la II Guerra Mundial.

Bausback también recomienda visitar “el Museo Wallraf-Richartz, que alberga una colección de bellas artes que va, desde la época medieval, hasta el siglo XX; el jardín botánico y el Museo Ludwing, uno de los espacios más importantes como referente del arte moderno. Contiene colecciones del expresionismo, de la vanguardia rusa y del pop art. Allí podemos ver obras de autores como Salvador Dalí, Picasso o René Magritte”, detalla.

PERFUME Y GASTRONOMÍA.

Otro museo característico es el del perfume, ubicado en la casa Farina. No en vano, en esta ciudad nació lo que hoy todos conocemos como agua de Colonia. En 1709, el perfumista italiano Giovanni María Farina se estableció en la ciudad y fundó la que actualmente es la fábrica de perfume más antigua del mundo.

Farina creó una fragancia que bautizó como agua de Colonia, en honor a su ciudad adoptiva. A lo largo de sus más de tres siglos de historia, este aroma ha tenido un gran éxito, tanto que entre la lista de clientes de Farina hay personajes como Voltaire, Mozart, el zar Alejandro II, Oscar Wilde o la princesa Diana. Hoy, la octava generación de la familia Farina sigue produciendo este perfume original.

Los visitantes que lleguen a esta urbe alemana tampoco pueden perderse el Museo del Chocolate, “con más de 2.000 artículos expuestos, donde pueden hacer un viaje a través de la historia del chocolate”, apunta Bausback.

Además de chocolate, la gastronomía de Colonia tiene platos deliciosos. Uno de los más tradicionales es el “hämmchen, que es codillo cocido, con chucrut y patatas”, explica.

Otros platos típicos son el “rievkooche, unas tortitas de patata rallada y frita con cebolla y sal, y el rheinischer sauerbraten, un adobo de carne de caballo acompañado por un guiso agridulce”, comenta.

Pero el producto más popular de la ciudad es la cerveza Kölsh, “típica de Colonia, que contrasta y compite con la cerveza ALT de Düsseldorf”, subraya.

Cualquier época del año es buena para visitar Colonia, pero hay ciertos momentos que se viven con especial intensidad en la ciudad. Frank Bausback recomienda ir durante la semana del carnaval pues “Colonia es uno de los centros de las festividades del carnaval en Alemania”, subraya.

Entre finales de noviembre y finales de diciembre también es un gran momento para viajar a Colonia, “que cuenta con varios mercados navideños en las principales plazas de la ciudad”, señala.

En ellos, además de adquirir adornos propios de esas fechas, se puede degustar un buen número de productos como las spekulatius, galletas típicas de Navidad, o el tradicional vino caliente especiado.

De igual modo, Bausback recomienda ir acercarse a esta ciudad en primavera para ver “los árboles en flor, pasear por la orilla del Rin y descubrir las zonas verdes de la ciudad”; así como durante el verano para “disfrutar de las terrazas y de los festivales”. Reportaje e imágenes: Efe

Por: Purificación León.

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